[…] a medida que se avanza en el conocimiento de la historia nacional, la noción de la patria aparece ante el espíritu con un contenido mucho más rico que el que comúnmente tiene en el pensamiento de las personas incultas. // La patria no es ya entonces un trozo de territorio ante el cual nos sentimos más o menos curiosos o indiferentes, sin experimentar ninguna emoción de simpatía o de amor, sino una obra viviente y real, profundamente humana en su esencia y en su contenido, capaz de suscitar entusiasmo e inquietud, de exaltar la inteligencia y el sentimiento, y de determinar firmemente la voluntad al cumplimiento de los más altos deberes cívicos y sociales.
Ramiro Guerra, Víbora, 26 de julio de 1922.[1]
El pasado 22 de enero Mantua fue sede del “Taller Científico por el aniversario 130 de la Invasión a Occidente”, evento auspiciado por los historiadores mantuanos en colaboración de la Unión de Historiadores en la Provincia de Pinar del Río que contó con el apoyo de las instituciones gubernamentales del municipio. En este contexto, el Centro Provincial de Patrimonio Cultural de Pinar del Río dio reapertura al Museo Municipal de Mantua, cuyos directivos, especialistas y técnicos, participan de la gestión del Sitio Histórico declarado Monumento Nacional de la República de Cuba mediante la Resolución no. 03, del 10 de octubre de 1978.[2]
El programan del Taller, dirigido por el Ms. C. Enrique Ginebra Ginebra, se organizó a partir de las perspectivas de análisis de sus ponentes. Desde la Historia, a modo de inauguración, la conferencia “Situación en Pinar del Río ante el avance del Contingente Invasor hacia Occidente”, por Ginebra Ginebra, y las ponencias “La avanzada de la Invasión en el territorio de Vueltabajo”, de Jorge Fredy Ramírez; “El paso de la Columna Invasora por San Luis de Pinar del Río”, de Pablo Joaquín Padrón Ruíz, y “El alzamiento independentista en Remates de Guane”, por Rolando Lamas Machado.
Con centro de atención en la significación cultural que el acontecimiento histórico otorga a Mantua valores patrimoniales, las intervenciones: “Impacto de la Invasión en el territorio de Mantua”, por el investigador, escritor y promotor cultural Enrique Pertierra Serra; “La Columna de la Victoria”, de Reinerio Meléndez Laza; “Mantua en la historia del patrimonio cultural cubano”, por Marcos Antonio Tamames Henderson, autor de este trabajo; y, a modo de cierre, en premier, el documental “Crónica de una invasión mambisa” (2026), del realizador José Manuel Fernández Paulin, de Producción de Patrimonio Audiovisual, del Centro Provincial de Patrimonio Cultural de Pinar del Río.
En principio, “Mantua en la historia…”, so pretexto del 130 aniversario del fin de la invasión, respondía al debate contemporáneo del patrimonio cultural en el contexto cubano a tenor de la implementación de la Ley 155/22 y el papel que en ella se otorga a los municipios para su gestión. La experiencia vivida durante el contacto con el sitio histórico, las construcciones conmemorativas erigidas en el devenir del tiempo y el diálogo con los mantuanos, auténticos propietarios y máximos responsables de los bienes patrimoniales de su territorio, me convocaron a precisar algunas de las consideraciones emitidas en ella y, al mismo tiempo, en mi labor docente, contribuir al abordaje de Mantua en la historia del patrimonio cultural cubano a partir de la teoría crítica contemporánea; como “construcción social” y expresión de “patrimonialización”.[3]
¿En qué difiere una y otra? La revolución conceptual del patrimonio iniciada por la antropología cultural latinoamericana en el último cuarto del siglo pasado con el objetivo de atemperar su uso social a los complejos procesos de democratización y diversidad cultural, conlleva a distinguir el alcance y contenido del patrimonio como construcción social del proceso de patrimonialización que garantiza institucionalmente su gestión (la puesta en valor y una estrategia de conservación - restauración). Si para algunos especialistas la condición patrimonial de un bien cultural emerge a partir de un decreto, ley o resolución institucional; para otros, su formación se encuentra en la interrelación entre sociedad y bienes culturales producidos o no por ella, a los que desde la praxis sus miembros otorgan significados que devienen expresión simbólica de su cultura y, por tanto, en alguna medida, los considera merecedores de permanecer en la memoria colectiva.
La aproximación a los procesos de construcción y patrimonialización que acompañan al poblado de Mantua permite constatar no solo ambas etapas y la transición de una a otra, sino también, y es lo más importante, el carácter histórico del patrimonio cultural en Cuba, cuyos orígenes, si bien se anuncian en términos modernos en la década del 20 del siglo pasado; sin lugar a dudas se remontan a la etapa prehispánica. Como resultado, el lugar de Mantua en la historia del patrimonio cultural cubano debe ser visto en tres etapas: 1) como construcción social, 2) en su patrimonialización y 3) en la resignificación que le da permanencia.
¿Referentes teóricos? Los representantes del patrimonio cultural como construcción social defienden la tesis de que “no existen bienes culturales que a priori contengan un valor patrimonial, sino que ese valor es agregado sólo a ciertos bienes, en contextos políticos, institucionales e ideológicos determinados”. Uno de ellos, el historiador mexicano Enrique Florescano, “propone cambios en las prácticas y en las políticas de la cultura, que respondan a las nuevas demandas sociales de participación democrática y permitan conciliar los intereses generales de la conservación del patrimonio cultural con las nuevas formas de uso, administración y manejo del patrimonio local, regional y grupal que se demandan”;[4] al tiempo que “identifica como retos de los hombres dedicados a la cultura [entiéndase dentro de ello al patrimonio cultural]: conseguir una inteligencia abierta, el análisis riguroso, la duda, la tolerancia, la discusión y el diálogo”.[5]
En análisis integral, Yamile Deriche Redondo, Doctora en Ciencias sobre Arte por la Universidad de las Artes (ISA) en La Habana, reconoce en la interrelación entre la subjetividad y el patrimonio las posibilidades de construcción y deconstrucción de sus sentidos, hecho comprensible desde “una visión amplia y plural del patrimonio, lo que supone”:
Su construcción social y su condición cultural. // Su condición de referencia vital y cotidiana para la identidad de nuestros pueblos y comunidades. // Su condición de testimonio de la cultura de un pueblo, de su memoria, de los olvidos y de los silencios. // Su posibilidad de constituirse en un recurso para el desarrollo a nivel comunitario, territorial y macrosocial // Su relación con el poder político, de gobierno y de los medios de comunicación masiva, para su reconocimiento, valorización y defensa a partir de políticas públicas.[6]
Al tomar como punto de partida el fin de la Invasión de Oriente a Occidente en 1896 en Mantua se ha dejado al margen la producción simbólica que le antecede y que sin duda resulta sustancial para comprender la expresión identitaria del mantuano actual. La ocupación del espacio, la creación de un caserío y sus primeras instituciones, debieron condicionar el ser mantuano, esencial cimiento para comprender su protagonismo en la génesis del proceso que aquí se aborda. Al respecto es de obligatoria consulta la historiografía que centra la atención en la patria chica, perspectiva de la ha hecho gala Enrique Pertierra Serra con la puesta en valor de un rico patrimonio documental atesorado en instituciones religiosas y civiles del territorio en aras de ofrecer “un amplio abanico de posibilidades para conocer aspectos de interés que la historia mayor, centrada en otros de más impacto o en apariencia más trascendentales para la nación o el mundo, obvia, pero cuya acumulación o simple acontecer cimenta”.[7] Historia de Mantua I (1492/1868) e Historia de Mantua II (1868/1895), de Ediciones Loynaz, son exponentes de ello.
