Apostilla necesaria en el Día del Son


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Foto: Reynaldo López Peña. Tomada de Periódico26 en las celebraciones por el Día del Son en Las Tunas.

 

Ciertamente Adalberto Álvarez debe estar feliz, allí donde se encuentre. Este 8 de mayo celebraremos doblemente el Día Nacional de Son. Día que, por coincidencia, nacieron dos de los más importantes soneros de todos los tiempos: Miguelito Cuní y Miguel Matamoros.

El primero considerado por el mismísimo Benny Moré como “…el sonero más grande que había sobre la tierra…”. El otro es “…el Michael Jackson… de la música cubana…”, según me confesara en cierta ocasión el cantante Raúl Paz y que, en una de aquellas charlas improvisadas en los lugares menos imaginables, ratificara Adalberto entre una larga línea de ron y otra.

Fue en una de esas charlas o tertulias de bares post presentación, de las tantas en las que tuve el placer de participar –casi siempre el pretexto lo ponía BISMUSIC con un lanzamiento de disco y el lugar ideal era El Sauce—, donde se habló, entre otras tantas cosas e ideas lanzadas al vuelo, por vez primera, de “…celebrar el Día del Son el año que viene…”.

Aquel “petit comité” que escuchó la idea estaba configurado, entre otros, por Elito Revé que era el anfitrión del lanzamiento; César Pedroso, Manolito Simonet y su inseparable Paquito, Frank Fernández, Paulo F.G, El Tosco, el saxofonista Germán Velazco; además de Julio Bidopia y Eladio, el presidente de ARTEX, todo un entusiasta de aquella propuesta.

No olvido el final de aquella tarde noche. Era mediados del mes de diciembre, en el Café Cantante donde se iba a presentar El Charangón, por lo que la tropa salió de El Sauce directo a esa sala de conciertos y fiestas.

Pasaron los años y el asunto se fue posponiendo muy a pesar de los esfuerzos de Adalberto y la buena voluntad de los santiagueros, sobre todo de Rodulfo Vaillant.

Poco tiempo después volvimos a coincidir casi todos, solo que esta vez se sumó Maikel Blanco. Nuevamente el pretexto fue un disco del Charangón y el lugar fue el Habana Café. La post tertulia fue en un bar situado frente a esta sala que dicen que Issac Delgado era parte de su equipo de propietarios (algo que nunca se confirmó) y a pedido de Adalberto, fue llamado. Issac apareció y aunque estuvo poco tiempo solo atinó a decir “… la idea que sea me sumo…”, no sin antes hacer "su aporte por la casa” y brindar con un largo vaso de jugo de frutas.

En ese segundo encuentro fue donde me permití “meter la cuchareta” o poner la podrida con una pregunta indiscreta: y... ¿qué hacemos con el tema de bailar son de verdad?

No he olvidado la cara y la respuesta de Adalberto:

"Emir… una cosa a la vez…", esa fue su respuesta.

Por ese entonces uno de sus temas más populares era Bailando Casino que daba nombre a un fonograma que meses antes había presentado BIS y que en la post se volvió a hablar del tema del Día del Son y de la necesaria unidad de los músicos. Fue allí donde Paquito sugirió formar de ipso facto la Alianza Sonera; que realmente nació meses antes de la pandemia del COVID 19.

Ciertamente el asunto se las trae...

No se puede celebrar el Día del Son considerando el baile de casino como su forma de expresión. El son se baila de una manera y el casino de otra. Eso lo saben los verdaderos soneros; solo que la realidad ha convertido “los pasos del son” en una pieza de anticuarios, mientras que el casino se ha expandido por el mundo.

Ciertamente bailar casino de modo masivo, es decir, la pasión por las ruedas de casino, es parte de nuestras vidas desde fines de los años setenta, tras el éxito que tuvieron en el programa Para Bailar. Tras ese mismo programa sus filigranas o vueltas se fueron complejizando luego del aporte de los Hermanos Santos que incorporaron los elementos de la rumba a ese modo de bailar; que se devolvió protagonismo a algunos de sus principales animadores (Pepe, Juanito Gómez, el Oso y otros tantos); que recuperar la pasión por las ruedas reunió a muchos que consideraban esa parte de su juventud condenada al olvido y una larga relación de etcéteras que llenarían decenas de cuartillas.

Pero una pregunta sigue flotando en mis pensamientos: y cuándo se bailará el son…”. Ojalá un día bailar son, de verdad, sea tan animado como bailar danzón o rumba y se expandan por todos los rincones del país los clubes de bailadores de son.

No se trata de pureza, se trata de justipreciar uno de los bailes más hermoso de nuestra cultura y que curiosamente es fruto de eso que conocemos como el Son Habanero u occidental. A las puertas del centenario del Septeto Nacional bien podríamos tirar un pasillo escuchando un son de altura y bailarlo suavecito en un ladrillo…

Entonces el Día Nacional del Son estaría completo.

 


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