Carmelo González nació en La Habana, el 16 de julio de 1920 y murió el 10 de agosto de 1990. La crítica del arte nacional y foránea lo ubican entre los artistas cubanos más completos del pasado siglo; quien comparte espacios con otros miembros de la generación nacida en la década del veinte, como José Mijares, Servando Cabrera Moreno, Agustín Cárdenas, Antonia Eiriz, Roberto Diago y Ángel Acosta León, entre otros.
El hijo natural del pueblo pesquero “Casablanca” participó en más de trescientas exposiciones personales y colectivas en varios países de América, Europa y África. Su formación artística comenzó tempranamente cuando en 1938, con solo 18 años, asiste al Estudio Libre Para Pintores y Escultores y entre 1939 y 1945 es discípulo de la Academia de San Alejandro. Un año más tarde obtiene una bolsa de viaje que le permite continuar superándose en los Estados Unidos donde, al tiempo que se nutre de nuevas experiencias y gana reconocimiento.
González plasmó sus huellas en todas sus experimentaciones, ya fuera como pintor, dibujante, grabador, escultor, diseñador de libros, educador, crítico de arte y respetado polemista. De manera particular cuentan sus contribuciones como revitalizador del grabado en el país, evidentes en el liderazgo desplegado en torno a la fundación de la Asociación de Grabadores de Cuba en 1949. Como presidente de esta importante asociación estimuló el intercambio de exposiciones con colegas de varias naciones. También fue activo en el grupo Dintel; organización concebida para promover las obras de creadores mexicanos y de otras nacionalidades.

Su maestría pedagógica se referencia como una de las zonas más reconocidas de su fructífera vida. Posterior a su regreso de Nueva York en 1948 se inició como profesor de dibujo y grabado en la Escuela Provincial de Artes Plásticas “Leopoldo Romañach” de Santa Clara y entre 1958 y 1962 enseña grabado en la Escuela Nacional de Bellas Artes “San Alejandro.” En 1959 es director de esa reconocida institución docente y entre 1962 y 1964 desarrolla una meritoria labor como profesor de dibujo y grabado en la Escuela Nacional de Arte de Cubanacàn. Durante los años 1965-1967 fue profesor de dibujo de la Escuela de Talla “Clara Zetkin” de La Habana y en 1964, también impartió lecciones de dibujo en la Escuela Nacional de Diseño de La Habana.
Carmelo González fue un artista multipremiado, lo cual habla de la calidad de su obra y de su exquisito dominio técnico. Con particular destaque resaltan seis primeros premios nacionales de grabado; dos primeros premios de dibujo y diez premios en pintura. Fue el Primer Premio Nacional de Pintura en el Salón Nacional celebrado en 1953; medalla de Oro en la Universidad de Tampa y en la exposición de la Biblioteca del Congreso de Washington en junio de 1953.
Su vasta cartelera expositiva se inició desde muy temprana edad y en espacios que por su prestancia resultaron legitimantes para su época como el Lyceum Lawn Tennis Club de La Habana, las galerías “La Rampa”, “Parque Central”, “Galería Habana”, así como el Palacio de Bellas Artes, entre otros.

Posterior a 1959, Carmelo se involucró en la fundación de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y resultó elegido miembro de su primer ejecutivo, lo que le facilitó conducir las prioridades e intereses exigidos por el universo de las artes plásticas del momento.
Entre las exposiciones más representativas de su madurez destaca la de agosto de 1963, en Galería Habana, que tuvo por título Carmelo González. Óleos y xilografías, en homenaje al décimo aniversario del 26 de julio y donde el artista despliega veinte pinturas, cuyos títulos apuntan hacia sus temas clásicos como fueron Pescadores, Septeto musical, Búcaro, Seis sillas, entre otros. También exhibió 30 xilografías que se concentran en los grandes sucesos de esos años.
La obra pictórica de Carmelo fue tan extensa como sus grabados, con la feliz coincidencia de que en ambas técnicas y soportes se revela al maestro. La gráfica lo sedujo por las facilidades que aporta para reproducir en grandes cantidades, como también para trasmitir sus mensajes con inmediatez. Fue modélico su dominio del grabado en madera en sus diferentes posiciones y planos de color, mientras que sus asuntos estuvieron marcados por la realidad circundante, que formaron parte de la vida cotidiana de combatientes, campesinos, trabajadores y hombres sencillos del pueblo.
El Carmelo pintor se reveló a partir de una extensa producción, que desde el punto de vista estético y discursivo fue evolucionando a lo largo de su carrera, sobre la base de la indagación continua. El artista transitó con éxito por el cubismo, el expresionismo y el surrealismo, hasta llegar a un estilo simbólico y depurado, justo en el momento en le interesaba que su poética fuera accesible y comprendida por todos.
Al cumplirse el centenario de su natalicio, una mirada retrospectiva a su vida y obra dan cuentas de que Carmelo González se encuentra entre los nombres imprescindibles del arte cubano; amparado en una obra monumental que trasciende por su dimensión universal.

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