La mirada a Mantua desde el patrimonio cultural se apoya en el patrimonio documental y bibliográfico que se atesora en archivos y bibliotecas, en particular, la Biblioteca Nacional de Cuba “José Martí”, el Archivo Histórico Provincial de Pinar del Río, La Biblioteca del Instituto de Literatura y Lingüística en La Habana y el Archivo del Museo Municipal de Mantua. Notable resulta el conjunto urbano /arquitectónico de Mantua, entendido como texto cultural en el sentido orientado por Clifford Geertz desde la antropología interpretativa y la producción historiográfica de los historiadores locales disponible. Se ha de tener presente que, para el estudio del patrimonio cultural, más allá del hecho o el acontecimiento en sí, importa la apropiación que del mismo hace el intérprete. Son las representaciones que del bien cultural hace la comunidad lo que nos aproxima a su significación cultural o simbólica.
Una clave inicial para el acercamiento al tema lo constituyó el artículo “Mantua: la meta victoriosa de la Invasión”, a cargo de María Luz de Nora,[8] en la sección “Esta es la historia”, de la revista Bohemia fechada el 2 de diciembre de 1966. En él se reproducen dos documentos que marcaron la génesis del otorgamiento de significación cultural a este poblado por una comunidad integrada no solo por lugareños, sino también por forasteros que, bajo la dirección del General Antonio Maceo y Grajales, participaron de la toma de Mantua el 22 de enero de 1896: un fragmento de Crónicas de la guerra, del general José Miró Argenter, y un “facsímil del acta redactada en Mantua al término de la invasión”.[9]

Las crónicas del general Miró Argenter, susceptibles a múltiples perspectivas, importan aquí por la connotación histórica-cultural de los elementos que describe, empeño en el que resultan válidas las lecciones de Enrique José Varona en relación con el estudio de la literatura. “No es lo mismo disfrutar de una obra de arte, que estudiarla”, dice el pedagogo, y subraya: “solo el que desentraña el valor y la significación de la obra, tanto en sus relaciones con el país y la época en que se produce, cuanto en su íntima dependencia del autor, ejerce la función verdaderamente científica del crítico”.[10]
¿Podrían los diarios de campaña considerarse obras literarias? Graziella Pogolotti las ubica en el llamado "testimonio bruto", aún no consciente de sus posibilidades literarias, donde la adhesión al hecho inmediato, la expresión espontánea y la ausencia de toda retórica representan el mayor encanto, propiciatorio de una comunicación directa, sin intermediarios. ¿Cómo evaluar la autenticidad en esos casos? En sentido general señala Pogolotti que la autenticidad debe ser considerada atendiendo a una doble fidelidad, la que corresponde de modo esencial a la circunstancia descrita y la que mantiene el respeto a la visión subjetiva del narrador.[11] De ellas resulta vital, en el ámbito del patrimonio cultural, la segunda; en tanto, entre el bien cultural (lo objetivo) y el narrador (lo subjetivo), el valor del bien se sitúa en la conciencia, es el narrador quien otorga la cualidad al bien cultural y con ello la jerarquía del "bien patrimonial", según consideración del crítico Jorge Mañach.[12]
En aras del disfrute de los elementos referidos por Varona y Pogolotti, y a fin de socializar documentos primarios se citan, in extenso, cuatro fragmentos de Crónicas de la guerra directamente relacionados con el escenario de Mantua, apreciaciones que desde la otredad apuntan a una búsqueda de identidad en los mantuanos y pinareños en general. Se ha utilizado como fuente la transcripción de los acontecimientos ocurridos entre el 15 y 22 de enero publicada por Mariano Jiménez en Calendario Cubano.[13]
Obsérvese en el primero de ellos la relación que establece el cronista entre paisaje geográfico y el ser pinareño, pero también, implícitamente, el lugar que ocupan los Vueltabajeros en la columna invasora.
El día 22 partió de Guane la columna invasora, llevando de vanguardia el regimiento de Vuelta Abajo. Era la última jornada de la expedición occidental. Íbamos a Mantua: ¡hermoso y memorable día! Aun veíamos los cerros de Guane, azules y pintorescos, y las ondas del Cuyaguateje marchando lentamente hacia el mar; sobre nuestro flanco se alzaba la cordillera de los Órganos con sus picos cubiertos por las nubes, y se descorría la espléndida decoración de Montezuelo, el paisaje más brillante de Vuelta Abajo. Todo es singularmente hermoso en este lugar: el abra de los montes, el color de la tierra, el color de la montaña, las fajas de cultivo, el verde profundo de la vegetación silvestre y la alegría de sus mozas, que parecen haber tomado de la risueña decoración el matiz y el jugo vital. Todo cantaba en Montezuelo: el río, el aire, el rumor del bosque, la tropa voladora y la gallarda juventud.
El segundo y el tercero colocan en espacio y tiempo los bienes y expresiones culturales que se erigen en hitos del acontecimiento, un conjunto de elementos que han de servir de referencia para volver una y otra vez en aras de reconstruir (revivir) el suceso ante las nuevas generaciones. El primero de ellos ubica a los lectores en lo ocurrido el 22 de enero, llegada al pueblo y recibimiento; el otro, lo acontecido el 23, redacción, lectura y firma del Acta.
