Este 3 de junio asistimos al 179 aniversario de un acontecimiento que no solo inauguró un nuevo capítulo de la esclavitud en la Isla, sino también un invaluable aporte a una identidad cultural cifrada en un sistema de signos patrimoniales a los que habremos de volver, una y otra vez, tras el fortalecimiento de nuestra memoria histórica: el primer cargamento de chinos contratados para la Real Junta de Fomento, Agricultura y Comercio de la Isla de Cuba.
Del arribo y aporte de los culíes a Regla ha dejado constancia el historiador Pedro Cosme Baños en su texto Los chinos en Regla,[1] mientras el Departamento de Información y Documentación de su Museo Municipal atesora un patrimonio documental en el que subyacen auténticas escenas de su vivencialidad; un conjunto de evidencias no solo de la explotación e incomprensiones a los que fueron sometidos, sino también de sus sueños, esperanzas y estrategias para insertarse en un universo cosmogónico que con creces difería de su milenaria cultura.
El expediente elaborado por el Ayuntamiento en 1851, en que consta la solicitud de Juan Neninger para construir un barracón de chinos para los que trabajan en los almacenes de Santa Catalina, es exponente de ese patrimonio documental. Su papelería revela los improperios e injustos epítetos atribuidos por el párroco Gregorio Escudero a los chinos en aras de evitar la materialización del proyecto de Neninger. Al margen de su labor pastoral, el mediador entre los hombres y el Dios de la cultura occidental, tacha a los culíes de personas perjudiciales al bien público, a las buenas costumbres y propensas a enfermedades infectocontagiosas por una vida inescrupulosa e inmoral, juicios que, emitidos desde la alta representación del decoro de entonces, habilitan la marginalidad de los chinos en el tejido social no solo de Regla, sino también del contexto cubano en general.
Paralelo a ello, a modo de respuesta, acompañan a dicha documentación las huellas de solidaridad y colaboración entre los chinos, estrategia cuyas raíces se remontan a siglos de experiencia en el continente asiático y, apenas unos años después, los culíes sientan pautas de resistencia y autonomía en la historia de Regla, entre las que se destacan: en 1858, el ejercicio de la medicina por Juan Domínguez, y en 1865, el interés de Agustín Lapiedra por establecer una casa de salud en la loma del Recreo; en 1867, la creación de una cofradía y culto religioso asiático con sede en la calle Santa Rosa no. 135, integrada por 200 chinos de condición libre y contratada y; en 1868, la inscripción del primer grupo de chinos en el Registro de Industria del Ayuntamiento de Regla. Se enfatiza, en 1857, tras una década de ausencia de un recinto donde darles sepultura, la autorización para situar sus restos en el Cementerio Municipal, tras un legado de dos sitios de enterramiento: en la ensenada Guasabacoa, con data entre 1847 y 1856, y en las inmediaciones del Hospitalillo de los colonos chinos, en la loma de los Cocos, entre 1850 y 1867, espacios a los que se deben asistir en condición ceremonial.
En el caso de La Habana, interesantes referencias de su representación debemos a las crónicas escritas e ilustradas por Samuel Hazard (Filadelfia, 1834 - Germantown, 1876) durante su visita a la capital de la Isla en los años 60 del siglo XIX, publicadas bajo el título Cuba with pen and pencil en 1871, en Nueva York y Hartford y, en 1893, en Londres. La edición cubana corresponde a la Casa editora Cultural, dirigida por Fernando Ortiz, en 1928.[2]
En su obra acentúa Hazard, en primer lugar, la laboriosidad de los chinos y, de manera indirecta, las ligaduras con su legado cultural. El escenario lo constituye la fábrica de tabacos y cigarros “La Honradez” y para enunciar los temas utiliza los términos: “Los operarios chinos”, “Su maravillosa habilidad” y “Aspecto curioso que ofrecen”. Evidencia el viajero la competitividad que poseen los chinos para insertarse económicamente en Cuba, mientras al visitar sus dormitorios destaca: “pueden verse los más curiosos objetos de la vida y costumbres chinas: instrumentos musicales de varias clases, tableros para juegos (a los que son muy aficionados), etc.”.
En segundo lugar, muestra en “Chinos vendedores de cacharros”, la perseverancia de los chinos en el “progreso” y su destreza en el manejo de piezas cerámicas. Desde la otredad, parte del pregón utilizado por el vendedor ambulante, representado por el “peculiar repiqueteo” que tiene por origen las hábiles “manos de un peripatético chino, que convierte la calle en mercado de sus objetos de loza”. En busca de una comprensión de lo observado, comenta el anhelo del chino en la colocación de un establecimiento comercial y la puesta en valor de su experiencia en el manejo y traslado de grandes cargas de un lugar a otro, como el uso de “un largo palo· sobre sus hombros, de cuyos extremos penden dos grandes y redondos cestos”, imagen que acompaña con el uso de “anchos y ligeros pantalones, una especie de blusa azul, tocada la cabeza con un sombrero de yarey y ,calzados los pies en zapatillas sin cordones ni tacones” y, como cierre, la producción de “un vivo, continuo [y] alegre ruido”, sin riesgo alguno “de que éste rompa los platillos en su constante ajetreo, pues esa gente goza justa fama de tener las manos ligeras”.
