Bucear para arriba, bucear para atrás: arqueología transdisciplinaria en Nuestra América


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Se sumergieron hacia arriba, en las profundidades del cielo, para sostener la vida en este desierto.

Óscar Petrel

 

La conferencia «Bucear para arriba, bucear para atrás: prácticas de contaminación cruzada. Transdisciplina para conocer el pasado de la costa tarapaqueña (Chile)» reunió este martes 27 de enero en la Casa de las Américas a los arqueólogos chilenos Andrea González-Ramírez y Arturo Sáez. Ambos integran el Grupo de Investigación ARRESO (Arqueología y Reproducción Social) de la Universidad Austral de Chile.

Los especialistas expusieron una aproximación renovadora al pasado de Tarapacá, en el norte de Chile, basada en una arqueología transdisciplinaria que involucra a las comunidades locales y reconoce la dimensión política del territorio. Se trata de una perspectiva que propone que el pasado de Nuestra América no solo se estudia, sino que también se siente, se habita y se discute.

En este marco, presentaron el concepto de «contaminación cruzada» para describir la influencia que ejercen distintas disciplinas y expresiones sobre el proyecto, desde las ciencias sociales hasta el arte, la música y la poesía. En este sentido, la contaminación funciona como una metáfora positiva: reconoce que los territorios investigados no solo ofrecen datos, sino también inspiración, imaginarios, lenguajes y formas de sensibilidad que transforman a quienes los estudian.

La sesión también abordó las nociones de «bucear para atrás» y «bucear para arriba». La primera define la arqueología como una práctica de conocimiento situada y humana, que busca describir el pasado de manera comprensible para las comunidades que hoy habitan esos espacios. Este «buceo» trasciende la simple excavación para proponer un vínculo más respetuoso y dialógico entre investigadores, territorio y memoria social.

Por su parte, la expresión «bucear para arriba» proviene de un texto del artista Óscar Petrel (2025), quien imaginó que los antiguos habitantes de Tarapacá se «sumergían hacia el cielo» para capturar la niebla y convertirla en agua. Esta imagen poética alude a técnicas ancestrales con conchas de loco —un molusco presente en la rica costa del Pacífico chileno— que permitían atrapar nubes y sostener la vida en una región tan extrema.

Tarapacá se caracteriza por ser una zona hiperárida sin cursos de agua que desemboquen en el mar. La vegetación es escasa y el acceso al líquido depende de la camanchaca (niebla costera) y de pequeñas aguadas, mientras que el mar, enriquecido por surgencias, ofrece una biodiversidad generosa. Los investigadores destacaron que esta dualidad, entre sequedad continental y abundancia marina, moldeó sociedades ingeniosas capaces de reproducir la vida en condiciones adversas.

El análisis avanzó luego hacia la dimensión histórica y política del territorio. Tarapacá forma parte de las llamadas zonas de sacrificio, donde el Estado y el capital han articulado procesos de extracción y despojo desde el siglo XIX. La línea temporal se extiende desde el guano y el salitre hasta los actuales puertos minero-industriales, los cuales han mantenido una persistente lógica colonial en la administración del espacio y del trabajo.

En este contexto se presentaron resultados arqueológicos de suma importancia. Hasta hace pocos años, la literatura científica situaba la presencia humana en Tarapacá en torno a los 4.000 años de antigüedad; sin embargo, un año de excavaciones del equipo de ARRESO amplió ese horizonte a más de 12.000 años. Dicho hallazgo modifica la comprensión de la zona y obliga a reconsiderar la historia de la ocupación humana en la costa norte chilena.

La conferencia evidenció que el trabajo en Tarapacá no solo sirve para reconstruir una línea temporal, sino también para pensar críticamente la relación entre los pueblos y su memoria. Bucear hacia atrás permite reencontrar una historia profunda; bucear hacia arriba permite reconocer que, incluso en los territorios más áridos, siempre existieron estrategias para sostener la vida.

Los investigadores explicaron que su propósito es ofrecer un registro histórico de larga duración para enfrentar la presión de los megaproyectos portuarios que amenazan con borrar el patrimonio natural y cultural de la región. De este pasado remoto surgen interrogantes clave: ¿cómo se sostuvo la vida?, ¿qué desigualdades e injusticias surgieron?, ¿qué resistencias se articularon?, ¿qué futuros podemos imaginar desde esa historia?


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