El futuro del turismo ante el advenimiento de una nueva época


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"Para Cuba, al igual que los destinos turísticos insulares del Caribe, los mercados turísticos de Europa, Estados Unidos y Canadá [...] estarán sujetos a varios factores post-pandemia que determinarán el largo camino hacia la recuperación turística ante el escenario de una nueva normalidad".

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Este artículo pertenece a la serie La Letra de Temas 2020. Postpandemia: ¿hacia dónde?

A raíz de haberse remontado el ápice de la Covid-19, Temas-Catalejo solicitó a un grupo de investigadores que examinaran el presente y la perspectiva para el resto del año cubano. Les pidió un diagnóstico elaborado, que escrutara a través de la propia pandemia, y en su significación no solo clínica, sino de salud pública, y en sus ramificaciones socioeconómicas, políticas, internacionales, subjetivas; así como hacia el futuro probable.

A diferencia de la nube de cifras, verdades recibidas, declaraciones, reportajes, que inundan los medios; de los deseos y recomendaciones dirigidas al gobierno y que pasan por análisis, tan abundantes en las redes; esta serie se orienta a calcular el presente y futuro del país, para verlo mejor, como un camino entre la política y su circunstancia.

Como es usual en Catalejo, La Letra de Temas 2020 se mantiene más abierta ante otros análisis que ante otras opiniones.


Un recuento necesario

La actividad turística, como sector económico, atraviesa por acontecimientos negativos sin precedentes desde la creación de la Organización Mundial del Turismo en 1975, superando con creces las secuelas que dejaron los atentados terroristas del once de septiembre de 2001 en Nueva York; la pandemia de SARS del 2003 y la H1N1 en 2009.

La evidencia demuestra, una vez más, que el turismo sigue siendo muy susceptible a las incertidumbres económicas, las grandes pandemias, los actos terroristas y las confrontaciones internacionales entre países que son principales protagonistas del turismo.

Varios factores han venido entorpeciendo la actividad de los viajes y el turismo en los últimos cinco años. La desaceleración del comercio internacional ha impuesto un indicador de cambio en el comportamiento de la economía mundial y consecuentemente del turismo. Es notable el enrarecimiento de las relaciones entre países y bloques regionales, como la guerra comercial de Estados Unidos con China; el aumento de los aranceles a la Unión Europea y mayores tensiones entre Estados Unidos y Rusia, enfrentados sistemáticamente en diferentes escenarios de conflicto a nivel global. Los efectos de estas políticas, favorables a la incertidumbre, han aumentado el malestar y las protestas de amplios sectores de la población mundial, que afectan significativamente al turismo mundial y a los operadores de viajes, principalmente europeos.

En este complejo escenario, la decisión del Reino Unido de abandonar el mercado común europeo (Brexit), representó impactos negativos a las empresas turísticas, en especial a las líneas aéreas y los grupos de intermediación turística; no solamente en el Reino Unido, sino en todos los países europeos, que son tradicionalmente principales emisores del turismo.

El colapso del principal touroperador europeo, Thomas Cook, provocó pérdidas irrecuperables en varias aerolíneas cancelando más de 8,3 millones de asientos de avión en el último trimestre de 2019; este escenario presagiaba una desaceleración del sector de viajes y turismo, aun cuando no se había declarado la nueva pandemia.

Ante la realidad de una nueva época, agravada por el SARS-Cov2 de inéditas consecuencias, hay que aceptar que muchas de las concepciones que sirvieron como paradigmas durante todos estos años, han entrado en cuestionamientos que obligan a un replanteamiento acorde con los nuevos tiempos, para poder enfrentar los retos y desafíos presentes y futuros. Resulta obvio que los cambios no ocurren con el paso del tiempo, sino más bien de lo que ocurre mientras el tiempo va pasando.

Estamos en el umbral de una transformación global que se caracteriza por la convergencia de diversos factores políticos, económicos y sociales; en los que las altas tecnologías digitales, físicas y biológicas, cambiarán el mundo y nuestra propia idea de lo que significa seguridad y estado de bienestar.

Los cambios para enfrentar una nueva época serán históricos en tamaño, velocidad y alcance; y las transformaciones que traerá no serán solo de un tipo particular de tecnologías emergentes, sino de una transición hacia nuevos sistemas y procesos construidos sobre la base de las infraestructuras digitales. Estas transformaciones alterarán aceleradamente el modo en que producimos, consumimos, nos comunicamos, nos movemos e interactuamos con los demás.

En este escenario global, las nuevas amenazas están relacionadas con las disrupciones que afectarán el mercado de trabajo, el futuro de las fuentes de empleo, la desigualdad en los ingresos, la seguridad geopolítica y la percepción de riesgo; incluso el sistema de valores sociales y el marco ético; lo que es cierto y lo que no lo es.

