Del 28 enero al 14 febrero inicia la primera etapa de la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa, que arriba a la edición número 36, teniendo una segunda etapa del 15 de febrero al 3 de marzo, rindiendo homenaje al legado martiano, la vigencia del pensamiento de Fidel, los 65 años de la UNEAC y los 40 de la Asociación Hermanos Saíz.
Considerada el evento de artes escénicas más importante en entornos comunitarios de Cuba, esta no es solo un festival de teatro, es un fenómeno sociocultural que ocurre cada año desde 1990. Recorriendo las montañas del Plan Turquino en el extremo oriental de la isla, el itinerario del evento atravesará seis municipios: Manuel Tames, Yateras, San Antonio del Sur, Imías, Maisí y Baracoa.

Para los habitantes de las serranías de Guantánamo, la Cruzada es mucho más que ver una obra. Estas comunidades viven en zonas de difícil acceso geográfico, por lo que la llegada de los teatristas es el evento del año, un puente que conecta el silencio del monte con la vibración de la ciudad y el mundo.
En contextos donde las carencias materiales pueden ser severas, la Cruzada llega como un alivio emocional. El campesino no es un espectador pasivo sino un anfitrión que comparte su café, su casa y su mesa con los artistas.
Que un grupo de artistas camine kilómetros cargando escenografía para actuar en un portal o debajo de un árbol, les dice a los pobladores rurales que su existencia es valiosa y que tienen derecho al arte de alta calidad. En tanto para muchos niños de las montañas, la Cruzada representa su primer y a veces, único contacto con el teatro de títeres, el clown o la narración oral.

La Cruzada no es un simple proyecto cultural que arriba, sino un intercambio en que los artistas aprenden de las historias, las leyendas y la sabiduría popular de los montañeses. Ha sobrevivido a las crisis económicas más agudas de Cuba (el Período Especial, la pandemia y la crisis actual), demostrando que el arte es una necesidad básica. Siendo la montaña, para los teatristas cubanos y extranjeros, el escenario más exigente. Sin luces artificiales ni acústica de sala, el actor debe pulir su técnica para conectar con un público muy honesto y directo. Es así que el evento suele acompañarse de mensajes educativos y terapéuticos, contribuyendo al bienestar psicológico de comunidades que enfrentan una vida cotidiana dura.
Este año la Cruzada enfrenta retos, pero también se abren nuevas rutas y fortalecer la participación de grupos que busquen experiencias de teatro antropológico y comunitario, atraerá recursos y visibilidad global. La Cruzada se consolida no solo como evento teatral, sino como una expedición científica-cultural donde participen sociólogos, ecologistas y médicos, maximizando el impacto de cada viaje.
Dado que se desarrolla en áreas protegidas, la Cruzada puede convertirse en un modelo de evento "Cero Residuos", utilizando materiales biodegradables para escenografías y promoviendo el cuidado de la biodiversidad local. A la festividad llega la experiencia digital por vía streaming o documental, para que quienes no están en la montaña vivan la experiencia. A esto le acompaña los talleres de creación local, pues en lugar de que los artistas solo vayan y se retiren, se trabaja en fortalecer la creación de grupos de teatro aficionados dentro de las propias comunidades, para que la actividad cultural sea permanente y no solo anual.
La Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa apuesta por la esencialidad y más conexión humana. Su supervivencia dependerá de la capacidad para seguir siendo un acto de amor y resistencia, más que una estructura institucional rígida.

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