La marcha fue dura; de un solo tirón se anduvieron las siete leguas y un pico largo, que medían de un lugar a otro, de Guane a Mantua. La patrulla exploradora señaló el pueblo de Mantua a las tres de la tarde. Una comisión de la villa, compuesta de las autoridades y vecinos de más prestigio, pasó a felicitar al general Maceo en las afueras de la localidad, y una hora después, cuatro de la tarde, el repique de campanas anunciaba al ejército libertador el término de la gloriosa campaña de Invasión, con la entrada triunfal en Mantua, último baluarte español del lejano Occidente. ¡Al fin, se obtenía la corona del verde laurel, la guirnalda de la victoria militar! ¡Estaban colmados los deseos de nuestro famoso caudillo!
Acampa la Columna a las afueras del poblado a las 3:00 pm., lugar al que arriba una comisión de la villa para felicitar al general Maceo; una hora después, a las 4:00 pm., el repique de campana por la iglesia parroquial comunicando el término de la gloriosa campaña. ¿Quiénes integran la comisión?, ¿no los conoce el cronista? ¿no son insurrectos? ¿no participan de la Gloria?
El tercer fragmento está directamente relacionado con el Acta redactada en Mantua al término de la invasión, “facsímil” que reproduce Bohemia, un documento histórico cuya importancia cultural (y por tanto, patrimonial) desborda la simbólica autenticidad del facsímile, en tanto expresión de una comunidad que, aunque diversa en origen y cultura, manifiesta unidad en un acto público para otorgar legitimidad social al acontecimiento histórico, un signo que podríamos interpretar como continuidad del democrático papel que compete al cabildo o ayuntamiento de las ciudades medievales a las que en término de mentalidad estamos unidos.
En la sala capitular del pueblo de Mantua se levantó el acta histórica de la Invasión. Los pinareños que se unieron en Guane y demás caseríos limítrofes, coordinaron, con muy buen acierto, el programa oficial de la recepción. // En el acta se hizo constar la situación geográfica del pueblo, situado en el extremo occidental de la Isla; y que el general Maceo, con las fuerzas a sus órdenes, había ocupado la localidad y todo el término municipal, respetando vidas y haciendas, y dejado en el ejercicio de sus funciones a las autoridades y empleados del gobierno español, a fin de que contribuyeran a mantener el orden interior de la población. Firmaron dicho documento el general Antonio Maceo, su jefe de Estado Mayor José Miró, que pidió copia certificada del acta, el brigadier Juan Bruno Zayas, el gobernador civil Oscar Justiniani, el auditor de guerra José Antonio Caigas, por parte los insurrectos, y por la de los españoles, allí congregados, el Alcalde, el juez municipal, un notario y propietarios y comerciantes de Mantua.
En el formato de toda Acta Capitular, que da inicio con la ubicación del cabildo y los que hacen acto de presencia en la sesión, no ha de pasar por alto que ha revelado Miró en su crónica solo el nombre y cargo de los insurrectos, privando con ello de visibilidad al Alcalde, el Juez Municipal, el Notario y los propietarios y comerciantes, entre otros; exclusión que tendrán que desterrar los mantuanos a partir de la copia certificada que ha quedado archivada en su Ayuntamiento.
El cuarto fragmento de Miró da testimonio de la connotación nacional del hecho histórico en el ámbito geográfico al acotar el origen de los invasores allí reunidos y, junto a ello, declara su valoración personal por el Titán de Bronce:
Al llegar a los confines de Occidente, repicando las campanas de Mantua, aun venían en la columna invasora hombres de la Sierra Maestra, de Bayamo, de Santiago de Cuba, de Manzanillo, de Holguín, de Mayarí, de Guantánamo y de Baracoa; ¡qué prodigio! Esos hombres habían relevado caballos en Camagüey, en las Villas, en Matanzas, en la Habana, en la carretera de Pinar del Río, ¡como si estos lugares fuesen casas de postas al servicio del viajero! Sólo Maceo, primer soldado de América, nuestro Aníbal sin competidor, nombre glorioso que ya sonó en las campañas de Alejandro Magno, hubiera sido capaz de conducir a feliz remate empresa de tal magnitud, ardua y peligrosa como ninguna; únicamente él, batallador audaz, capitán intrépido, soldado infatigable, siempre delantero, podía abrir el camino de la victoria, e imponer su autoridad indiscutible a esos hombres de la sierra de Guantánamo y de los pinares de Mayarí, agrestes y bravos como los picos de aquellos montes.
En versión crítica del Diario de la brigada del Ejército Occidental, de Enrique Collazo Tejada, los investigadores Enrique Ginebra Ginebra y Juan Carlos Rodríguez Díaz subrayan:
El general José Miró Argenter en sus Crónicas de la Guerra, se encargó de revelar todos los detalles de la Invasión y la campaña posterior desarrollada en Pinar del Río, pero desde una posición centralizada a partir de la figura del Titán de Bronce. Por ello, casi nada se conocía de forma oficial sobre el papel desempeñado por los combatientes que operaban en la parte más occidental del territorio durante 1896 […].[14]
¿Cómo entender el actuar de Miró? La llegada de José Miró Argenter (Barcelona, 1851 - La Habana, 1925) a Cuba está relacionada con la inmigración de catalanes a la Isla. Miró es enviado por su padre con el fin de establecerse como comerciante en la capitalina firma Barahona y Domenech, a cargo de antiguos conocidos. Dos años más tarde se traslada a Santiago de Cuba por invitación de los hermanos Catasús, también compatriotas, donde conoce al Mayor General Antonio Maceo en el almuerzo de despedida que se le ofreciera el 8 de mayo de 1878 en el ingenio “Río Grande”.
Su inicio en el periodismo y la experiencia desarrollada en la fundación de varios diarios otorgan a sus crónicas de guerra un singular lirismo, revelándolas como textos sujetos a análisis a partir de las referidas recomendaciones de Enrique José Varona y Graziella Pogolotti. Miró no solo ofrece un documento histórico de la Invasión, sino también una consciente representación de la misma, objeto de atención en el estudio del patrimonio cultural. De sus vínculos a la historia constan el haber sido jefe del Archivo del Ejército Libertador y miembro de la Academia de la Historia y, en el ámbito de las construcciones conmemorativas, se considera el principal promotor del conjunto escultórico erigido a Maceo en el malecón habanero, lo que le valió el honor de pronunciar el discurso central en el acto de su inauguración el 20 de mayo de 1916, por el presidente de la República, Mario García Menocal. Ante su muerte, René González Barrios comenta: “Cuba perdía a uno de los más apasionados cantores de la gesta gloriosa del 95”.