El tercer momento, y quizás el más interesante en este trabajo, toma por escenario el “Paradero de Marianao” en La Habana, y en ella la representación del chino resulta audaz, en tanto sus cimientos pertenecen al universo cualitativo. Informado el lector de las adaptaciones sufridas por los coches del ferrocarril al tropical clima de Cuba, comenta Hazard: “La manera como dan salida al tren es ridículamente curiosa: no con los vivos y rápidos sones de una gran campana y el perentorio «señores viajeros al tren», del conductor; sino por medio de un chino medio cubanizado, con blusa azul y zapatillas, que camina arriba y abajo del andén sonando una campanilla, como si estuviera vendiendo baratijas y no anunciando la salida del tren”. Un análisis e interpretación del texto obvia el pintoresquismo propio de las crónicas de viajeros, perspectiva desde la cual la frase “ridículamente curiosa”, connota el descubrimiento de lo diferente, lo particular, lo típico; mientras el chino “medio cubanizado”, subraya la integración del extranjero a un nuevo espacio, incluso, bajo un término popular del mestizaje cultural.

No es posible abordar el posicionamiento de la Comunidad China en la sociedad cubana al margen de la experiencia vivida por el culí entre junio de 1847 y finales del siglo XIX. En la interacción del chino con el español, el africano (ya ni tan clara ni tan pura como etnia) y el cubano (cuya identidad está en permanente formación), se forja el ser chino-cubano o, el “chino cubanizado”, al que alude Hazard en sus crónicas. En ese proceso de dar y recibir, enriquece el inmigrante chino su cultura y, al mismo tiempo, concientiza sus derechos, deberes y obligaciones como grupo social.
El sistema institucional del Barrio Chino de La Habana, será su máxima representación en la Isla, entendido no como espacio configurado en base a elementos cuantitativos desde políticas hegemónicas, sino como expresión de la inserción de la comunidad cultural china en el concierto etnográfico cubano, “con una imagen urbana que sus integrantes e instituciones legitimaron desde dos perspectivas: primero, como estrategia de resistencia ante las barreras culturales a través de la cooperación y protección entre paisanos; luego, a partir de la connotación alcanzada con la puesta en valor de su patrimonio en las coordenadas de la comercialización y el turismo”.[3]
Para el análisis del discurso social de la comunidad china que valida su posicionamiento en la sociedad cubana se utiliza como espacio de recepción la revista Fraternidad, órgano oficial de la Sección de Beneficencia de la Asociación de Dependientes Chinos del Giro de Víveres, constituida en la Ciudad de la Habana, el 15 de septiembre de 1934. Fraternidad sale a la luz con frecuencia mensual a partir de noviembre bajo la dirección de Leonardo Lelyen y la administración de Felipe Yong. La sede de la dirección y administración hasta enero de 1937 radicó en Dragones no. 39C (altos), pues a partir de febrero se traslada a Salud no. 45 altos, que en agosto de 1938 registra su número moderno, Salud no. 165 (altos). Cierra en junio de 1951, con una producción de 198 números, legando un patrimonio documental que gestiona la hemeroteca de la Biblioteca Nacional de Cuba “José Martí”, en La Habana.
Desde una perspectiva patrimonial, se ponen aquí en valor los textos publicados en Fraternidad, redoblando aquellas voces (de la comunidad o no) que contribuyeron a la comprensión de un accionar en aras de “estrechar más y más los lazos de la inmensa Colonia China con la Colonia española y la sociedad cubana”.[4]
Distingue al posicionamiento de la Comunidad China en el segundo lustro de la década del 30 del pasado siglo, la colaboración con comunidades (extranjeras o no) de mayor arraigo en Cuba, al tiempo que Fraternidad expondrá, desde perspectivas históricas y culturales el legado que otorga fortalezas a la comunidad china en Cuba. De acuerdo a la teoría social de la identidad Margarita Barretto indica que al proceso de identificación social precede la categorización social y la comparación: “Hay dos razones por las cuales los individuos se identifican con un grupo, o porque ese grupo puede darles estatus o porque son tan desfavorecidos socialmente que la identificación con el grupo puede darles fuerza”.[5]
De los orígenes de la Comunidad China en Cuba, el Dr. Juan Antiga, ilustre médico, recuerda en Fraternidad a los culíes:
Aquellos hombres útiles, trabajadores infatigables, prestaron enorme servicio a las haciendas, desmontando los bosques vírgenes por un sueldo de $4.00 al mes y 14 horas diarias de trabajo, a las órdenes de Mayorales crueles e inhumanos. Sin embargo, el chino se adaptó rápidamente al nuevo país. Se asoció a sus compatriotas para obtener su independencia económica. Pagó su tributo de sangre en defensa de la libertad de Cuba y con la superioridad de su inteligencia, su alto sentido de la responsabilidad, la infinita paciencia de la raza y el concepto de la ayuda mutua y la cooperación, logró emanciparse, adquiriendo fortuna, posición y el respeto y la estimación de sus coterráneos, arraigando sus sentimientos de confraternidad y sus intereses, en beneficio de su nueva Patria, se unió a la mujer cubana, formando hogares dignos y felices y creando un mestizaje que se ha distinguido en todas las épocas por su clara mentalidad, su fina perspicacia y la suma de actividades premiadas con el éxito en el campo de la industria y el comercio, superando a otras colonias extranjeras, quizás mejor preparadas o favorecidas, pero las que no han podido rivalizarlos en su afecto para Cuba, en la honradez y fidelidad de su conducta intachable, en la mutua protección de sus conciudadanos, en el amor a la familia y en el cuidado de la amistad, en el respeto en la tolerancia hacia todos los errores humanos.[6]
