La crítica no es un tribunal, y quien la tome por tal simplemente ha vivido en su error. La crítica tiene que ver con mostrar cómo se conforma algo para evidenciar cómo puede llegar a transformarse. Es una lectura del presente con miras a un porvenir ("mejor", agregaría), pero este "mejor porvenir" es sólo una apuesta, no dictado oracular.
Rubén Ortiz
Como suele ser habitual, los días finales de cada año, varios jurados se reúnen para reconocer trayectorias significativas y las producciones más notorias en diferentes zonas del arte y la cultura. Así, por ejemplo, el Premio Villanueva de la Crítica (otorgado desde la Sección de Crítica e Investigación de las Artes Escénicas, de la UNEAC), se ocupa de distinguir aquellas puestas en escena que, en el año que va concluyendo, lograron movilizar atenciones a partir de la excelencia de su factura espectacular.
En esta compleja misión, Crítica y Producción escénica, dos franjas que pudieran pensarse muy cercanas en tanto ejercicio creativo alrededor del universo escénico, no siempre encuentran vectores conformes que acerquen sus propósitos evaluativos, de análisis, de valoración y, obvio, de reconocimiento. Y téngase en cuenta que, el ejercicio de la crítica sigue siendo apasionante y frustrante a la vez, es optar estar en la picota, cercar la soledad de un encargo que tiene pocos alicientes desde la apariencia del conocimiento para asumir un papel necesario y gratificante cuando está plenamente satisfecho de que el ejercicio en sí mismo, recupere (en otros lenguaje y tribunas), lo efímero y meritorio del hecho espectacular.
Quienes ejercen la crítica (en sus diferentes escenarios y modos operantes), son minoría, sus voces (más allá de preferencias y tendencias) están mediatizadas por el distanciamiento en el tiempo y el formato inherente a su medio de prensa o espacio tribúnico, no obstante, deben ser presencia, vigía perpetua, evaluadores -constructores, reconstructores- y registro acompañante de la producción artística. De nada vale que la crítica pretenda resetear el trabajo artístico de una creadora o un creador escénico, sin un acercamiento, más o menos, inmediato a su quehacer real y actual. No se trata de pecar de ingenuos, ni de iluso romanticismo y, mucho menos, de asumir la creación ajena con desocupación. Se trata de saber y aceptar que la labor del ejercicio crítico no reemplaza el acto teatral, danzario, circense, pantomímico o humorístico, sino más bien que lo reacomoda, lo complementa, lo recualifica, lo amplifica al recuperar en el viaje los aciertos y desafueros, para fijarlos en el tiempo y desde allí contribuir a crear un discurso otro, que ineludiblemente excederá los límites y convenciones del proscenio. Límites que se abren a la infinitud de conexiones, asociaciones, reclamos y ofrendas.
Pero, insisto, seguirá siendo compleja la ocupación al identificar, nominar, reconocer y premiar “las mejores propuestas escénicas” producidas o vistas en Cuba en el año. Es difícil, incluso desde las alternativas encontradas para lograr la presencia de miembros de la Sección en escenarios fuera de La Habana o en eventos nacionales, así como la escasa circulación regional o internacional de espectáculos hacia los teatros habaneros. De ahí que, entre Crítica y Producción escénica, debemos seguir apostando por vinculaciones más operativas, por el acompañamiento y visibilidad transmedia de lo mucho que se hace en materia de artes escénicas profesional en Cuba. Y, de igual manera, al interior de la propia Sección de Crítica e Investigación de las Artes Escénicas, corresponde repensar dinámicas cooperativas más activas y dialógicas, incluida la revisión de bases del Premio Villanueva.
Ya se sabe, el ejercicio de la crítica en el arte escénico (teatral, en principio) cubano viene de una seria y perdurable tradición que compromete el acompañamiento mutual entre críticos y teatristas; instancias que, al presente, se recuerdan y también se amplifican. Creo que, más allá de evidentes zonas de confort (tanto en el ejercicio crítico como productivo escénico), pensar en una teoría crítica general del arte y en sus posibles aplicaciones al interior del hacer poético de creadoras y creadores escénicos a pesar de acuerdos e inconsistencias, ensancharía las visiones respectivas que podamos tener del propio discurso y ejercicio de la Crítica (no solo tradicional), sino del más conveniente en términos de transferencias, complejidades, derivas, asociaciones y alternatividades; nuestra escena lo requiere.
