Organizado por el Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC), la IV Feria Infantil "El Trompo" se presenta como una plataforma que articula la programación artística y la gestión comunitaria, a la vez que se consolida como uno de los espacios más esperados durante la Semana de La Victoria o de Receso Escolar en abril. En la presente edición la iniciativa amplía su alcance hacia comunidades, hospitales y hogares de niños sin amparo filiar; pues más que una programación, es llevar el arte hacia donde más se necesita y convertir la cultura en un puente o refugio.
Hasta el próximo 19 de abril, la Estación Cultural de Línea pone al alcance de todos un espacio para la familia cubana donde estarán presentes, además, propuestas gastronómicas, experiencias culturales y opciones comerciales; y es que la Feria "El Trompo" es un evento nacional que integra la venta de juguetes, calzados, ropa y útiles escolares, con una amplia programación cultural que abarca conciertos, talleres de arte, presentaciones de libros, teatro y juegos tradicionales.
Dedicada a los pequeños de la casa y teniendo como objetivo promover la identidad nacional a través del juego y la creación artesanal, de manera invariable y en su cuarta edición, retoma los juegos tradicionales; rescatando juguetes como el trompo, la muñeca de trapo y los carritos de madera, frente al predominio de los videojuegos y dispositivos digitales como espacio de resistencia cultural.
En medio de un contexto económico complejo intenta ofrecer productos en pesos cubanos (CUP), en un esfuerzo por dar un respiro al bolsillo de la familia trabajadora y, de paso, muestra el talento de los artesanos cubanos que trabajan con la madera, textiles y materiales reciclados. Este además, es un refugio espiritual y recreativo. Un espacio que funciona como oasis, ofreciendo un lugar donde el niño puede divertirse alejado de las tensiones diarias.
"El Trompo" invita al niño a usar sus manos y a interactuar con otros infantes en talleres de pintura y lectura, pues al promover juguetes hechos en Cuba y con materiales locales, se refuerza el sentido de pertenencia y el orgullo por lo propio. Algo fundamental para las nuevas generaciones de cubanos.
“El Trompo" no es solo un juguete que gira, es el esfuerzo por mantener girando los sueños de los niños. En cada trompo de madera que baila, hay una victoria de la imaginación sobre la carencia. Pues, el rescate de los juegos tradicionales en la Cuba de hoy, digamos el trompo, las bolas, la suiza, el escondido, el papalote, la quimbumbia o el aro, no es solo un acto de nostalgia; es una estrategia de supervivencia emocional, social y económica.
En el contexto actual de la Isla, estos juegos adquieren una relevancia que va mucho más allá del simple entretenimiento. En una Cuba marcada por los apagones y la dificultad para adquirir baterías o dispositivos electrónicos costosos, los juegos tradicionales son "soberanos". No necesitan electricidad, ni conexión a internet. Un trompo de madera o una suiza para saltar funcionan a cualquier hora, permitiendo que el niño se divierta y entretenga con juegos sanos.
Juegos que requieren espacios abiertos y movimiento físico, lo que ayuda a canalizar la energía y a la desintoxicación digital. El uso excesivo del móvil genera aislamiento, es entonces que el juego tradicional obliga a mirar al otro a los ojos, a negociar reglas y a compartir. En ello, el cubano siempre ha tenido un componente de "invento". Cuando no hay juguetes industriales, el niño aprende a fabricar su propio carro con cajitas de cartón, papalotes con pedazos de madera reciclada y papel de libreta o su propia pelota de trapo. Esto fomenta la resiliencia y la capacidad de resolución de problemas, herramientas vitales para el futuro de cualquier niño en las condiciones actuales del país.
A diferencia de los videojuegos que suelen ser individuales o virtuales, los juegos tradicionales ocurren en el barrio, en la cuadra, en el patio de la escuela o el portal de alguna casa. Jugar crea lazos de amistad reales y apoyo mutuo. Y al tener reglas, los juegos tienden a transmitir de generación en generación, disciplina y respeto por el turno del otro de manera natural y divertida.
En un mundo donde los niños consumen contenidos digitales, el juego tradicional es una resistencia cultural y rescatar sus lenguajes mantiene viva la cubanía. Es conectar al niño de hoy, con la infancia de sus padres y abuelos, creando un puente generacional que le da seguridad y raíces. Por ello la Feria “El Trompo” apuesta por juegos de bolas (canicas) o un trompo artesanal, como inversiones duraderas y de producción nacional que son mucho más accesibles. Porque rescatar los juegos tradicionales en Cuba no es retroceder al pasado, sino avanzar hacia una infancia más sana y conectada. En un momento de carencias materiales, el juego en la calle es la riqueza de los que no tienen nada más que su imaginación. Un niño que sabe bailar un trompo o elevar un papalote, es un niño que está aprendiendo que, aunque no haya luz eléctrica, su propia luz interna y su capacidad de crear pueden iluminar el día.

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