No es posible en este espacio hacer una reflexión crítica a los textos publicados, pero es necesario acotar que, si bien se atribuye a los orígenes de la Comunidad el arribo de los chinos como fuerza laboral, varias fueron las oleadas y las circunstancias que acompañaron su entrada a la Isla como el caso de los llamados chinos californianos, procedentes de Estados Unidos, a finales del XIX, de mayor preparación profesional y económica. Desde el punto de vista social, Fraternidad incluye en el concepto de Comunidad China, la totalidad de chinos y descendientes no solo en La Habana, sino en todo el territorio cubano. En el primer aniversario de Fraternidad, subraya Antiga:
Pocas publicaciones merecen los aplausos y estímulos que ésta, por ser la única original, que lleva al público las vibraciones de los sentimientos de la colonia china, expresados a través de una de las Sociedades más útiles y de mayor extensión práctica y utilitaria en nuestro país. // Es, pues, una obra de justicia y de legitima complacencia, por las simpatías que despiertan estos periodistas chinos, estimularles en su hermosa obra de difusión cultural ya que tan notables servicios prestan en su noble esfuerzo de propaganda, armonizando a la vez, con los ideales morales y sociales que sustentan los lazos de unión y de mutua simpatía entre los ciudadanos de nuestra República y los laboriosos hijos de la gran República Asiática.[7]
Es política de la Asociación de Dependientes Chinos del Giro de Víveres fomentar la inserción en ella de las comunidades existentes en los diferentes territorios, demandando de sus representantes materiales a publicar en Fraternidad. Se suma a ello la sección “Socios de Mérito”, donde se presentan aquellos miembros que destacan como delegados o asociados, hecho que convierte sus páginas en fuente de información para el estudio de esas comunidades. El ejemplar de noviembre de 1935, Número Extraordinario, por citar un ejemplo, presenta por Pinar del Río a Santiago Yong León; en Las Villas a Ernesto Cuan, y distinguiendo a Santa Clara, a Fernando Paz Hung, Manuel Chikoc, José Tam y Evelio Ley; en Sancti Spíritus, Alfonso Joo; en Ciego de Ávila, a Francisco G. Zayas y en Morón a Raúl Wong. Del Oriente cubano, en Bayamo, Eduardo Cuan y, en Palma Soriano, a Joaquín Gam, delegado y presidente de la Colonia China en ese lugar.[8] Un resumen de lo acontecido en el mes de septiembre destaca:
Septiembre de 1935 // Cúmplase en este mes un año de vida de la Asociación de Dependientes Chinos suman millares las felicitaciones recibidas, y con motivo de la llegada a Cuba del nuevo Ministro de China, vienen a la capital todos nuestros delegados en representación de la Colonia. Una importante Industria, “La Tropical”, aprovecha esta oportunidad, y ofrece un homenaje de simpatía a todos los delegados chinos, que se celebra en el Salón “Mamoncillo”.[9]
Para las citas nacionales reúne la Asociación a los más importantes diarios de la época entre las que se encuentran Bohemia, Diario de la Marina, El Mundo y Avance, así como a los directores de los diarios chinos que se publican en la capital y al profesor Genaro Mark, de la Academia China en Cuba.[10]
Al mismo tiempo, siguiendo la tradición del periodo anterior, se dignifica Fraternidad con la participación del personal diplomático chino en Cuba. En este sentido, socializa en sus páginas la felicitación ofrecida por su Excelencia, el Ministro Plenipotenciario de China en Cuba, Chang Wei Jung, a la Asociación y a Fraternidad por su primer aniversario, en noviembre de 1935; y en Mientras en el no. 16, de marzo de 1936, le presenta como colaborador de la revista:

Fraternidad se honra hoy con la importantísima colaboración de uno de los más preclaros jóvenes de la diplomacia. Comienza en el presente número a colaborar el Sr. Ministro de China en Cuba, su excelencia “Chang Wei Jung”, lo que constituye un legítimo orgullo para las páginas siempre amenas de esta Revista y un éxito más para la organización de Dependientes y Comerciantes Chinos, que halla eco en las más prestigiosas y elevadas personalidades nacionales e internacionales, prestando su decidido apoyo y sus amplios conocimientos literarios al prestigio y realce de su valor, considerándose actualmente entre las primeras publicaciones de la prensa nacional.[11]
¿Se debe a dicha colaboración la iniciativa de convertir las portadas de Fraternidad en un catálogo fotográfico de los impresionantes paisajes naturales de China? A partir del referido número se presenta a los lectores una imagen a las que acompaña la siguiente nota: “Bella perspectiva de un encantador paisaje Oriental. Pinos y nubes. Vista de los montes de Tai Pei”; el no. 18, “Hermosa vista de la montaña “Nam Shan”, situada en la Provincia Anhwei, China”; no. 19, “Curiosa perspectiva de las cataratas de “Huang Kwo Shu”, Prov. de Kweicheu (Una de las caídas de agua más grande del Mundo)”, precisando además que se trataba de una cortesía del Sr, Ministro de China en Cuba, General Chang Wei Jung; no. 21, “Importante aspecto parcial de la “Gran Muralla China”, una de las más grandes maravillas del Mundo Antiguo, construida por las manos del hombre para resguardar la Ciudad de las invasiones extrañas”; no. 22, “Monte Everest, el pico más alto del Himalaya, punto culminante del Asia y del globo entero. Tiene 8,889 metros sobre el nivel del mar. Domina entre el Nepal y el Tíbet. Fue medido por primera vez en el año 1885, por el coronel Everest, que le dio su nombre” …; similares descripciones acompañaron la montaña “Won Shan”, en la Provincia de Anhwei; los Montes “Tai-Pei”, la monumental pagoda en Sian, Provincia de Shensi; la montaña cercana a la ciudad de Shuang Sun; entre otras.