Para una caracterización de los lazos afectivos fomentados en la Invasión por Antonio Maceo se hace una aproximación al artículo “José Miró Argenter, de Cataluña a Cuba (II)”, de René González Barrios, publicado en Granma, La Habana, el sábado 5 de mayo de 2025.[15]
Subraya González Barrios que el Brigadier Bernabé Boza, Jefe del Estado Mayor de Máximo Gómez, lo describe como “catalán criollo, nervioso y exagerado hasta el colmo de la exageración, pero delicado y pundonoroso hasta el heroísmo”, quien sentía por Maceo “inmensa devoción”; parecer que corrobora el Coronel Manuel Piedra Martel, “compañero de ambos durante la invasión” al calificarlo como “un apasionado de Maceo”, enunciando no haber en ello “ni simulación ni cálculo de medio: su devoción era sincera y desinteresada”, quien también describe el sentir de Miró ante la muerte de Maceo en San Pedro con las siguientes palabras: “Miró no solo estaba herido físicamente, sino aniquilado en lo moral. Su afecto por el hombre que acababa de sucumbir alcanzaba los límites de la adoración, y en el héroe desaparecido había vinculado, con la victoria en el campo de batalla, los destinos de Cuba”.
Trascribe René González fragmentos de la carta enviada por Miró a Perfecto Lacoste, presidente de la Junta Revolucionaria de La Habana tras la tragedia de San Pedro:
San Pedro (Habana) 8 de diciembre de 1896. // Mi estimado amigo: En un combate que libramos ayer en San Pedro cayó para siempre nuestro ilustre caudillo el general Maceo. No tengo frases con que expresar el dolor. He llorado mucho sobre su cadáver y al darle hoy el último adiós junto a la fosa abierta, parecíame que todo vacilaba y se hundía, desde mi existencia hasta la santa causa de la redención de Cuba. // ¡Qué triunfo para los españoles! // Yo he empapado mi pañuelo en la sangre de mi querido General para que me sirva de estímulo si alguna vez me sintiera débil. // Miró.
Si se tiene en cuenta que correspondió a Miró la redacción del “Compendio de las operaciones militares realizadas por el Ejército Invasor, desde su salida de Baraguá, Oriente, hasta su llegada a Mantua, con notas, apéndices, cuadros estadísticos de las bajas sufridas y armamento ocupado al enemigo, de las distancias y sitios recorridos, así como una copia certificada del acta del Ayuntamiento de Mantua”, enviado al delegado Estrada Palma, en Nueva York, con fecha 23 de enero, desde donde circulara al mundo,[16] no se ha de dudar de la importancia que tuvo el cronista en las primeras representaciones que de la Invasión fueron realizadas en el ámbito internacional y, desde allí, al contexto cubano.
La observación de Enrique Ginebra Ginebra y Juan Carlos Rodríguez Díaz puede encontrar argumento en el comentado trabajo de René González, apoyando con ello no solo el necesario examen del protagonismo desempeñado por los pinareños en la historia de la Invasión, sino también la revelación del sentir que acompaña la construcción de significados en los bienes y expresiones culturales en la localidad. Los resultados investigativos de Enrique Pertierra Serra, frutos del diálogo de las crónicas de Miró con otras fuentes, ofrecen luces al respecto, revelando un caudal de información que ponen en valor el sistema de bienes y expresiones culturales que dan permanencia a su valoración como bienes del patrimonio cultural no solo para los habitantes del territorio municipal, sino también para toda la nación.[17]
Para la puesta en valor del Acta referida en Bohemia (1966), se reproduce aquí la copia publicada en el marco del Cincuentenario de la Invasión por Heraldo Pinareño, en la edición del martes 22 de enero de 1946. Obsérvese en ella, no solo los elementos a los que ofrece prioridad Miró en correspondencia con su misión, sino también su potencialidad como testimonio de un entendimiento social con el nítido empeño de construir un espacio de progreso tanto para el terruño como para la Nación.

DOCUMENTO HISTÓRICO
EL TÉRMINO DE LA INVASIÓN
ACTA
En el pueblo de Mantua a los veintitrés días del mes de enero de 1896, reunidos en la Sala de Sesiones de la Casa Capitular los vecinos de más arraigo de la localidad, sin distinción, de personas políticas, bajo la presidencia del señor Alcalde Municipal, estando presente en la sesión el Lugarteniente General y Jefe del Ejército Invasor José Miró Argenter y Jefe de la 1ra Brigada de Las Villas, Juan Bruno Zayas, se hace constar: // PRIMERO: Que el pueblo de Mantua está situado al extremo de la Isla, en la provincia de Pinar del Río. // SEGUNDO: Que el General Maceo, con las fuerzas a sus órdenes, ha ocupado la población y término municipal, habiendo sido respetado vidas y bienes de todas clases, guardando el orden público de sus tropas y dejado en el ejercicio de sus funciones a las Autoridades y empleados que tenía el Gobierno español y que visto el proceder del Ejército Libertador y de sus jefes, se adhieren a sus principios y fines creyendo que redundará no solo en beneficio de esta comarca empobrecida de antes por las múltiples exacciones de que se le hacía víctima sí que también del país entero que sufría el mismo mal tratamiento. // Y representando los presentes las fuerzas vivas del territorio, en la propiedad inmueble, en la ganadería, en la industria, en el comercio, en las artes en las profesiones, en el crédito y en la agricultura, firman las demás que al margen se expresan con los antes mencionados día de su fecha y por mí el Secretario que certifico-. A. MACEO.- Juan B. Zayas.- José Miró, Jefe de Estado Mayor.- Martín Villamil, Pbro.- José Fernández, Alcalde.- Oscar Justiniani, Gobernador.- Nicolás Reyes, Juez Municipal.- Lic. José Antonio Cañias, Auditor de Guerra.- Santiago Muguruza, Juez Municipal Suplente.- Simón Docal, Regidor del Ayuntamiento.- Dr. S. Carbonell, Notario Público.- Pedro Lozano, Profesor de Instrucción.- Manuel Rego.- José Granda.- Antonio Hernández Quintana.- Braulio B. Blanco.- José A. Peláez.- El Secretario del Ayuntamiento, Pedro Sánchez. // El infrascrito Secretario que suscribe certifica: // Que a petición del Gobernador Civil Oscar A. Justiniani, se le entregó el presente original quedando archivada copia certificada del mismo.- Mantua, 23 de Enero de 1895.- PEDRO SÁNCHEZ.[18]
Consta en las firmas de este documento la presencia de Martín Villamil, el presbítero encargado del repique de campanas que dio bienvenida al Ejército Invasor desde la iglesia parroquial; José Fernández, Alcalde de Mantua, Nicolás Reyes y Santiago Muguruza, en los cargos de Juez Municipal y suplente; Simón Docal, Regidor del Ayuntamiento; el doctor S. Carbonell, Notario Público del término; Pedro Lozano, Profesor de Instrucción; entre los propietarios y comerciantes, Manuel Rego, José Granda, Antonio Hernández Quintana, Braulio B. Blanco, José A. Peláez y, en función de Secretario del Ayuntamiento, Pedro Sánchez. Un grupo de figuras que desde su vida cotidiana o profesional tributan al fomento y enriquecimiento de los valores otorgados a los bienes simbólicamente asociados al término de la Invasión en Mantua.
