El jardín del Centro Cultural Dulce María Loynaz (CCDML) no es un espacio cualquiera. Es un refugio de sombras verdes, de brisas que parecen susurrar versos y de una paz que contrasta con el bullicio de El Vedado habanero. Este escenario, donde el tiempo parece haberse detenido para honrar la palabra, celebra el 24 de abril las "Tertulias en el jardín", una edición especial que se viste de gala y nostalgia para recordar el aniversario del fallecimiento de la "Dama de América".
Bajo la conducción de Tomasa González Pérez, destacada escritora y directora del CCDML, la jornada no solo será un acto protocolar, sino un renacimiento, un espacio literario-musical que erigirá un puente entre el pasado de la literatura cubana y el presente de una comunidad que se niega a olvidar a su poeta más íntima y universal.
Con interpretaciones musicales que evocarán la atmósfera de las veladas que Dulce María ofrecía en su casona de 19 y E, la conductora promoverá la obra de la autora de Jardín. No será una tarea institucional, sino una misión de fe cultural que busca sembrar la delicadeza del lenguaje en las nuevas generaciones, resaltando una vida de luces y silencios que alcanzó las cumbres más altas de la lírica en lengua castellana. También se abordarán sus poemas, sus viajes por el mundo y su capacidad para atraer a su hogar a figuras de la talla de Federico García Lorca, Gabriela Mistral y Juan Ramón Jiménez.
La Tertulia también explorará el "silencio de oro" que marcó su vida durante décadas: ese retiro voluntario en su mansión, donde permaneció fiel a su isla y a sus recuerdos, hasta que el mundo volvió a tocar a su puerta en la década de los 90 para otorgarle el Premio Miguel de Cervantes. Conoceremos a la Dulce María humana: la mujer de fe, la defensora de los animales, la coleccionista de abanicos y la escritora que, con una asombrosa economía de palabras, fue capaz de desnudar el alma humana en Poemas sin nombre.
Lo más emocionante de la tarde será observar la heterogeneidad del público. El jardín del CCDML se llenará de niños de las escuelas primarias cercanas, jóvenes y adultos mayores que aún recuerdan haber visto a la poeta caminar por las calles de su barrio. Es precisamente este el éxito de la gestión de Tomasa González: lograr que un niño de diez años recite con naturalidad "La criatura de isla" o que un joven debata sobre la estructura narrativa de la novela Jardín. Para ellos, Dulce representa un modelo de integridad ética y maestría técnica. En un mundo de inmediatez y ruidos, su poesía invita a la pausa, al análisis del detalle y a la valoración de lo invisible. Para los adultos de la comunidad, ella es el orgullo del barrio, la vecina ilustre que puso el nombre de Cuba en el panteón de los inmortales de la lengua.
El aniversario de su fallecimiento, ocurrido el 27 de abril de 1997, no se vive con la tristeza del final, sino con el regocijo de la permanencia. Este evento demuestra que la obra de Loynaz es un organismo vivo que sigue dando frutos. Por ello, el compromiso del Centro Cultural es seguir siendo una casa abierta para todos, no solo para guardar los libros y muebles de la poeta, sino también para resguardar su espíritu de resistencia cultural.
Las "Tertulias en el jardín" han logrado algo difícil en estos tiempos: convertir la alta literatura en un patrimonio compartido por la comunidad. Porque, como ella misma escribió, "si no queda nada, queda la poesía". Y en el jardín de su casa, la poesía sigue floreciendo, año tras año, de la mano de quienes la aman y la estudian.

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