Con orgullo de compatriota se argumenta su ingreso a la carrera militar en 1916, los estudios en la Academia de “West Point”, donde adquirió el título de Piloto Aviador; el ascenso a General y, para subrayar su amor por China, se le distingue como el “primero y único aviador nacional de China, que logró volar a través de todo el territorio chino, desde la ciudad de Cantón hasta la Manchuria, regresando por el mismo recorrido en etapas cortas con el fin de conocer personalmente todas las ciudades de su patria”, a lo que se atribuye se le considerara internacionalmente como el Lindbergh Chino.
También ofrece agradecimiento y reconocimiento público la revista al Cónsul General de Chino en Cuba, el Dr. Chí Sai Chong, a quien presenta aprecia de “muy estimado por sus esfuerzos constantes en favor de sus compatriotas”; al Sr. Federico Casiu, Presidente del Casino Chino “Chung Wah”, centro principal de los chinos en Cuba y a quienes en representación de la prensa local que le han tributado felicitaciones: al señor Miguel Heng Sang, director del diario Hoi Men Kong Po; al Dr. Juan Chíng, administrador del Man Sen Yat Pó; y el Diario Comercial Chino Wah Man Sión Pó. Como rasgo identitario las notas enviadas a la Asociación y la Revista se publican en la grafía china.



En sus 17 años Fraternidad dialogó con su tiempo histórico no solo en el diseño de sus cubiertas, sino también en contenido. Entre noviembre de 1934 y julio de 1937 su centro de atención estuvo en la organización de la Comunidad China en todo el territorio nacional y, mediante voces de la intelectualidad cubana e internacional, dejar constancia de sus aportes y significación cultural para la nación cubana. A partir de agosto de 1937, tras la invasión de Japón a China, la realidad política internacional devino un tema impostergable tanto para los chinos de ultramar como para toda Europa y América, lo que conllevó a que sus páginas se distanciaran de algún modo de la misión de la Asociación de Dependientes y Comerciantes Chinos del Giro de Víveres.
De la segunda, se ofrecen breves consideraciones en torno a cinco cubiertas de Fraternidad en las que se ha utilizado como referente la cultura cubana. Se trata de los números 74 y 75, correspondientes a febrero y marzo de 1941: Vistas de Cuba: Cojímar, y Panorama campesino, tímida representación que se hace acompañar del siguiente pie de imagen: “La paz del paisaje es el mejor consuelo espiritual para la humanidad atormentada. Cuba tiene rincones acogedores como éste, donde la naturaleza ha derramado todo su caudal de sugestión. Los pinos se elevan majestuosamente ofreciendo a nuestros ojos un maravillo panorama campesino”. ¿Desde que perspectivas interpretar semejante enunciado?

Las tres restantes resultan interesantes como textos culturales del contexto cubano. La primera de ellas, el no. 53, de mayo de 1939, asume una franca postura política ante los ataques de Japón a la República China. La nota al pie de la imagen reza: “El lápiz experto del notabilísimo dibujante Herminio Portell Vilá, captó magistralmente el dramático panorama que representa la invasión de China por Japón. La siniestra figura del imperialismo nipón contempla su apoteosis de exterminio. A esto llaman los viles «Civilización y Progreso»”. ¿Presenta Fraternidad al historiador Portell Vilá como “notabilísimo dibujante”? De su lugar en la historiografía cubana su compatriota Ernesto Martínez González en “Herminio Portell Vilá: la obra de un historiador de Cárdenas y de Cuba” comenta que entre 1931 y 1933 el investigador es becario de Guggenheim y se desempeña como periodista en el Diario de la Marina, Social, Carteles, y en especial Bohemia, y se desempeña como editor de Bimestre Cubano.[12] ¿Revela Fraternidad en esta portada una faceta no abordada del historiador que propuso la celebración de los congresos nacionales de Historia de Cuba en febrero de 1942? ¿Se trata de un desliz al tomar la ilustración de una de las mencionadas publicaciones?