La representación del “acontecimiento mantuano” forma parte sustancial de la Invasión, de ahí que no esté al margen de los textos de Historia de Cuba. El Dr. Ramiro Guerra Sánchez, en Historia elemental de Cuba (1922), interesado en la formación patriótica de la niñez y la adolescencia, dedica un epígrafe al tema, donde califica al Titán de Bronce como “el más famoso de los generales cubanos”, cuya muerte “produjo un dolor profundo en el campo revolucionario”, pues con ello “el Ejercito Libertador perdió el primero de sus generales”; subraya también, que ha sido “sepultado en un sitio llamado Cacahual, donde se ha elevado un monumento a su memoria”;[19] comentario que repercute en la consideración de las construcciones conmemorativas como documentos históricos, a los que deben acudir los maestros en la práctica de visitas y excursiones “suscitando la estimación, fundada y racional, y el amor vivo y ardiente a la patria, sin la cual no se puede ser buen ciudadano, en la más noble, amplia y profunda acepción de la palabra”.[20] Iconográficamente emplea el pedagogo la representación de un mapa de la invasión y una fotografía de su principal protagonista.[21]

Una de las tipologías del Patrimonio Cultural que mayores inscripciones tiene es la de “sitio histórico”, la que designa el lugar o escenario en el que ha tenido lugar no solo el acontecimiento vinculado a la historia épica o política de la nación, sino también de la ciencia, el arte, la economía, la religión…. Lo singular es que, por lo general, para marcar su legitimidad, se realiza una construcción conmemorativa asociada al lugar, cuya valoración desborda su carácter informativo para devenir testimonio de su tiempo histórico, tanto por sus elementos constitutivos como por ser expresión de un grupo social o una comunidad. Mantua adquiere su primera construcción conmemorativa en el Monumento al Soldado Invasor, “el único homenaje físico en Cuba a todos los integrantes de la Columna Invasora de 1896”,[22] al decir de Adalina Hernández Urquiola, estudiante de primer año de periodismo. ¿Qué valores atribuir a dicho monumento?
En “La invasión de Oriente a Occidente: una gesta y un monumento para perpetuarla", el profesor Ariel Lemes Batista inicia el abordaje del Monumento al Soldado Invasor enunciando: “Si de esta gesta ha corrido un río de tinta, sobre la creación del monumento para inmortalizarla no se ha escrito nada, o casi nada”,[23] e inicia su historia con su principal gestor, el espirituano León Brunet Ramírez, “redactor del periódico El Triunfo y Vicesecretario de la Asociación de la Prensa en Cuba”, quien en los Juegos Florales de 1929, en el Auditorio de La Habana, hace pública la decisión de construir en Mantua una estatua al soldado invasor, y declara:
La gesta magnífica y gloriosa de la Invasión en nuestro monumento es una consagración digna del esfuerzo que hicieron nuestros hermanos por conquistar la libertad de esta querida tierra, que en Mantua se levantará para honrar a las generaciones en piedra, el bronce y el mármol que diga a la posteridad que allí tuvo culminación el esfuerzo más grande de nuestra Historia por hacernos libres e independientes.
La Asociación de la Prensa de Cuba (1902-1963), partícipe de proyectos culturales y rememoraciones patrióticas, ante la propuesta de su Vicepresidente crea un Comité Gestor Nacional encabezado por el coronel Carlos Machado y Morales, congresista e invasor bajo la dirección de Juan Bruno Zayas, líder del Partido Liberal de Cuba en el Senado y director del Heraldo de Cuba; y, entre los comisionados, personalidades a los que les acompaña la experiencia de haber estado vinculados de forma directa al acontecimiento que se pretende perpetuar, a su espacio geográfico, o a instituciones fraternales vinculadas al civismo y sus aportes a la estatuaria en Cuba, lo que les convierte en miembros de una comunidad sentidamente vinculada a la construcción conmemorativa.
Por solo citar algunos, el bayamés Carlos Gonzáles Clavel, senador por Oriente entre 1921 y 1933, había ingresado al estado mayor del general Antonio Maceo como ayudante de campo y durante las campañas de Pinar del Río se destacó en el combate de Ceja del Negro;[24] el general y doctor espirituano Santiago García Cañizares, participó en la Invasión de Oriente hasta Las Villas; el doctor Manuel Ruiz, arzobispo de San Cristóbal de La Habana, había sido obispo de Pinar del Río entre 1897 y 1925; Antonio Iraizos y del Villar, exembajador de Cuba en Portugal y vicepresidente de la Asociación, además de Doctor en Pedagogía y en Filosofía y Letras, poseía el mérito de Venerable Maestro de la respetable logia Fe Masónica y, entre 1928- 1931, el de Gran Maestro de la Masonería en Cuba. La secretaría quedaba a cargo del propio Brunet Ramírez.
Integraban el Comité los directores de todos los periódicos de la nación, entre ellos los coroneles Francisco López Leyva, Juan Manuel Menocal y José Clemente Vivanco. López Leyva, periodista e historiador que formó parte de la Academia de la Historia de Cuba a partir de 1930, se incorporó a las fuerzas invasoras en el combate de Mal Tiempo hasta arribar a Mantua y “según algunos historiadores cubanos, escribió de su puño y letra el acta que se levantó en el ayuntamiento de Mantua, para constancia de que el Ejército Libertador había llegado al extremo más occidental de la Isla de Cuba”;[25] y Vivanco, abogado y periodista, ingresó a la Columna bajo las órdenes de Maceo y fue uno de los que, junto al joven Enrique Loynaz del Castillo, compuso el Himno Invasor.
