La Dra. C. Francisca López Civeira nos involucra en una nueva aventura de ideas inteligentes y útiles para el conocimiento de la presencia de las políticas gubernamentales de Estados Unidos en Cuba. Su libro La representación de los Estados Unidos en la república plattista, publicado por la Editorial de Ciencias Sociales en el 2024 y presentado en formato digital, en los finales del pasado año, por el reconocido profesor universitario Dr C Fabio Fernández, constituye un nuevo aporte de la autora a la investigación de un tema y período histórico requeridos de nuevos quehaceres epistemológicos.
Basada en las fuentes documentales, periódicas y bibliográficas, la autora sumerge al lector —no necesariamente conocedor de la historia nacional— en las complejas acciones del gobierno norteño y sus acólitos de Cuba para sostener el absoluto liderazgo sociopolítico, cultural e ideológico sobre los destinos de la Mayor de las Antillas.
Paquita, como la conocemos en todos los ámbitos intelectuales dentro y fuera de nuestro país, ha sabido utilizar sus especialidades disciplinarias para construir los universos polisémicos de las relaciones gubernamentales con el fin de adentrarse en la intimidad de una sociedad dependiente de los intereses monopolistas norteamericanos. Recuérdese que sus libros, la labor docente, los mútiples artículos y ensayos, así como sus conferencias e intervenciones públicas incluyen las historias políticas de Cuba y Estados Unidos, así como la obra martiana, entre otras esferas historiográficas, resultando, por sus aportes, de la preferencia de los públicos docentes e interesados en los saberes históricos. A estos deben sumarse sus recientes profundizaciones en los universos de la historia de la cultura y la historia cultural durante la república burguesa y neocolonial. Estamos delante de una profesional inconforme con la parcialidad y el reduccionismo, y favorable a los entendimientos interdisciplinarios, tal y como lo exigen los nuevos derroteros de las ciencias sociales.
Sobre este último particular, debe insistirse en que los complejos mundos actuales exigen de la aplicación de la polisemia científica, si es que pretendemos entender y ser parte activa de su diversidad sociopolítica. Los conocimientos, sobre cualquier esfera del saber, no pueden marchar aislados de las exigencias de la cotidianidad y son los que pueden instrumentar las soluciones a las grandes tragedias que enfrentan los pueblos. La inmensa mayoría de los estudios realizados sobre los procesos relativos a la dependencia de Cuba con Estados Unidos aborda la economía y la política. Los aspectos incluyentes son los procesos inversionistas de los grandes monopolios en la industria, el comercio y la agricultura, las relaciones mercantiles, el asentamiento migratorio y la subordinación de los países subdesarrollados a los gobiernos norteamericanos, entre otras cuestiones. Algunos analistas han aportado elementos de interés sobre las instituciones, el asociacionismo en general y la implantación de la tecnología moderna en la producción de los bienes de consumo, las comunicaciones y la educación.
Sin embargo, el análisis sobre la naturaleza y el comportamiento de las relaciones de dependencia neocoloniales no puede prescindir de la esfera cultural entendida como imaginarios, costumbres, formas de vida y mentalidades propias del fenómeno socioeconómico que se implantó en un país como el nuestro, recién redimido del ostracismo colonial español. Es, precisamente, en ese amanecer del siglo XX donde se centra la investigación de López Civeira.
La república nacida en 1902 ha sido indistintamente denominada por sus estudiosos e intérpretes de múltiples formas: neocolonial, burguesa, mediatizada, semicolonial, colonial e intervenida. Para Paquita, al menos la de los años estudiados, era, esencialmente, plattista, en correspondencia con la imposición de la Enmienda Platt. Derogado semejante engendro del imperialismo, continuó siendo —así lo demuestran sus estudios- la misma nación dependiente que ostentó en sus inicios dicha onerosa mordaza. De esa forma, la autora va más allá de los límites jurídicos, para insertarse en las realidades de una sociedad dirigida por los grandes intereses de las oligarquías del norte y del país sometido a una nueva dominación colonial. Porque, si bien los cercanos vecinos fueron los artífices del neocolonialismo burgués republicano, sus acólitos insulares resultaron ser los únicos beneficiados de semejante engendro de la llamada modernidad del siglo XX. Sobre ese proceso, inherente a la presencia del gran capital en nuestras tierras maltratadas por las guerras independentistas, y las conductas de quienes, pacientemente, esperan por grandes crisis para lanzar sus tentáculos, nos habla Paquita para convencer al lector de que la historia devela los orígenes de las verdades del presente.