La cuarta portada de Fraternidad en la que podríamos encontrar el referente cultural cubano corresponde al no. 77, de mayo de 1941, y se anuncia con el título “El último pacto.- ¡Dale, Hirohito, que ya montó!, acreditando entre paréntesis: “Por cortesía del ingenioso semanario humorístico «Zing Zag», reproducimos la anterior caricatura. «El camarada» Hiroito -invisible- al timón, dirige el trágico vehículo que va destruyendo la civilización universal)”. ¿Se relaciona la irónica caricatura con el acto del emperador Hirohito de calificar la invasión de China como un incidente en lugar de una guerra, tema reiterado por Fraternidad a sus lectores? Del sarcasmo utilizado por el importante seminario humorístico Zig Zag, de La Habana en dicho mes, mayo de 1941, consta en el repositorio digital de la Oficina del Historiador de la Ciudad, el uso del término “Biblioteca Fantasma”, para dirigirse a la Biblioteca Municipal de Guanabacoa, principalmente en el artículo: “No tiene nada que ver la Biblioteca de Guanabacoa con la del Parque de Trillo”, “y sin embargo el consistorio guanabacoense que tanto ridículo alboroto formó por una cosa baladí, no tomó en consideración ninguna de estas manifestaciones del sentir popular hechas por diferentes publicaciones”.[13]
El caso del diseño de la quinta portada, en el no. 92 de noviembre de 1942, está vinculado con uno de los hechos más indignantes de la Historia de Cuba. “El día 27 del corriente se conmemora la efeméride luctuosa del fusilamiento de los estudiantes del 1871. ¡Dios quiera que en la plegaria que invoquemos a su memoria, se eleven preces por la victoria de los ideales por los que ellos fueron inmolados! Es preciso destacar que, desde su primera salida, Fraternidad hizo suya las efemérides de la patria cubana, y se sumó a ellas con acciones vinculadas a la comunidad china, como el caso de inaugurar la sede de su espacio social un 24 de febrero:
Estamos en el mes de febrero, mes en que el almanaque marca una fecha histórica para nosotros y como consecuencia, en víspera de esa fecha, que es a la vez un día glorioso para la Patria cubana que conmemora el Grito de Baire. // El día 24 de febrero de 1895, fue el indicado para lanzar un grito de Libertad e Independencia en los campos de Cuba, y ese día, del año próximo pasado, fue así mismo bel preferido para celebrar nosotros nuestro primer año de éxitos, el primer Aniversario de estar constituido en Sociedad integrada por patronos y obreros de los establecimientos de víveres animados todos del más sano espíritu de comprensión y cariño.[14]
Como muestra de la puesta en valor del patrimonio documental ofrecido en Fraternidad y a modo de conclusión, se ofrecen aquí de forma íntegra tres textos que, interpretados desde la culturología, permiten reflexionar acerca del posicionamiento social alcanzado por la comunidad china en Cuba. Se han organizado cronológicamente, sin jerarquía alguna.
El primero de ellos está a cargo de Jorge L. Martí, considerado por el consejo editorial de la revista como “periodista de relevantes méritos que redacta con extraordinaria brillantez la Sección de la Colonia China en el diario El Mundo” y redactor del Diario de la Marina y Avance, una especie de antecedente del Instituto Confucio de La Habana adscrito a la Universidad de La Habana, inaugurado el 30 de noviembre de 2009. El segundo, de Leonardo Lalyen, fundador y director de Fraternidad, y el tercero, de Carlos A. Llanes, presentado como erudito catedrático en temas internacionales, autor, entre otros, de los artículos: “Los extensos campos de la China serán la tumba del Japón”, 5(53):1-2/mayo de 1937 y “China frente a Japón”, 4(36): 1-2/noviembre de 1937.
Jorge L. Martí: “Primero vivir, luego filosofar. La Academia China”, en Fraternidad, 2(18):1-3, Habana, mayo de 1936.
En camino de hacerse realidad se encuentra la gran Academia China de la Habana, levantada por inspiración de Su Excelencia el Ministro de China y con el esfuerzo unánime de todos sus conciudadanos residentes en Cuba.
La colonia china cumplirá con la culminación de esta empresa un serio deber contraído consigo mismo y con la sociedad cubana en general.
El proceso de la colonia ha sido el de toda colectividad humana en desarrollo. En efecto, el chino, traído antaño a Cuba exclusivamente como factor trabajo en la vida económica de nuestro país, por obra y gracia de concurrir en ese empeño los intereses egoístas del mandarín de su tierra, del contratista extranjero y del propietario cubano, fue lentamente liberándose de la condición de semiesclavo a que se le cometió en un principio gracias a sus virtudes, y aprovechó luego el advenimiento de la República, que estableció la igualdad civil entre extranjeros y cubanos, y la falta de brazos de los primeros tiempos de la independencia, para consolidar su posición de pequeño artesano, comerciante y agricultor, aspectos estos de la economía cubana en que ha afianzado su vida merced a esas cualidades individuales y colectivas que acabamos de apuntar y que son principalmente una gran laboriosidad, sobriedad, amor a la paz y preferencia por el sistema cooperativo de trabajo, para el cual sistema es especialmente apto por la supervivencia en su raza del sistema patriarcal de familia. Hoy día, el chino afronta el viaje a Cuba como una esperanza, no como un horror, como lo hiciera en aquellos primeros tiempos.
Durante todo el lapso que ha comprendido esta etapa de su evolución dentro de nuestro país, el chino ha confirmado una vez más el viejo proverbio latino, “primum vivere, deinde philosophari”… La realización de la primera parte, hasta dejarla asegurada, ha sido dura, ha requerido el concurso de todas sus fuerzas colectivas, pero, afortunadamente, ya parece encontrarse cumplida. Ahora le toca abordar debidamente el segundo aspecto de ese postulado y lo ha acometido con toda seriedad, con ese objeto se abrirá la Academia China. (Ya existe una institución de esta clase, pero, debido a los pocos medios con que cuenta se ve en la imposibilidad de abarcar con la amplitud necesaria las disciplinas educacionales que ofrece).
Como dijimos al principio, con ello satisfará la colonia un deber contraído consigo misma. Deber ineludible si desea lograr la superación humana que le corresponde. El chino de Cuba tiene plena conciencia de ello y por eso es que unánimemente y con un fervor insuperable ha respondido a la iniciativa de dotar a la Academia China de los recursos suficientes para que cumpla su cometido. Son el ansia de libar en el pensamiento de sus antepasados, de conocer los hechos gloriosos de su historia y de vivir los épicos momentos presentes de renacimiento del gran pueblo de Oriente, las causas que impulsan como mágicos resortes las voluntades chinas.
