Del piso no pasa o el ensueño de la íntima inmensidad


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El espacio me ha dejado siempre silencioso…”

Jules Valles

 

 

 

Bachelard nos diría que la inmensidad es una categoría filosófica del ensueño. Sin duda, el ensueño se nutre de diversos espectáculos, pero por una especie de inclinación innata, contempla la grandeza. Y la contemplación de la grandeza determina una actitud tan especial, un estado de alma tan particular que el ensueño pone al soñador fuera del mundo próximo, ante un mundo que lleva el signo de un infinito.

Y me atrevería a pensar que para los artistas de Del piso no pasa, para las curadoras de la muestra y para el servicio cultural de la Alianza Francesa de Cuba (AFC), la resignificación del objeto y el espacio que lo acoge, es ensueño maximizado de lo íntimo que pretende ser infinidad del espectáculo. Sí, del show finito que cobra sentidos en sus relaciones entre la pieza y su re-lectura, entre la materialidad del objeto y su re-valor de uso; entre aquello que fue y vuelve a re-ser “algo” en su nuevo presente.

Se dice que “del piso no pasa”, suele ser una expresión coloquial para quienes mantienen la entereza y porfía en sus propósitos, incluso más allá de que el propio piso pueda homogenizar, poner a ras de suelo aquello que pudiera erguirse, crecer, levantarse. Aquí, tres jóvenes creadores cubanos, estudiantes a punto de graduarse de la Universidad de las Artes (ISA) bajo la curaduría de dos muy jóvenes historiadoras de arte, salidas de la Universidad de La Habana, han llegado hasta la sede principal de la Alianza Francesa, para poner en diálogo, en visión y en espacio, sus homenajes al gran artista francés Marcel Duchamp, quien ejerciera una fuerte influencia en la evolución del dadaísmo.

Como Duchamp, los artistas Andy Mendoza, Harold Ramírez y Rolando Galindo, ponen en valor simbólico la exaltación de lo coyuntural, lo fugaz y lo efímero del arte que desafía el paso del tiempo. No está el urinario que hiciera de Duchamp una figura controversial y, a la vez, grande y famoso; pero las instalaciones que bajo el ojo de Ana Beatriz Almeida y Karina del Río invaden el patio y la galería del Palacio de Prado (sede de la AFC), son resultado de un ejercicio de la voluntad creativa que celebra la huella imperecedera de Marcel Duchamp.

En las notas de Melisa Rey González para Del piso no pasa, es el homenaje al artista que convirtió el juego y la experimentación en una nueva manera de expresar, que descubrió la belleza en los ready made y abrió el camino para ver el arte con el pensamiento. La esencia de la exposición conduce los instintos de Marcel Duchamp a través de la obra de artistas que encuentran en el objeto cotidiano y su manipulación las energías para perpetuar la eficiencia de lo superficial y fugaz en el arte.

Desenterrar de su entorno habitual y recolocar en una nueva cualidad constructiva advierte una significación filtrada por perspectivas artísticas. El elemento ordinariose convierte en motivo conceptual del gesto honorario donde el “hacer rápido” despliega un sintagma colectivo y redimensiona la connotación espacio-temporal de lo común, nos comenta Rey González.

Y sí, en efecto, hoy sabemos que la práctica artística hace tiempo que modificó sus jurisdicciones, proceso que se intensificó desde los ready-made de Duchamp y que se acentúa notablemente en nuestros días. Al cambiar el modo de enfocar la actividad artística, cambiará también la manera de percibirla y de pensarla. Por ello, para la Alianza Francesa este evento es una feliz oportunidad para ampliar nuestra audiencia y promover la diversidad de expresiones artísticas dentro de las sedes habaneras; permitiéndole establecer relaciones cooperativas en la presentación y promoción de una parte de la joven creación cubana de estos tiempos. El presente es un "tiempo real", tiempo que necesita de crítica y reforma. Y nada mejor que el arte para establecer puentes y conexiones. Pensar el arte actual significa un reto a la capacidad reflexiva para “descubrir un poco de realidad que tiene la realidad, descubrimiento asociado a la invención de otras realidades”, tal como nos dijera Jean François Lyotard, otro francés ilustre en su fundamental texto La condición posmoderna.

En Del piso no pasa, en su diálogo imaginado, soñado, espacializado, en su apropiación del universo poético de Duchamp, lo inmenso se hace íntimo y “propiado”. Propiedad de Andy, Harold y Galindo, muy de ellos en sus intimidades respectivas. Propiedad autónoma, en cuanto el arte emprende un nuevo punto de partida (quizás también de llegada). Entretanto, interesaría re-considerar esta partida en el espíritu de una fenomenología que cancela un pasado y se enfrenta con la re-invención de su presente. A modo de querer resituar (en espacio y tiempo, en verosimilitud y utopía, en antojo y porfía) un legado, una añeja trayectoria, un objeto que por usado no ha vivido lo suficiente como para volverse autónomo ensueño de su íntima inmensidad. Y es que, aun siendo testimonio de un imaginario cultural, popular y figurativo de un conocimiento exacto, y de todas las expresiones dinámicas de su ser objeto/cuerpo/espacio, no las aplica, no las convierte en recetas unívocas, cerradas, agotadas.

Del piso no pasa, desde la galería del Palacio de Prado, sede principal de la Alianza Francesa de Cuba, conecta con varias muestras recién inauguradas en este noviembre de celebraciones para una Habana cumpleañera; es esta muestra invitación para mirar con nuestros mejores ojos las obras que hoy habitan el palacio. Es invitación para sentir, pensar y apreciar cómo el arte, como la vida en general, siempre encuentra un camino, si surge de la convicción de ser algo vivo, sensiblemente cargado y comprometido con el paisaje social, estético y cambiante de su momento.

Del piso no pasa, más allá del gesto evocativo a Duchamp, lejos de las inmensidades que su obra fundacional sigue suscitando en el presente del arte, podemos re-situar, en la meditación, la renovación de nuestros modos de ver/sentir/pensar las resonancias del ensueño y de su estado enteramente constituido. Aquí se huye del objeto próximo para situarnos lejos, en otra parte, en el espacio de la otra parte del objeto mismo y su espacialidad inmediata.

 

 


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