Fotos: Giselle Fernández Chávez
Más de mil funciones por el mundo definen la relación del reconocido actor Tony Arroyo con el clásico personaje de Diego, el mismo que ha atravesado la literatura, el cine y el teatro con absoluta autenticidad.
Sobre la puesta Querido Diego, versión teatral del actor que, además, asume la producción y dirección general del espectáculo, conversaremos de inmediato:
Regresas a las tablas con un clásico. ¿Cómo preparaste esta nueva versión?
“Creo que en sentido general no ha sido difícil, salvo algunas situaciones devenidas de las condiciones, pero he recibido mucho apoyo del Centro Nacional de Teatro, del Ministerio de Cultura y de Jorge Mederos, director de teatros de la capital.
Para lograr esta propuesta hice un casting en el que intervinieron entre 15 y 18 personas y escogí a dos actores: Rey Gessa y Edgar Motroni. Mucha gente se me ha acercado por la elección sobre todo de Rey Gessa y, valga la aclaración, que no fue escogido por ser un actor de televisión; sino porque junto a Edgar fueron los que mejor lo hicieron, les vi mayores posibilidades. Hemos trabajado para ese objetivo: que estemos todos al mismo nivel, aunque es muy difícil actuar, autodirigirse y producir; pero, bueno, como reto es muy bueno”.

Echando el tiempo atrás, ¿cuánto ha crecido Tony Arroyo con esta puesta?
“Bueno, ya estoy camino a los sesenta y cinco años, a punto de cumplirlos, 56 años de profesión y esta puesta me enseñó todo lo que sé de teatro: desde las luces hasta el comportamiento del público, de cuando algo funciona y cuando no; han sido más de mil trescientas funciones en diferentes partes del mundo y uno aprende a conocer su oficio”.
¿Coméntanos cómo ha sido la preparación de este trabajo?
“Estuve un año sin trabajo por razones ajenas a mi voluntad y me pregunté qué podría hacer. Realmente el teatro, especialmente este texto, es algo que siempre tengo a mano, gracias a la voluntad de Senel Paz y al universo. Como hacía cerca de diez años que no me subía a un escenario pensé que era el momento de hacer algo que me trajera recuerdos, me dejara con ganas de seguir haciéndolo repetidamente, entonces cuando releí me di cuenta que el texto de Paz no había perdido en lo absoluto su vigencia. Es un clásico, por tanto, como todos los clásicos, es atemporal; además de estar muy bien escrito.
Encontrar buen material para trabajar es muy difícil y este es una maravilla; me pone muy contento saber que tengo que ir a trabajar y decir esas cosas que Senel creó hace más de treinta años”.

¿Cómo ha sido la reacción del público?
“El público ha sido maravilloso. Miriam Socarrás estuvo en una de las funciones y se quedó muy sorprendida de lo acompañante, lo arropador que fue el público y es cierto. Es una maravilla encontrarse con gente que tenga ganas de participar durante una hora y cuarto que dura el espectáculo de esta maravilla de personaje homosexual, religioso que se sostiene enfrentándose y relacionándose con un campesino homofóbico heterosexual y comunista.”
¿Con cuánto de Diego se queda Tony Arroyo?
“Me quedo con su humanidad, su libertad, a mí me encantaría ser así: pero en la realidad existen muchas máscaras para poder sobrevivir, y aun cuando intento en la medida de lo posible no tenerlas, algunas hay que asumirlas. Es un personaje admirable, adorable y cuando me leí el texto por primera vez hace cerca de cuarenta años dije: “esto tengo que hacerlo y los astros se alinearon para que sucediera.”

¿Significa esta puesta un regreso de Tony a las tablas?
“No sé si significará un regreso, está la idea de extender las funciones a otro teatro, vamos a ver, tal vez en julio o agosto y yo, encantado, ciertamente resulta difícil por razones de presupuesto, pero ya se verá... y si Diego quiere”.
Y seguramente querrá, querido Tony.

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