Pero el chino sabe también que tiene contraído un deber para con el país donde indiscutiblemente se les acoge con agrado, donde hallan el amor de la nueva familia que crean y la patria de sus hijos. Saben que su deber es, no solamente el de elevarse culturalmente, para mejorar así el nivel espiritual colectivo de este país sino también el de ofrecerle las joyas de su literatura y de su arte abriendo un postigo sobre el vasto panorama de la vida psíquica de una raza admirable. Al mismo tiempo, los chinos habrán hecho al crisol de la cultura cubana. Donde se funden materiales de los más diversos orígenes, el aporte con que deben contribuir. Cuba es eso, un crisol de razas, de culturas. Una nacionalidad aún en formación a la cual los chinos contribuyen en la actualidad mezclando su sangre. Nadie puede negar que de los treinta mil chinos que se calcula residen en nuestro país, un número cada vez más crecido se mezcla con nuestra población. Ya las demás razas que integran nuestro pueblo han ofrecido, y ofrecen cotidianamente sus características culturales a la formación del cubano futuro. Tanto los blancos, españoles y demás países de Europa que afluyen diariamente a nuestra República como los criollos, negros y mestizos aportan a la vida cubana sus características psicológicas, artísticas y de sangre. Y si los chinos se mezclan en ese caudal étnico y fundan nuevas familias, ¿por qué no han de dejar en el cubano las huellas de su arte, de su literatura, de su carácter ejemplar en muchos aspectos? Ello no quiere decir que opine que el chino debe diluirse en la nacionalidad cubana. Eso no es cuestión de deber o no deber; lo decidirán los hechos. Lo cierto es que se mezcla en familia. Y ¿por qué los descendientes de muchos chinos no habrían de parecerse a sus padres en algo más que en los rasgos fisonómicos?
Las cosas han ocurrido hasta ahora en la forma que lo han hecho precisamente porque el chino que venía a Cuba apenas tenía tiempo de aprender malamente algunas voces de la hermosa lengua castellana; su vocabulario, excesivamente corto, le impedía y le impide manifestar las delicadas expresiones del espíritu. Aun actualmente en la generalidad de los casos cuando un chino contrae matrimonio con una cubana adquiere unas cuantas palabras más de nuestro idioma, pero la esposa sigue hablando español y él el chino. Los hijos son los que a veces aprenden ambos idiomas, esto demuestra hasta qué extremo se ha compenetrado poco el chino hasta ahora a su patria adoptiva (adoptiva si no de derecho, por lo menos de hecho), que hasta en el seno de la familia él seguía siendo chino y ella cubana.
Pero ha ifluido además otro factor, la mayoría de los chinos, aislados de la patria lejana, no han tenido ciertamente un aporte grande que ofrecer a nuestro país; sus conocimientos de la historia y del arte patrio son generalmente limitados. No hubieran podido dar más que aquello que subconscientemente caracteriza al individuo de una raza y forma su personalidad étnica. Pero para oponerse también a esta comunión ideal estaba el factor que señalamos: el de la lengua.
Ahora se nos ocurre una pregunta: ¿podrá la Academia China servir de puente entre el chino y el cubano realizando el acercamiento? Podrá. Para ello se requieren pocas condiciones. En primer lugar, a nuestro juicio, la Academia no debe ser de ninguna manera una institución exclusiva para menores y, en cierto modo, para los chinos. Y ya en este terreno, vamos a hacer un bosquejo de lo que estimamos debe ser su organización para que llene el fin que creemos debe inspirarla. (Antes, otra aclaración para los suspicaces estas palabras están dichas con todo el interés que este asunto merece por parte de chinos y cubanos; y por considerarlo de carácter público es que me decido a opinar).
La Academia debe dividir sus actividades en tres aspectos fundamentales: uno, la enseñanza elemental para los que desconozcan la lengua china, tanto en sus aspecto hablado como escrito, esta parte podría dividirse en varios grados según los conocimientos de los alumnos; dos, la instrucción superior para los que conociendo el idioma lo suficiente para estudiar en textos originales aborden el estudio de la historia, de la literatura, de las artes y de la política chinas, esta parte también podría dividirse en grados si la cantidad de alumnos y los recursos económicos lo permitieran: tres, una variante en cierto modo de la enseñanza adelantada en la cual se incluiría el estudio del español, de la historia de Cuba y universal, matemáticas, etc., así como el conjunto de conocimientos generales que constituyen los fundamentos humanísticos de la cultura de Occidente, que tan ávidos de conocer se encuentran los chinos.
También podría comprenderse en algunos de estos grupos ciertos estudios de carácter profesional sobre los diversos oficios a que se dedican los chinos, y otras innovaciones sobre los trabajos manuales que se realizan en su tierra y que tan justamente famosos son.
La Academia, además, debería organizar una serie de actos culturales de divulgación de la cultura china, tanto para cubanos como para chinos a los que seguramente concurriría un gran público interesado y sería uno de los eslabones más fuertes para unir a ambas razas.
En esta institución, asimismo, se acogería, como se ha hecho hasta ahora con afecto sincero, a todos los cubanos preocupados por los asuntos chinos, y en este sentido es que dijimos que no debería ser exclusiva para éstos.
Quizás la Academia no pueda de momento afrontar planes tan vastos, no hemos querido indicar que ellos deban efectuarse inmediatamente, pero sí nos parece posible su realización si los chinos ponen, como podrán seguramente, su constancia indomable en ese propósito y los aviva el afán de superarse como hasta ahora les ha alentado.
Tal vez no sean estos los planes que el señor Ministro se haya trazado, quizás difieran en algo o en mucho pero no dudamos de que, conocido su talento y su experiencia y el amor que ha puesto en esta causa, la Academia China será una fructífera y hermosísima realidad.
