Una segunda “Construcción” de poesía y canción


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Fotos: Cortesía de la autora.

 

Pocas veces se puede revisitar historias de adolescencia llegada la madurez, y más cuando los protagonistas del hecho per se han marcado los días de generaciones completas tras una banda sonora que significa identidad, ética y cultura.

A Chico Buarque, al que conocí, aun de niña, en diversos escenarios de la capital, incluido el Festival Internacional de Varadero, luego de más de tres décadas sin visitar Cuba lo veo compartir, como entonces, su sensibilidad e ingenio; esta vez junto a su hermano Silvio Rodríguez.

Alejados del bullicio del escenario, de las constantes cámaras y avanzados equipos de sonido, en la sala Galich de Casa de las Américas estos dos representantes de la nueva canción latinoamericana “echaron mano” a los recuerdos y llenaron de esperanza la acogedora escena donde una vez más quedaba sellada la amistad, el respeto recíproco y el amor hacia los que no están; pero antes de marcharse nos trajeron hasta aquí.

Fue nuevamente la casa de Haydée el cobijo deseado, el hogar de la Nueva Trova Trova, el refugio de los elegidos por la palabra nueva y abierta a pesar del mundanal desprecio de unos hombres contra otros.

Cual sala acondicionada para la charla, la remembranza se alzó el saudade victorioso porque cada uno de los presentes, tras distintas circunstancias, le ha ganado tiempo al tiempo, ha vencido al terror de la decidía y la ignorancia; logrando preservar la ganancia del pensamiento por encima de la mediocridad más lastimosa.

Chico y Silvio, en poco más de una hora, además de afirmar sus proyectos de trabajo que en este caso era la grabación del clásico de Rodríguez “Sueño con serpientes”, compartieron sueños comunes atemporales, “pasaron revista” a lo que ha sido la historia de sus relaciones de vida a través de ese hilo mágico que es la música y tendieron nuevos puentes de entendimiento mediante esas melodías “añejas” que como dijera otra colega cantautora no se extraviaron; por el contrario se convirtieron en punto y referente para que otras generaciones apostaran por lo pensante, lo valedero y lo esencial para el ser humano.

Fue un encuentro signado por la verdad en la que entrelazaron fe de vidas como los más de cincuenta años de unión del maestro y compositor José María Vitier y su esposa, la artista de la plástica Silvia Rodríguez Rivero, quienes se enamoraron con la música de Chico; por su parte para Ele y Carlos Alfonso la música y la poesía de Chico permeó más de una obra de Síntesis, además de que sus voces, aun cuando eran la agrupación Tema 4, junto a la de Sara González y la música del gran Leo Brouwer, se unieron para dar vida, desde una mirada muy particular, al clásico “Construcción”, de Buarke.

Un quinto deseo para Augusto Blanca se cumplió al compartir con el autor de, “Qué será, qué será”, y la respuesta multiplicada en todos los presentes fue vivir, a pesar de los dolores. Frank Delgado, portavoz de su generación de cantautores, además de lo vivencial obsequió a Chico una instantánea de esos herederos de la primera generación de la Nueva Trova que halló en la “Opera de Malandro” otras respuestas a su decir.

Entre otros invitados como el maestro Frank Fernández, el crítico musical Guille Vilar, el fotógrafo y promotor cultural Iván Soca, el productor e investigador, Enrique Carballea, estuvieron presentes mensajes de nombres fundacionales de Casa de las Américas como centinelas de un recuerdo vívido, a pesar del tiempo.

Como adelanto se dio a conocer en el encuentro que próximamente se abrirán las puertas de la Casa de Brasil en el centro histórico de la capital: un sueño acariciado por el inolvidable Eusebio Leal. Un sitio que se propone, además de promover el arte y la cultura del gigante suramericano en Cuba, la posibilidad de compartir con esos rostros que, aun sin pisar desde hace mucho tiempo nuestras calles, no se han ido de ellas, y Chico es la muestra de ello: de esa otra construcción que en nombre de la música regala vida.

 

 


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