 

La irrupción de lo desconocido aumenta la percepción del miedo a viajar

Las consecuencias del miedo son muy diversas, pero una exposición repetida a los estímulos que causan miedo, puede provocar cambios duraderos en la conducta, los sentimientos y el funcionamiento psicofisiológico de las personas; privilegiando los estados de ansiedad, incertidumbre y angustia ante el futuro en los planes de vida; lo que también afecta profundamente en los viajes y el turismo.

El miedo tiene una influencia directa sobre los comportamientos de compra y se identifica con la percepción de los riesgos de viaje como uno de los factores disruptivos que más van a transformar el turismo en los próximos años. Y es que la “psicología del miedo” hace que las percepciones de riesgo permanezcan en el tiempo, modificando la confianza del consumidor y las pautas de viaje.

El clima de miedo generado por la pandemia SARS Co-V2 (Covid-19), exacerbado por  los medios de comunicación, las redes sociales y la gestión política desatinada en muchos países desarrollados del mundo, desdibujaron los límites perceptuales entre lo probable y lo posible.

Si bien por un lado, los mensajes oficiales se orientaron a llevar calma a la población, las constantes imágenes decían otra cosa. Se ha producido, lo que algunos expertos llaman proceso de ambigüedad (desestructuración) normativa. En este caso, si la resiliencia es la posibilidad de aprender de los errores frente a un estado de emergencia; esta pandemia, al convertirse en un evento mediático, ha representado el fin de la resiliencia. No se teme por lo que ya ha pasado, sino por lo que está por suceder; en algunos casos poniendo en duda la recuperación económica, los sistemas de salud, y los avances de la ciencia y la tecnología.

El discurso relacionado con esta pandemia no solo paralizó la vida social obligando a los ciudadanos a auto-recluirse por precaución, sino que además aceleró la paranoia y la dependencia visual respecto de lo que transmitían los medios y que se compartía en las redes sociales; dejando a un lado los acuciantes problemas relacionados con el cambio climático, el constante aumento de la deuda externa de los países en desarrollo, la exacerbación de las reglas del mercado, la desigualdad de oportunidades, las acciones terroristas, las políticas desacertadas, y otros males que traerán graves consecuencias en los tiempos por venir. En estas circunstancias, la solución a muchos problemas de hoy, serán la génesis de los problemas que habrá que enfrentar en el futuro.

 

El turismo mundial ante la crisis económica y el desempleo

En los últimos años, el sector turismo fue el mayor promotor en la generación de empleos en la economía mundial, con más de 127 millones de personas directamente empleadas en el alojamiento y la hostelería, según datos de la Organización Mundial del Turismo y la Organización Internacional del Trabajo.

Es evidente que nos encontramos ante un momento de cambio en el mundo del trabajo. El desarrollo tecnológico, los cambios demográficos, el imperativo medioambiental y climático, la globalización, las debilidades de los sistemas de salud en muchos países y las continuas desigualdades, afectan al futuro del trabajo.

Sorteando los obstáculos de la crisis económica, en un medio plazo el sector puede recuperar su papel como impulsor de crecimiento económico y de generador de empleo, en dependencia de la formulación e implementación de nuevas políticas públicas y de las estructuras renovadas de las organizaciones empresariales del sector.

La penetración acelerada de las nuevas tecnologías en todas las etapas del viaje, la orientación constante al cliente, la creatividad y la innovación serán consideradas las competencias clave en el futuro del trabajo en el sector del turismo. En este sentido, para los responsables de las políticas públicas existe una clara necesidad de identificar, desde el propio mercado, cuáles son las nuevas funciones y empleos que se necesitan crear, que no coinciden con las competencias existentes.

Para las empresas hoteleras y de la intermediación turística, el desafío se enmarca en la adopción acelerada de las altas tecnologías y en la habilidad para adaptarse a las nuevas formas de trabajo, especialmente en las áreas relacionadas con la gestión laboral y la promoción de la autonomía en la toma de decisiones a los diferentes niveles.

Para los decisores públicos, la recuperación económica tendrá que evaluarse a partir de nuevos patrones que resulten realistas y coherentes con la percepción de la sociedad. Si se miden las cosas equivocadas, se tomarán decisiones absurdas pues una gran parte de las políticas públicas son diseñadas y evaluadas a partir de su aportación al crecimiento económico a partir del llamado Producto Interno Bruto, que deberá ajustar modificaciones en sus indicadores y en su conceptualización. En muchos casos se registran actividades ilegales si estas implican transacciones monetarias, como el comercio de drogas y armas; o dañinas para con el medio ambiente, como la minería, la sobreexplotación de recursos no renovables y la tala de árboles; mientras se pasan por alto muchas acciones generosas que no son transaccionales y que se materializan en el aumento de la calidad de vida o el estado de bienestar de la sociedad.