La Habana a 22 de abril de 1936.
Leonardo Lalyen: “Editorial”, Fraternidad, 2(21):1, Habana, agosto de 1936.
Por medio de las columnas de esta revista, varios escritores e intelectuales cubanos, dedicaron en distintas ocasiones los más cálidos elogios a los comerciantes chinos establecidos en este país. El mejor testimonio del hondo afecto que los cubanos sienten hacia los trabajadores chinos, quienes amoldados a las costumbres de Cuba, conviven en aureolada confraternidad, asimilados a la idiosincrasia de los nativos, y sus actuaciones en las esferas social y comercial son dignas de encomio por éstos, sin que en ningún momento exista la impresión de apartarse de esta característica china cuando los inmigrantes del celeste imperio van a constituir sus negocios y sus familias en un país extraño.
Cuba, sin embargo, no es extraño para los chinos. Éstos están identificados con el que más amor tenga a la patria de Martí y lo prueba el interés de servir a Cuba, el hecho de que existe un 80 por 100 de ciudadanos chinos que se han acogido a la ciudadanía cubana para así cooperar a su engrandecimiento con el trabajo honrado que aquí viene desarrollando la Colonia China.
En los chinos es donde más se nota el cumplimiento de las leyes vigentes. Son escasísimos los casos judiciales presenciados contra ellos y su atención va dirigida únicamente hacia el trabajo. Luchan denodadamente con una admirable y tesonera actitud. Ya los vemos en grandes almacenes o en pequeños comercios que ejercen una idónea atención para todos los que les visitan, sin que esto quiera decir que se dediquen a la competencia con los comerciantes cubanos, como bien anotaba, en días anteriores, el señor Ministro de China en Cuba, en una carta dirigida al Diario de la Marina, en la que manifestaba el sistema beneficioso para Cuba del comercio ejercido por los chinos y que éstos en nada atentaban contra el comercio cubano, ya que los precios de ambos comerciantes marchaban paralelamente, lo que era un rotundo mentís a los que propalaban que el comercio chino verificaba una competencia ruinosa para los del país.
No habrá en Cuba ni uno solo de sus habitantes que cite un ejemplo en que probara que el comercio chino tiene prejuicio para el cubano. No habrá tampoco quien señale que éstos no son eficaces colaboradores del progreso del país, todos, absolutamente todos, trabajan rudamente respondiendo así a la garantía del progreso y bienestar de la nación, porque es de la fuente del trabajo de donde ha de sobrevivir la riqueza tan anhelada destruida por los que tratan únicamente de vivir sin trabajar esperanzados en la perseverancia y constancia de los que día a día luchan con denuedo por el advenimiento de mejores días para la patria.
Repetimos que nuestro mejor testimonio, son las manifestaciones de grandes Industriales y comerciantes cubanos que en numerosas ocasiones vertieron demostraciones hacia la colonia china, hacia los trabajadores chinos que lejos del vicio, buscan su reposo detrás de un mostrador o en las ruedas agrícolas, logrando así la preponderancia de la economía cubana. Y, uniendo los bellos pensamientos de los comerciantes e industriales a los intelectuales y trabajadores internacionales y cuantos presencian las actividades de los de los ciudadanos chinos, que es el mejor orgullo y el mejor estímulo para continuar en nuestros puestos, sabedores de que el objetivo de cooperar al resurgimiento de los pueblos, ha de tener su merecido premio de los que hoy combaten al comercio chino gratuitamente, por el solo hecho de desconocer sus actividades en todas las esferas sociales.
Carlos A. Llanes: “Contribución económica social de la Colonia China de Cuba”, Fraternidad, 2(23):2-3, Habana, octubre de 1936.
A despecho de la fiebre de nacionalismo que azota al mundo civilizado actual, se hace necesario reconocer, que a la postre en las relaciones sociales de la humanidad, tal fenómeno resulta contraproducente, ya que tiende a alejar los hombres, cuando la consigna es unirse.
Es triste legado del pasado la distinción entre nacionales y extranjeros, y mentira parece, que por mezquinos intereses económicos o prejuicios de superioridad de razas, no se haya proclamado aun, que tal distinción tiene que desaparecer, ya que siendo el amor entre los hombres el único poder que garantiza la paz, aspiración sublime de todas las generaciones para su perfeccionamiento, no debe hacerse esta depender de tan inciertas razones de elevada tonalidad egoísta y pocos nobles.
El individuo que por cualquier motivo emigra, está demostrando con su tal conducta, que es un hombre de voluntad, lleno de fe y de muy justificadas aspiraciones de mejoramiento, que le garantizan personalidad y carácter, bagaje indispensable para poder discurrir con éxito por la existencia, y para esperar que sea un hombre agradecido que sepa conservar un destello de gratitud para aquella tierra hospitalaria que le permitió ver colmadas sus ansiadas aspiraciones.
El noventa por ciento de nuestros inmigrantes, se han establecido y arraigado en nuestra tierra, y si bien es cierto que de un tiempo a hoy, se observa un movimiento muy atendible de emigración, ello se debe, a lo poco juicioso que ha sido en cuanto a la promulgación de leyes y de disposiciones migratorias y nacionalistas, que respondiendo a sugestiones de teorías generales aun muy discutibles , al afán de imitación que priva a los hombres, y a esa fiebre de nacionalismo egoísta que antes hablaba, que en exponente del momento actual del mundo, más que a las necesidades intrínsecas de Cuba, despoblada y necesitada de consumidor interior, han producido una verdadera confusión en el status de la vida nacional.