En condición de miembros de honor, Gerardo Lorenzo Machado y Morales, presidente de la República; Modesto Morales Díaz, ex presidente de la Asociación; Lizardo Muñoz Sañudo[26], ex Venerable Maestro de la Logia Fe Masónica; el doctor Emeterio Santovenia, de la Academia de la Historia de Cuba y Saturnino Escoto Carrión, exrepresentante de la Cámara y director de La Voz de la Razón, órgano excepcional para la causa revolucionaria de 1895 que no sale a la luz hasta poco antes del 24 de febrero de 1895. De ellos, téngase presente que Emeterio Santiago Santovenia Echaide, historiador y periodista mantuano, publica en 1923 Historia de Mantua, y en 1925 editó Historia de Pinar del Río, producción que lo coloca doblemente comprometido con la obra conmemorativa.
Precisa Lemes Batista que el doctor Miguel Ángel Díaz, notario público, levantó el acta de la junta preliminar el 20 de julio 1929, en la que se relaciona los nombres de los integrantes del Comité Gestor y otros importantes datos. También ese año el Heraldo de Cuba publica un facsímil del Acta del Ayuntamiento de Mantua a la que acompaña la siguiente nota:

Este documento de inapreciable valor histórico en nuestra patria constituye un obsequio de una familia de abolengo libertador, que ha recibido recientemente, estimando en lo que vale, el General Machado. A un rasgo de gentileza de nuestro Presidente que nos lo ha facilitado al objeto de obtener la copia fotográfica, debemos la oportunidad –que agradecerán con nosotros los lectores de Heraldo de Cuba– de insertar el Acta auténtica de la famosa sesión del Ayuntamiento de Mantua el 23 de Enero de 1896, episodio final de la Invasión. Este documento aunque conocido en su texto no había sido publicado todavía en forma gráfica, y por lo tanto puede juzgarse realmente inédito.[27]
A tan altos niveles de gestión el proyecto es amparado mediante un Decreto Ley que concede la suma de 10 mil pesos por medio de colectas públicas y festivales, y se suman instituciones como la Alianza Nacional Feminista. Participantes del Comité Pro-Monumento al Soldado Invasor como Santovenia, Enrique Loynaz del Castillo, Rafael María Ángulo, Domingo Méndez Capote y otros, ofrecen discursos sobre los independentistas y la importancia histórica de la trascendental epopeya. Téngase en cuenta que el alcance social de la obra que se promueve es en honor a los invasores, no a uno de sus adalides, “un símbolo ante los ojos de Cuba y del mundo que imprimiría a Mantua el realce y el colofón del patriotismo, como altar venerado de la nación”.[28]
Para su diseño y ejecución la Asociación convoca a un concurso al que responden ocho propuestas, quedando seleccionado el del escultor Juan José Sicre y Vélez, y el arquitecto, ingeniero civil e historiador José María Bens Arrarte, creadores que ocupan un lugar significativo en el sistema institucional de la cultura cubana en la primera mitad del siglo XX y, en particular, en el naciente proceso de patrimonialización. Los datos biográficos demuestran que Sicre se vincula a la Comisión Intelectual de Monumentos y Lugares Históricos de La Habana, a la Comisión Intelectual Pro-Museo Nacional y a la UNESCO y, destaca en su producción artística la ejecución de la estatua de José Martí para el Monumento al Héroe Nacional en la Plaza Cívica en 1958, actual Plaza de la Revolución. El Monumento al Soldado Invasor, es la primera de sus obras emplazadas en un espacio urbano.[29] Bens Arrarte, fue miembro de la Academia e Ciencias y Letras y Delegado de la Comisión Nacional de Arqueología y Etnología; entre sus obras constan, entre otras, el senado de la Biblioteca, el Salón Martí y el decorado del Salón de los Pasos Perdidos, en el Capitolio.[30]
En términos constructivos la primera construcción conmemorativa de la Invasión en Mantua constituye un bien cultural cuya potencialidad patrimonial queda sujeta no solo a las coordenadas del contexto en que se gesta y ejecuta el proyecto, sino también al quehacer del arte y sus artistas. Guy Pérez Cisneros, crítico de arte que sustenta la subjetividad como columna de la valoración en tanto “las obras de arte nacen, en primer lugar, del sentimiento” y “el sentimiento las recibe, les da vida y las juzga”,[31] declara acerca del quehacer de Sicre:
Con Juan José Sicre llegamos a uno de nuestros escultores de obra más importante. En el encargo oficial ha sabido llevar intactos su estilo y su personalidad. En la pedagogía (es profesor de San Alejandro) ha dejado siempre afectuosos recuerdos en todos sus alumnos, por su amplia comprensión de todos los temperamentos y los consejos definitivos bondadosos que ha prodigado. Así, pues, en la escultura ha dejado una influencia personal que puede quizás considerarse paralela a la de Víctor Manuel en la pintura, por su importancia histórica. Su estilo “algo estilizado” y por ende decorativo, muestra, sin embargo, una notable serenidad, y una segura elegancia que lo emparentan con su maestro Bourdelle.[32]
El profesor e investigador de Historia del Arte Luis de Soto y Sagarra, por su lado, acota: “En sus figuras y composiciones, lo mismo que en sus relieves, puede observarse esa ductilidad de su temperamento, ese constante anhelo de superación de este escultor que, tras cinco lustros de producción fecunda, lejos de anquilosarse se renueva constantemente y se mantiene hoy con la misma inquietud creadora e idéntico vigor como en los días en que iniciaba su carrera artística, que se traduce en una serie ininterrumpida de “hallazgos” y de triunfos”;[33] de modo que Mantua no solo tiene el primer monumento conmemorativo de la Invasión, sino también uno de los primeros exponentes de Juan José Sicre y Vélez, un cubano capaz de rendir tributo a las más sobresalientes figuras de la Isla en un lenguaje de vanguardia, al margen de los cánones neoclásicos impuestos en América por sus gobiernos al ejército de artistas italianos que cubrieron esa labor durante el primer cuarto de la República Neocolonial.
Le asiste a Mantua contar, probablemente, con el primer ejemplo del arte moderno en construcciones conmemorativas emplazadas en espacio público en Cuba, antecedente histórico en la contemporaneidad que ofrece a las construcciones conmemorativas su ubicación en Mantua, lugar del acontecimiento histórico, distante del área central de uno del parques urbanos heredados del periodo colonial o la construcción de una plaza cuyos valores define la obra desde el punto de vista estético y ambiental, del cual es exponente el conjunto escultórico erigido a Maceo en el malecón de la capital cubana en 1916.