Habrá que estimar los placeres derivados de la relación fecunda y respetuosa con la naturaleza y el medio ambiente; valorar la atención a la salud, el bienestar y cuidado de los hogares; ponderar cientos de actividades, que no figuran en los mercados internacionales ni en las bolsas de valores, como la igualdad de género, el cuidado de los menores o los adultos mayores, el acceso a los sistemas de salud y la educación; entre otros que son el espejo de confianza de los pueblos.

Exige de una transformación global caracterizada por la convergencia de diversos factores políticos, económicos y sociales; en los que las altas tecnologías informáticas, físicas y biológicas, cambiarán el mundo y nuestra propia idea de lo que significa Solidaridad y Humanidad. En este aspecto, Cuba, en medio de sus vicisitudes y sus circunstancias ha demostrado, que hay que poner al ser humano en el centro de la «cadena de valor».

 

Un turismo inclusivo ante la evolución de la población mundial

La evolución demográfica mundial se caracteriza por el aumento de la población juvenil en algunas regiones del mundo y el envejecimiento de la población en otras, que pueden ejercer presión sobre los mercados de trabajo y los sistemas de salud y de seguridad social; pero estos cambios abren nuevas vías que brindan la posibilidad de contar con sociedades más activas, basadas en los cuidados, la seguridad y la inclusión. Resulta necesario aprovechar las oportunidades que brindan estas transformaciones profundas para mantener un crecimiento económico sustentable, basado en un futuro más prometedor y conseguir seguridad económica, igualdad de oportunidades y justicia social; así como el reforzamiento del tejido social.

En estos últimos años, los términos economía del envejecimiento o envejecimiento de la población, han parecido transmitir la idea de decadencia de la civilización humana, cuando en realidad se trata de un triunfo y una muestra de éxito en los avances médicos, el control sobre las enfermedades y sobre la natalidad. Las personas adultas mayores de hoy, viven en un mundo de constante progreso tecnológico y económico, y los que han disfrutado de altos niveles de formación, educación, salud, cultura y tienen una visión más positiva del trabajo y la actividad laboral, integran un segmento previsible que en los próximos años, coadyuve en el crecimiento del índice de actividad económica, reduciendo los prejuicios con respecto al envejecimiento.

Como sector económico, el turismo se ve profundamente afectado por las actuales transformaciones sociales y tecnológicas que están moldeando los nuevos modelos de negocio, patrones de consumo, cambios en la cadena de valor del turismo y en las dinámicas de oferta y demanda. Bajo estas percepciones el binomio turismo-salud, bajo un concepto realmente novedoso, ocupará un espacio cimero en los modelos de negocio, representando una oportunidad en la que se insertarán destinos turísticos seguros; que como Cuba, se han destacado internacionalmente por su Sistema de Salud y atenciones médicas.

 

Recuperar el Sector Aeronáutico, factor clave del crecimiento del Turismo Mundial

En los últimos años, la tasa de crecimiento del volumen de pasajeros en líneas aéreas llegó a superar a la tasa de crecimiento del número de turistas internacionales. Según los pronósticos que previeron los expertos, comenzando la década del 2020, el número de pasajeros en vuelos regulares presentaría un crecimiento del 5 por ciento; al tiempo que la Organización Mundial del Turismo consideraba alcanzar los 1 600 millones de turistas en el año de los Juegos Olímpicos en Tokio, la Expo de Dubai y el Beethoven 2020 en Alemania. El año 2019 había cerrado con 1 465 millones de turistas internacionales y la International Air Transport Association (IATA) anunciaba un crecimiento del 5,5 por ciento en el número de pasajeros.

Al iniciarse el siniestro año 2020, el número de aeronaves comerciales operando a escala global alcanzaba 29 mil aviones distribuidos en 297 compañías. Las tres principales aerolíneas estadounidenses agrupaban 1 600 equipos (American Airlines, United y Delta) mientras que las chinas (China Southern, China Eastern y Air China Group) contaban con unas 1 550 aeronaves. Los pronósticos indicaban que para la década del 2030, existirían 46 950 aeronaves comerciales en operación de las cuales 41 mil serían nuevas.

En medio de este idílico escenario, la irrupción de la pandemia de SARS Co-V2 ha indicado que el avión ha sido el factor clave de la propagación del contagio en todo el mundo. Las líneas aéreas y los grandes aeropuertos (hub) con grandes flujos de pasajeros, crearon caminos preferentes para la enfermedad convirtiéndose en dinámicos núcleos de contagio debido a la concentración de viajeros y dilatados tiempos de espera. Los países que cuentan con estas importantes terminales aéreas, nodos de las interconexiones globales, se convirtieron en epicentros para la trasmisión global de la pandemia.