La autora pone al relieve las diferentes tendencias ideopolíticas, heredadas del recién finalizado siglo XIX, y las pugnas dentro del poder político y su multiplicidad de intereses socioeconómicos. Así, aparecen los viejos reformistas y anexionistas frente a los defensores de la independencia, los que con justicia defendieron el naciente antimperialismo unido a la ideología del mambisado nacionalista. Paquita logra mostrar la alborada de los razonamientos elitistas y populares sobre los destinos de la recién constituida nación antillana.
Sumamente esclarecedores de las esencias del intervencionismo norteamericano resultan sus razonamientos sobre sus causas —no pretextos—de carácter político, geográfico y económico y la ausencia de las de naturaleza humana y cultural. Cuba debía convertirse en el gran mercado para el mundo desde Estados Unidos. Para sus artífices, los ideales y sentimientos del pueblo cubano no tenían valor alguno.
Basándose en una exhaustiva indagación en la documentación primaria y publicística de la época, Paquita logra construir la historia cultural de aquellos primeros años de la implementación del nuevo orden neocolonial. Así, nos muestra los nuevos símbolos, imaginarios y mentalidades, costumbres, lenguaje y formas de vida que progresivamente fueron moldeando a un cubano despojado del colonialismo español y penetrado, progresivamente, del impuesto por los colosos del norte y los oportunistas de Cuba. También nos habla de la resistencia de quienes no renunciaron a su origen mambí y cubano.
Fascinantes, para el lector, pueden ser la descripción y el análisis de la penetración de las costumbres norteñas en Cuba, tales como los vocablos, anuncios, modas, comidas, etc., cuya representatividad no fueron simples indicadores del fenómeno intervencionista sino de la absorción cultural. Junto al mercado o el producto a vender, estaba el país con su cultura o la desaparición de esta para asimilar la del norte. Crear un gusto foráneo en detrimento del nacional es parte de las propuestas de la dominación mercantil, la que significa, además, aislamiento, desunión y desprecio por la nación dominada. A lo que debe sumarse la subordinación de lo ético a lo económico, a partir de la aceptación, por la oligarquía dominante, del tutelaje norteamericano.
La creación artística y literaria es utilizada por la autora, como fuente para el entendimiento de la forma de vivir y de pensar de los sujetos actuantes en el proceso sociopolítico estudiado. De esa forma, ubica al arte y la literatura, dentro de los elementos característicos de la espiritualidad. Sin la evaluación sobre esta, en su universal dimensión, resulta inconvincente cualquier juicio crítico sobre un determinado orden jurídico.
Paquita logra plenamente mostrar al lector, desde la intimidad social, las complejidades de las ideas, los proyectos ideopolíticos y las estrategias gubernamentales a partir de las voces de sus protagonistas. La utilización de la prensa y los testimonios de los viajeros permiten que el lector viva el universo reseñado en el libro.
Su obra culmina con la historiografía del período. La autora dialoga con sus aciertos y limitaciones, dejando el camino abierto para otras labores investigativas. Sus análisis ratifican la pertenencia de los historiadores a las huestes de la escritura literaria y de las ideas.
López Civeira da lecciones sobre el uso de la escritura amena y culta, así revela su condición docente e investigadora de primera línea.
La ideología se basa en el conocimiento, y la historia desempeña un papel importante en el entendimiento de los actuales derroteros de aquellos que, desde el norte, siempre han querido apropiarse de nuestras riquezas. José Martí nos alertó sobre un fenómeno latente y activo en nuestro mundo actual, estudiarlo desde sus raíces constituye una urgente necesidad para enfrentar sus retos. Solo así puede vencerse la prepotencia imperial y la sumisión de los débiles y cobardes. Entre ellos están los que apuestan por el regreso del poder neocolonialista, y sus supuestas bondades bisuteras y el dominio de sus tentáculos sobre todas las esferas de la existencia humana. No conocen las consecuencias morales de la invasión de los sentimientos por quienes carecen de ellos.
Lectura como las de este libro enseña a pensar sobre la importancia de la fidelidad a la cultura nacional y a su inmenso universo de sueños y realizaciones.

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