En el mundo de la música cubana muchos artistas logran la trascendencia y el cariño del público. Uno de ellos es Juan Guillermo, cuya historia es un testimonio de pasión, dedicación y una búsqueda constante por mantener viva la esencia de la música cubana.
Juan Guillermo, aunque inicialmente estudió deportes y luego se graduó en Derecho, siempre supo que la música era su verdadera vocación. Sin embargo, el camino hacia la creación de su propia orquesta no fue inmediato. Tras varios años como corista en un conocido grupo, fue en 2009 cuando decidió dar el paso definitivo hacia la creación de su propio proyecto. Fue a su padre, el reconocido músico y compositor Juan Almeida Bosque, a quien le reveló primero su idea. La respuesta de su padre fue clara: “Si lo vas a hacer, hazlo bien”. A pesar de las dudas iniciales, Juan Guillermo siguió adelante y, con la ayuda de amigos músicos, grabó tres demos que marcarían el inicio de una carrera llena de éxitos.
El primer concierto de la orquesta tuvo lugar en diciembre de 2009, en el conocido club La Macumba. La sala se llenó rápidamente y la expectativa era palpable. A partir de ahí, la orquesta comenzó a sonar con fuerza, cumpliendo programaciones en el Salón Rojo del Capri por varios años consecutivos. El crecimiento fue vertiginoso y, para sorpresa de muchos, en pocos meses la música de la orquesta comenzó a sonar en las emisoras radiales de toda Cuba, particularmente en el oriente del país, donde llena plazas y la gente lo adora.
La figura de su padre no solo fue la de un músico, sino también la de un mentor y guía que lo impulsó a ser serio y comprometido con su música. “Lo que más atesoro son los consejos que me dio en ese corto tiempo. Él me habló de la importancia de la preparación, de estudiar canto, algo que me ayudó muchísimo en mi carrera”, recuerda Juan Guillermo.
Hoy, con 16 años de trayectoria, el músico se siente más maduro tanto en lo personal como en lo artístico. “Cuando escucho mis primeros trabajos y los comparo con lo que estoy haciendo ahora, noto una gran evolución. La práctica y la experiencia son clave”, comenta. Para él, la identidad musical de su orquesta ha sido un aspecto fundamental. Desde el principio, buscó una mezcla única que, aunque influenciada por grandes de la salsa cubana como La Charanga Habanera o Paulito FG, ha logrado destacarse por su estilo propio.
Después de seis producciones discográficas, actualmente está trabajando en nuevos proyectos, fusionando géneros y buscando siempre innovar. En colaboración con artistas como Maykel Blanco, Pachy Naranjo Jr. y otros, está llevando su música a nuevos horizontes. El tema “¿Pa qué me invitan?”, junto a Maykel Blanco, se ha convertido en un éxito en Europa y Perú, lo que ha abierto nuevas puertas para la orquesta en mercados internacionales. Además, no se limita al género salsero y está explorando fusiones con la música urbana, algo que, según él, es una manera de acercarse a un público más amplio: “La música es una sola, y hay que llegar a todos los públicos”, asegura.
Uno de los escenarios que lo acogerá en este año será el Club 500 de La Habana, donde se realizará la décima edición del Festival de la Salsa de Cuba. Para él, este festival es más que un evento musical, es una vitrina para la salsa cubana, un lugar donde convergen músicos consagrados y nuevos talentos, y una oportunidad para mostrar al mundo la calidad y diversidad de la música de su país.
En su próxima presentación en el festival, Juan Guillermo tiene claro que la clave es ofrecer algo único al público. “Nunca repito repertorio. Siempre trato de ofrecer una mezcla de mis temas con otros que admiro, pero adaptados a mi estilo, con un show pensado para la gente”, señala con entusiasmo.
En cuanto a sus 16 años de trayectoria, Juan Guillermo no piensa en celebraciones ostentosas, sino en seguir trabajando, como siempre lo ha hecho. “La verdadera celebración está en el escenario, con el público que nos ha acompañado en todo este viaje. Ellos son los que han hecho posible todo esto”, afirma el músico.
El camino de Juan Guillermo ha sido una constante superación, un ejemplo de cómo la pasión por la música puede transformar la vida de una persona. Y aunque no sabe lo que depara el futuro, está seguro de que seguirá haciendo lo que más ama: llevar su música a todos los rincones del mundo.

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