Vivir la imagen


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Un nuevo libro de fotografía acaba de aparecer en el panorama editorial del país. Bajo el título Fidel es un país, con imágenes de la autoría de Jorge Valiente y el texto acompañante de la periodista Sahily Tabares, el volumen, editado por la Casa Editora Verde Olivo, tiene como centro temático una zona de la iconografía de Fidel Castro. Fue presentado en la recién concluida Feria Internacional del Libro.

Dividido en nueve capítulos, correspondientes a diversas facetas de la actividad del dirigente cubano, y con un prólogo del reconocido intelectual Pedro Pablo Rodríguez, el libro, de formato apaisado y sobrio diseño, recoge numerosos instantes de la intensa vida política del líder de la Revolución.

La obra fotográfica de Valiente es bien reconocida en el gremio de los fotorreporteros cubanos, pues ha dedicado su vida (cinco décadas de trabajo) y talento a la imagen y al periodismo gráfico. Sus trabajos sobre el Ballet Nacional de Cuba y Alicia Alonso son de una calidad considerable. De formación básicamente autodidacta (estudió un curso por correspondencia en el Instituto de Fotografía de Nueva York), trabajó durante décadas en los periódicos Revolución y Granma (de este fue fundador), ha impartido clases y talleres en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana y en la Universidad Autónoma de República Dominicana. Posee otros títulos publicados con diferentes aspectos de su obra. Valiente es de los fotógrafos que se dieron a conocer a finales de los años sesenta y se hicieron notables en la década siguiente. A su vez, Sahily Tabares, compañera en la vida y el trabajo de Valiente, acompaña eficazmente con sus textos las imágenes del libro. La curtida periodista, especializada en temas culturales (en particular en la revista Bohemia) y especialmente de temáticas referentes a la televisión y el cine, ahora académica (pues se doctoró recientemente), produce con sus palabras la necesaria articulación entre el signo y la letra.

Valiente registra en el libro las intensas actividades del Fidel mandatario, su relación con las personas sencillas del pueblo, sus actividades en las esferas científicas, culturales y agropecuarias, la atención a visitantes extranjeros (Brezhnev, Allende, Chávez, etc.), los gestos característicos de su personalidad y otros tópicos de interés visual. En importante apreciar en el libro los encuadres y los ángulos desde donde registró el artista las imágenes, es su sello personal y lo que dota de interés particular a un libro de fotografía, es decir, el estilo del autor.

Es útil apuntar en esta reseña que la relación de Fidel Castro con la fotografía es de vieja data. Tan temprano como en 1955, en Nueva York, durante los aprestos de la revolución que se organizaba en el exilio, Fidel procuró los servicios del joven Osvaldo Salas, entonces viviendo de fotos de bodas, cumpleaños y deportivas en la ciudad norteña, para que documentase algunas de las reuniones y actos del Movimiento 26 de Julio. Después, ya en la Sierra Maestra, durante los primeros momentos de la lucha guerrillera, el fotógrafo español Enrique Meneses y el periodista norteamericano Herbert Matthews, tomaron las primeras imágenes del exiguo destacamento guerrillero que fue germen del futuro Ejército Rebelde. A partir de ese instante y con la creciente resonancia mediática de la revolución, la imagen del líder rebelde fue expandiéndose gradualmente a nivel internacional.  Se puede anotar al paso que la Revolución Cubana fue la más fotografiada de todas las revoluciones del siglo XX, sin duda alguna. La fotografía jugó un extraordinario papel de difusión y propaganda política, pero, es bueno decirlo de una vez, una fotografía de altísima calidad debida al talento de los fotorreporteros que la registraron para la posteridad.

Con el triunfo del 1ro de enero de 1959, los rostros de los barbudos victoriosos y los primeros actos de la naciente revolución, retratados por un grupo de talentosos fotorreporteros (Osvaldo y Roberto Salas, Alberto Díaz Korda, Raúl Corrales, Ernesto Fernández y Liborio Noval, entre otros), dieron la vuelta al mundo. Fue una verdadera explosión iconográfica a la que se denominó por la crítica la fotografía de la épica. La imagen de Fidel se asoció emblemáticamente a Cuba y a la revolución. El cruento enfrentamiento con los gobiernos de Estados Unidos, a partir de 1961,  propició que el mítico duelo entre David y Goliat se recreara en la geopolítica mundial de la década de los sesenta del pasado siglo.

Por otra parte, Fidel siempre concedió a la imagen fotográfica un papel protagónico en los medios y en las batallas ideológicas que desarrolló a lo largo de los años. El periódico Revolución y la revista INRA (luego Cuba Internacional) fueron, entre otras publicaciones de los inicios, pruebas fehacientes de esas pugnas de ideas e íconos. El mandatario consideró siempre como útiles los efectos políticos de su propia imagen para las luchas de los países del Sur del planeta, y también que, los años sesenta, con las batallas emancipatorias a nivel global, eran la fuente principal para que las imágenes de la Revolución Cubana germinaran y volaran a los cuatro puntos cardinales como signos a imitar.

Es natural que uno de los políticos más importantes y fotografiados del siglo XX se convirtiera en signo constante de una iconografía política perdurable. Ya a finales de la década de los sesenta, como prólogo a un libro de fotografías de Luc Chessex, fotógrafo suizo que vivió varios años en Cuba, el prologuista, un intelectual francés de reconocimiento, Michel Contat, apuntaba que el rostro de Fidel aparecía por todas partes en el país y que se podía considerar que era, inobjetable y naturalmente, el rostro de la Revolución.

De manera que la relación del líder cubano con la imagen fotográfica es antigua, sólida y reconocida. Una reunión de Fidel Castro con cuatro de estos fotógrafos de la épica, en 2000, es el mejor ejemplo de la entrañable relación del dirigente con la fotografía. Por espacio de varias horas, Fidel departió con los fotorreporteros (Raúl Corrales, Korda, Liborio Noval y Roberto Salas) y evocó momentos de fotos claves del proceso político cubano.  (1) Al final del encuentro Fidel ofreció una alta valoración del papel jugado por la fotografía cubana en la Revolución.

Súmase pues este volumen a los recientes libros de fotografía cubana, un género artístico que sigue creciendo y recibiendo, cada vez más, la atención de la crítica y de la academia. Enhorabuena para los autores.

NOTAS:

(1) Fragmentos de esa reunión fue publicada en el documental Korda Visión (The man who shot Che Guevara), 2007.


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