En el proceso de ejecución e inauguración del monumento, la significación del acontecimiento histórico y la estrategia de su gestor para lograr su realización, subyace el contrapunteo entre lo local y lo nacional, un laberinto en el que lo local termina silenciado o al margen de la auténtica visibilidad que le corresponde. Al respecto, las siguientes observaciones: 1) para dejar iniciada la obra, en acto público, en 1932, se coloca la primera piedra en la confluencia de la carretera de Guane y el inicio de la calle Real, espacio de emplazamiento, 2) los materiales, en su totalidad, llegaron a Mantua desde La Habana al puerto de Los Arroyos, 3) como indica la costumbre de la época, al fundir los cimientos de la columna-pedestal que sostiene al Soldado, se colocaron dentro del hormigón botellas lacradas con monedas y periódicos de entonces, 4) si fuentes del Museo Municipal de Mantua evidencian que fue inaugurada el 19 de septiembre de 1933, a las cuatro de la tarde, Bohemia la declara haber tenido lugar dos años después, en relación con el 4 de agosto de 1935,[34] vinculada a la terminación del parque que por acuerdo del Ayuntamiento del 30 de Mayo de 1933, promueve el doctor Ramón Granda, alcalde de Mantua.
La imagen publicada en Bohemia es acompañada por la siguiente nota:
Señalando en bronce y granito el final de la épica jornada del soldado invasor. // (4 de Agosto de 1935) // La iniciativa del Presidente de la “Asociación de la Prensa de Cuba”, ha cristalizado en la bella realidad: el monumento al Soldado Invasor, obra del notable escultor Juan José Sicre, -tallada en piedra de Jaimanitas y en bronce y granito alemán-, que acaban de develar los familiares del Titán de Bronce, en los confines de Pinar del Río. La Ruta de la Invasión, el acta levantada por Maceo en el Ayuntamiento de Mantua, están allí perpetuadas para siempre en hermosa figura que corona el máximo protagonista de esa épica gesta: el Soldado Invasor!

Heraldo Pinareño, diario de vanguardia en la región vueltabajera que debió asumir la referida inauguración del 19 de septiembre de 1933 no ha sido localizado; en relación con la del 4 de agosto de 1934, en una edición de julio se reproduce el siguiente anuncio:
Comité Nacional del Monumento al Soldado Invasor. // Al Pueblo de Cuba // En sesión celebrada por el Comité que me honro en presidir se acordó celebrar, el día cuatro de Agosto próximo, la inauguración del Monumento que se ha levantado en Mantua al Soldado Invasor, por la feliz iniciativa de la Asociación de la Prensa, y con el esfuerzo de los que entendíamos era una obra patriótica por la que ya se había esperado demasiado. // Invitamos para este acto a los compañeros de armas de los soldados invasores que supieron sufrir y luchar por la libertad de la patria esclava, a los que, sin estar a su lado, sabían sentir como ellos; a la nueva generación que no llegó a tiempo para tomar parte en la patriótica empresa y a todos los que, viviendo en Cuba, gozan con sus glorias y sienten con sus penas. // Vamos allí a tributar honores a los que honor merecen. A dejar algo que, aunque sea modesto recuerde a las generaciones lo que supo hacerse desde Baraguá hasta Mantua, lo que hizo el esfuerzo del cubano cuando lo empujaba el deber y lo sostenía la nobleza del ideal.[35]
Para Ariel Lemes Batista, el monumento al Soldado Invasor, “Por su simbolismo, es declarado Monumento Nacional por Decreto Ley No.207, el 3 de septiembre de ese mismo año; título ratificado el 11 de abril de 1991 por la Comisión de Monumentos Históricos” y, en relación con su resignificación mediante su representación indica: “La gesta y el obelisco poseen tanta importancia para los mantuanos, que el escudo de la localidad, creado 1946 por el maestro Esteban Valderrama y Piña, entre otros elementos, en sus dos tercios inferiores figura, en primer lugar, el Monumento al Soldado Invasor”.
Mas el análisis de dicha declaratoria, y el Decreto Ley a que hace referencia el periodista e investigador, pertenecen a la etapa de Patrimonialización de Mantua, un tema que por su complejidad y a tono con la implementación de la Ley 155/22 y el papel que ha de jugar la administración municipal en ello, merece otro espacio.
[1] Ramiro Guerra Sánchez: “A los Maestros”, p. 3, en su Historia elemental de Cuba, 7ma. Ed., [pp. 3-6], Cultura, Habana, 1943.
[2] Consejo Nacional de Patrimonio Cultural: “Mantua”, en Monumentos Nacionales de la República de Cuba, p. 220, Ed. Collage Ediciones, La Habana, 2015. En el territorio pinareño acompaña a Mantua el sitio histórico Ceja del Negro, en Consolación del Sur, “Lugar donde el mayor general Antonio Maceo y Grajales libró el combate más cruento de toda la guerra de independencia, el 4 de octubre de 1896”, p. 221.
[3] Maya Loreno Pérez Ruiz identifica en El patrimonio cultural de México, compilación del investigador Enrique Florescano tres grandes enfoques del patrimonio cultural: 1) El patrimonio cultural como construcción social, 2) El patrimonio cultural como el conjunto de bienes de los pueblos y la humanidad, y 3) Reflexiones, aportaciones y críticas a la legislación y acción cultural del Estado. V.: “Reseña de «El patrimonio cultural de México» de Enrique Florescano (comp.)”, Alteridades, 8(18):183-186, México, julio-diciembre de 1998.
[4] Ibídem.
[5] Ibídem.
[6] Yamile Deriche Redondo: “Patrimonio y subjetividades: idas y vueltas”, pp. 36-37, en Fabiola Yazmín Rodríguez Orantes (coord.): Patrimonio cultural y natural. Reflexiones para la acción, pp. 35-52, Universidad de Baja California Sur, México, 2024. La autora no establece jerarquía entre esos elementos. Teniendo en cuenta su historicidad y permanencia han sido ordenados en función de los objetivos de este trabajo (MATH).
[7] Enrique Pertierra Serra: Historia de Mantua II (1492-1898), Nota de contracubierta, Ediciones Loynaz, Pinar del Río, 2014.
[8] Dolores de la Torre Urdinavia (Manzanillo, 1907 – La Habana, 1985). Periodista reconocida como crítica, profesora, abogada, conferencista, escritora y ensayista cuya obra se recoge en El Mundo, Bohemia, Carteles, El País y Prensa Libre. Utilizó como seudónimos el nombre Loló de la Torriente. Iraida Calzadilla Rodríguez y Roger Ricardo Luis: “Rotativa del tiempo: Loló de la Torriente”, Cuba periodistas, 19 de enero de 2025, https://www.cubaperiodistas.cu/2025&01/lolo-de-la-torriente [16-1-2026].