Lo necesita y demanda con soberana urgencia, como mecanismo inherente en la labor cotidiana de quienes ejercen la crítica desde sus diversos escenarios y zonas compartidas entre tasación y consultoría, solo así podremos tener un marco mayor para identificar, nominar, reconocer y premiar “las mejores propuestas escénicas” producidas o vistas en Cuba en el año 2023.
En la selección de mejores propuestas premiadas o reconocidas por el voto directo de los miembros de la Sección, penden aquellos espectáculos que tuvieron muy pocas presentaciones, los que no pudieron ser vistos por motivos distintos, los de elencos fracturados e, incluso, aquellos que se presentan en espacios teatrales fuera de los principales circuitos. De ahí que tratando de ser lo más plural posible, en el análisis de las propuestas nacionales o extranjeras vistas en Cuba, y fuera de todo “esteticismo autonomista”, es deber de la crítica producir manifestaciones sobre la multiplicidad de imágenes que, igualmente, produce la escena. Obvio, me refiero a esas imágenes donde la excelencia es evidencia mejor de los mecanismos y procedimientos creativos a través de los cuales artistas y sus obras se devuelven. Desde la elección de la técnica empleada hasta la definición conceptual temática, contenidista, emotiva, afectiva, donde la labor de dar forma específica al material bruto, implican una relación cambiante con su realidad socio-histórica.
Creo y voto por el encuentro oportuno entre Crítica y Premio, siempre que esas franjas ocupacionales del pensamiento comprometido alrededor de la praxis escénica y el ejercicio crítico se concreten en la acción, la reflexión, la búsqueda de conexiones, para reconocer aquello que vivo está y cambia. Para “olvidarse”, definitiva y aparentemente, de la unidad para modular conceptual y estimativamente los principios que articulan la puesta en escena, en visión, la puesta en abismo de todas las obsesiones, desvelos, reafirmaciones y encargos que movilizan la escritura escénica. En la relación de puestas y acontecimientos distinguidos por el Premio Villanueva 2023 y con la acción interior a repotenciar de la Sección para configurar un modus operandi más ancho en sus propósitos, quedan espectáculos pendientes a los que se debe regresar.
Y es que, el lugar del ejercicio crítico, ya esté físicamente al lado del espectador común, desande a pie el circuito de teatros y escenarios, aun siendo retribuido por algún creador o institución con el “premio del criterio más atinado” o, incluso, cuando goce de total libertad y autonomía para mantener activa y vivaz una columna o espacio de opinión, será el captar, aprehender y recuperar la esencia de lo aparentemente efímero del hecho escénico para otorgarle permanencia a través de un criterio/discurso lógico, interior, invertido, anacrónico, subterráneo, vertical y visceral, imperceptible incluso del propio acto que acompaña y revisa. Solo así, el accionar de la Crítica se tornará homenaje y celebración en aporte al mejoramiento de la creación, o sea, hacia aquello que nos glorifique y sane.
PREMIOS VILLANUEVA 2023
TEATRO FAMILIAR
Clowncierto, de Teatro Tuyo.
Carnaval, de Teatro de las Estaciones.
TEATRO PARA ADULTOS
Padre nuestro, de La Franja Teatral.
El collar, de Nave Oficio de Isla.
Aventuras del soldado desconocido, de Retablos y La Salamandra.
Kilómetro Cero, de Liliana Lam.
ESPECTÁCULO EXTRANJERO
Habitación Macbeth, por Pompeyo Audivert, Argentina.
RECONOCIMIENTOS ESPECIALES
A la Temporada Jubileo, organizada por el Ballet Nacional de Cuba en ocasión de su aniversario 75.
Al espectáculo Frijoles colorados, de Trotamundos, actuado y dirigido por Verónica Lynn.
Al espectáculo Asesinato en la Mansión Haversham, del Centro Promotor del Humor y Nave Oficio de Isla Comunidad Creativa.

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