La aviación ha sido el principal motor impulsor de la industria de los viajes y el turismo, pero en el actual escenario, la demora en su recuperación, podría convertirse en un factor muy negativo para la reanimación del turismo internacional. Es de confiar que, a corto plazo, las grandes aerolíneas reorganicen sus estructuras y su forma de operar; salgan de las enormes pérdidas y puedan obtener los créditos para financiar la nueva flota aérea. De esta forma y con las medidas que deberán tomarse en la infraestructura aeroportuaria será factible que la aviación continúe siendo el motor impulsor del turismo internacional y no frene su crecimiento.

 

El turismo internacional en Cuba, el impacto impredecible

En el año 2019 viajaron a Cuba 4 275 561 visitantes internacionales, para un decrecimiento de 9,3% en relación al año anterior. La implantación de nuevas restricciones y la suspensión de los Cruceros por parte del gobierno estadounidense, a partir de junio, propició la principal causa en el decrecimiento en las llegadas de visitantes del país vecino, con un decrecimiento del 49 por ciento, en relación con el año 2018.

No obstante, se apreció un incremento del turismo de estancia, con 10 203 turistas más que en 2018. A pesar de las constantes restricciones impuestas por la administración estadounidense, viajaron desde Estados Unidos 1 051 433 residentes en el territorio vecino, de ellos 552 895 cubanoamericanos y 498 538 estadounidenses.

Los 3,7 millones de turistas de estancia aportaron poco más de 19,3 turistas-día, para un ingreso turístico de 2 616,5 millones de CUC, cifra ligeramente superior al año 2018.

Transcurridas las primeras diez semanas de 2020, el país acumulaba en plena temporada alta 894 125 visitantes extranjeros, de estos 845 795 eran turistas de estancia representando 5,1 millones de turistas-día extranjeros, en distintas modalidades de alojamiento; 1,3 por ciento más que igual período del año 2019.

Al detectarse los primeros casos contagiados con el COVID-19, el once de marzo; el sector turístico cubano asumió desde el primer momento los protocolos de enfrentamiento a la enfermedad, concebidos por el Sistema de Salud para estas situaciones de emergencia.

Las instalaciones hoteleras cerraron sus operaciones comerciales, en la medida que unos 90 mil turistas extranjeros retornaban a sus respectivos países de residencia. De estos: 42 mil canadienses, 6 mil rusos, 5 mil estadounidenses, 4 mil franceses y 3 mil alemanes.

Ha sido tiempo de excepción para que los hoteles, con sus propios trabajadores, se empeñen en labores de mantenimiento, higienización y limpieza profunda de todos los locales; mientras que alojamientos menores e instalaciones de campismo se han convertido eventualmente en centros de aislamiento o cuarentena en los territorios y municipios, atendidos por sus propios trabajadores en compañía de profesionales de la salud.

Otras empresas turísticas asociadas a los servicios complementarios, como las dedicadas a la elaboración de alimentos y la transportación turística; se encuentran prestando sus servicios directamente vinculados a los centros hospitalarios y de atención a la población vulnerable, a lo largo y ancho del país. Se trata de una reorganización interna, en tiempo de pandemia, sin que esto represente abandonar la continuidad de los planes y proyectos estratégicos para el desarrollo turístico.

 

A manera de conclusiones

Para Cuba, al igual que los destinos turísticos insulares del Caribe, los mercados turísticos de Europa, Estados Unidos y Canadá; países que han mostrado las mayores tasas de contagios y fallecimientos por la pandemia; estarán sujetos a varios factores post-pandemia que determinarán el largo camino hacia la recuperación turística ante el escenario de una nueva normalidad.

Para Cuba y el resto del Caribe, la recuperación del turismo internacional dependerá de varios factores principales:

1. La intensidad de la crisis económica y el desempleo en los principales países emisores.

2. La recuperación del comercio internacional y de las cadenas de suministros, necesarios para garantizar la oferta a los turistas y el abastecimiento de los hoteles.

3. La recuperación del sector aeronáutico, tanto de las aeronaves como de los aeropuertos, una vez asumidas nuevas regulaciones y protocolos que garanticen la seguridad percibida por los viajeros.

4. Recobrar el clima de confianza del consumidor ante el miedo generado por la pandemia, para la realización de viajes a destinos de media y larga distancia.

5. La implementación acelerada de las altas tecnologías, el comercio electrónico y las plataformas digitales en los destinos y en los hoteles.

6. Adopción de nuevas funciones y procesos de operación hotelera en las áreas de gestión de las personas, reduciendo las relaciones y contactos interpersonales, y los grupos; en particular en las áreas de recepción (check-in y check-out), información y de alimentos y bebidas.

 

Ante la actual coyuntura, para el Caribe en su conjunto, los efectos del cambio climático y la temporada ciclónica que acaba de comenzar, representan factores disruptivos impredecibles que influirán en la recuperación de los flujos turísticos internacionales hacia nuestra región.


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