[9] María Luz de Nora: “Mantua: la meta victoriosa de la Invasión”, Biblioteca Nacional de Cuba “José Martí” (BNCJM). Bohemia, 58(48):100-101, La Habana, 2 de diciembre de 1966.
[10] Enrique José Varona: “Cómo ha de estudiarse la literatura”, p. 49, en Ana Cairo Ballester (Comp.): Letras. Cultura en Cuba, 9(6):49 [pp. 49-51], Ed. Pueblo y Educación, Ciudad de La Habana, 1989.
[11] V.: Graziella Pogolotti: "Los distintos modo de la autenticidad", Universidad de La Habana, (198-199):203-207, La Habana, enero-agosto de 1973; en Ana Cairo Ballester: Letras. Cultura en Cuba, (5):387-390, Letras Cubanas, La Habana, 1988.
[12] V.: Luz Merino Acosta: Jorge Mañach. Crítico de arte?, Ed. Letras Cubanas, La Habana, 2019.
[13] José Miró Argenter: “Cuba. Crónicas de la Guerra [La Campaña de Invasión], t. I, 2da Ed., Editorial Lex, La Habana, 1942, pp. 323-337; en Mariano Jimenez: “La Invasión Libertadora del 15 al 22 de enero por José Miró Argenter”, Calendario Cubano, 1ro de agosto de 2008. https://www.calendariocubano.com [14-1-2026].
[14] Enrique Ginebra Ginebra y Juan Carlos Rodríguez Díaz (comp., prólogo y notas): Diario Brigada Occidental. Enrique Collazo Tejada, p. 9, Ed. Loynaz, Pinar del Río, 2011.
[15] René González Barrios: “José Miró Argenter, de Cataluña a Cuba (II)”, Granma, La Habana, sábado 5 de mayo de 2025, p. 5. Las citas no referenciadas corresponden a este artículo.
[16] Enrique Pertierra Serra: La guerra de liberación en Mantua (1895-1898), p. 26, Ediciones Loynaz, Pinar del Río, 2019.
[17] V.: Enrique Pertierra Serra: “IV. Mantua, fin de la Invasión”, en su La guerra de liberación en Mantua (1895/1898), pp. 21-33, Colección Raíces, Ediciones Loynaz, Pinar del Río, 2019.
[18] BNCJM. Heraldo Pinareño, 23(1757):1, Pinar del Río, martes 22 de enero de 1946.
[19] V. Ramiro Guerra Sánchez: Historia elemental de Cuba, p 250, 7ma. Ed., Ed Cultura, Habana, 1943.
[20] Ibíd., p. 372.
[21] No es casual que el 22 de enero de 1946 el Heraldo Pinareño publicara en su primera página “La Habana, Enero 22.- (Especial).- En horas de la noche de ayer se anunció oficialmente en Palacio que el doctor Grau, había firmado un Decreto Presidencial designando al doctor Ramiro Guerra representante de Cuba ante el Consejo Económico y Social de la Organización de las Naciones Unidas. BNCJM. Heraldo Pinareño, 23(1757):1, Pinar del Río, martes 22 de enero de 1946. La señalización de Mantua en el mapa corresponde al autor de este trabajo [MATH].
[22] Adalina Hernández Urquiola: "Un mambí de bronce", Blog Isla al Sur, 2 de julio de 2018, https://islalsur.wordpress.com/2018/07/02/un-mambi-de-bronce/ [17-1-2026].
[23] Ariel Lemes Batista: "La invasión de Oriente a Occidente: una gesta y un monumento para perpetuarla", Monografía, [s/f]. https://www.monografias.com/trabajos38/invasion-oriente-occidente/invasion-oriente-occidente2 [18-1-2026].
[24] En el ámbito patrimonial, el Museo Provincial Emilio Bacardí Moreau de Santiago de Cuba conserva sus diarios de campaña. V.: Oscar Callard Mustelier: “Carlos González Clavel”, Museo Provincial Emilio Bacardí Moreau, 23 de febrero de 2023.
[25] “Francisco López Leyva”, EcuRed, https://www.ecured.cu/Francisco_L%C3%B3pez_Leyva [16-3-2026].
[26] Bajo el mandato de Lizardo Muñoz Sañudo la masonería cubana jugó un importante papel durante la ratificación del tratado Hay-Quesada (1925), en que EEUU finalmente reconoció la soberanía de Cuba sobre Isla de Pinos. Antonio Iraizoz de Villar, director de periódico, ministro, diplomático, miembro de las academias de artes y letras y de historia. V.: Jorge Luis Romero: “Sobre el impacto político y social de la masonería de las Antillas españolas”, Estudios caribeños, 52(1): 102, enero – junio de 2024.
[27] "Acta de la sesión del Ayuntamiento de Mantua, el 23 de enero de 1896, episodio final de la invasión", Heraldo de Cuba, La Habana, 20 de mayo de 1929; en Oficina del Historiador de la Ciudad, Biblioteca Histórica Cubana y Americana "Francisco González del Valle" y Fondo Emilio Roig de Leuchsenring, t. 60, p. 85. https://repositoriodigital.ohc.cu/s/repositoriodigital/item/6215. [15-2-2026].
[28] "Un monumento cuenta su historia: el Soldado Invasor", Ecos de Mantua, Mantua, 31 enero de 2021. http://www.ecosdemantua.cu/index.php/2021/01/31/un-monumento-cuenta-su-historia-el-soldado-invasor/ [16-3-2026].
[29] V. Ursulina Cruz Díaz: Diccionario biográfico de las artes plásticas, t 2, pp. 471-473, Ed Adagio, Ciudad de La Habana, 2007.
[30] V. Juan de las Cuevas Toraya: 500 años de construcciones en Cuba, p. 473, Ed. Chavín, La Habana, 2001.
[31] Guy Pérez Cisneros: “Del objeto y del sujeto en la crítica”,18 de noviembre de 1944, en Luz Merino Acosta (Selección y notas): Las estrategias de un crítico. Antología de la crítica de arte de Guy Pérez Cisneros, p. 23 [pp. 21-24], Ed. Letras Cubanas, La Habana, 2000.
[32] Guy Pérez Cisneros: “Pintura y escultura en 1943”, Anuario Cultural de Cuba, pp. 3-60, Ministerio de Estado, La Habana, 1944; en Luz Merino Acosta: Ob. Cit., pp. 212-213.
[33] Ursulina Cruz Díaz: Ob. Cit., p 473.
[34] BNCJM. Bohemia, 27(33):40-41, La Habana, agosto 18 de 1935.

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