No nos explicamos, como exteriorizándose las aspiraciones generales de los hombres en la hora actual, hacia una mayor unión, hacia un común derecho, hacia un mejoramiento universal de los que sufren, puedan estos mismos individuos, proclamar la guerra encarnizada entre ellos por virtud de su condición de las más formidables barreras del derecho humano, de la moral y del amor. Es triste reconocerlo, pero tales manifestaciones acusan, que sobre el mundo se ha desatado con todo el peligro de una endemia, la más alarmante de todas las locuras, que no es otra que la que se manifiesta por el propio desco0nocimiento.
No podemos medir, estudiar ni resolver nuestros problemas migratorios, con los mismos instrumentos, argumentos y procedimientos, que emplean para ello los Estados Unidos de América; ellos nos iniciaron en nuestras leyes migratorias, y fueron calcadas en las suyas, a despecho de que pugnaban con las necesidades de nuestras nacientes nacionalidad, pero lo sensible es, que ha persistido esa influencia a través del tiempo, sin que se apresten a rectificarla, reconociendo que Cuba necesita para independizarse económicamente, elevar su población diez millones de habitantes, que son diez millones de consumidores.
La Colonia China de Cuba, por su laboriosidad, sobriedad y constancia, ha dejado escrito en vivos caracteres su ejecutaría a través de todos nuestros tiempos; ella rindió su contribución a la causa de nuestra independencia paria inmolándose en nuestros campos de batalla por nuestra libertad, ella ha dado vida a múltiples industrias y comercios así como a la agricultura contribuyendo a abaratar la vida nacional gracias a su régimen económico de producir; ella fomenta sus hogares dentro del orden y decoro de nuestra sociedad; ella funda sociedades mercantiles, de recreo, de educación y de beneficencia; ella contribuye al erario público por múltiples conceptos; ella es seria en sus transacciones mercantiles; ella en una palabra, llena las funciones sociales y económicas de la vida nacional con regularidad y orden confundiéndose con el cosmopolitismo de la época.
Las estadísticas son verídicas, y ella nos muestran la gran cantidad de chinos que viven entre nosotros, unos treinta mil, y nos dicen que su actuación en la vida nacional, todos trabajan, todos son constantes, todos se afanan por progresar personalmente, en sus negocios y en su vida social, todos se van arraigando a nuestro suelo y aclimatándose cada día más a nuestras costumbres y necesidades y van sintiéndose más cubanos cada día y Cuba no puede ser desafecta, negándole su concurso y desconociendo su valiosa contribución a nuestro desarrollo nacional.
[1] Pedro Cosme Baños: Los chinos en Regla: 1847-1997. Documentos y comentarios, Ed. Oriente, Santiago de Cuba, 1998.
[2] Samuel Hazard: Cuba a pluma y lápiz, Ed. Cultural, 2t., Habana, 1928. V. Marcos Antonio Tamames Henderson: “Los chinos en las crónicas de Samuel Hazard”, Blog Museo Centro Habana, 17 de diciembre de 2021, https://museocentrohabana.blogspot.com//2021/12/artículod.html?m=1, [23-5-2026].
[3] Marcos Antonio Tamames Henderson: “Entre etnología y urbanismo. El Barrio Chino de La Habana. en el patrimonio cultural cubano”, Blog Museo Centro Habana, 15 de mayo de 2024, https://museocentrohabana.blogspot.com//2024/05/artículod.html?m=1, [23-5-2026].
[4] “Un año de vida”, Editorial, Fraternidad, 2(10):1, Habana, septiembre de 1935.
[5] Tras experimentos en espacios geográficos lejanos, Holanda y Ecuador, indica que “cuando estos grupos vieron que sus tradiciones eran valorizadas por los turistas, pasaron a asumir su identidad nativa. Margarita Barretto: “Turismo y Cultura. Relaciones, contradicciones y expectativas”, p. 91, en Pasos. Revista de Turismo y Patrimonio Cultural, pp. 85 101, Tenerife, 2007.
[6] Juan Antiga: “Colonia China de Cuba”, Fraternidad, 2(10):2, Habana, septiembre de 1935. Juan Antiga Escobar (1871-1839). Jugador de beisbol profesional, médico, homeópata, funcionario gubernamental y diplomático, embajador de Francia y Suiza, delegado de la Sociedad de Naciones, secretario de trabajo bajo el presidente Carlos Mendieta.
[7] Juan Antiga: “Un aniversario de provecho”, Fraternidad. Número Extraordinario, 2(12):[4], Habana, noviembre de 1935.
[8] “Socios de mérito”, Fraternidad. Número Extraordinario, 2(12):[17-18], Habana, noviembre de 1935.
[9] Manuel Y. Weng: “El premio del esfuerzo”, en Fraternidad, 2(12):[20], Habana, noviembre de 1935.
[10] “Brillante conmemoración del primer aniversario…”, en Fraternidad, 2(16):12-13, Habana, marzo de 1936.
[11] “General Chang Wei Jung”, Editorial, Fraternidad, 2(16):1, Habana, marzo de 1936.
[12] Luis Ernesto Martínez González: “Herminio Portell Vilá: la obra de un historiador de Cárdenas y de Cuba”, TV Yumurí, 21 de junio de 2025, www.tvyumuri.cu, [29-5-2026].
[13] “Al pueblo de Guanabacoa”, Asociación de los Amigos de la Biblioteca Municipal de Guanabacoa, marzo de 1942. Repositorio Digital OHC, https://repositoriodigital.ohc.cu, [29-5-2026].

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