El Día del libro cubano y las consignas rotundas


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Hoy, coincidiendo con el Día del Libro Cubano, concluye una campaña de celebración por esta fecha, que desde el pasado 25 de marzo ha tomado las redes sociales con un amplio y diverso programa de acciones reunidas bajo el lema o consigna «Cuba: un país que lee».

Convocada por el Ministerio de Cultura de Cuba, el Instituto Cubano del Libro, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y la Asociación Hermanos Saíz (AHS), dicha campaña virtual ha tributado a los aniversarios 60 de Palabras a los Intelectuales y de la Campaña de Alfabetización, así como al centenario del natalicio de uno de los sabios intelectuales cubanos de mayor prestigio: Cintio Vitier.

En la inauguración del evento, transmitida por Streaming Cuba, Juan Rodríguez Cabrera, presidente del ICL, aseguró que la celebración sería contexto adecuado para «promocionar el libro y la lectura, teniendo en cuenta lo más representativo de la literatura cubana y universal, así como las infinitas posibilidades de la edición digital, el comercio electrónico y las redes sociales en tiempos de pandemia».

Múltiples han sido las actividades que durante estos días, en vivo y a través del portal oficial del evento, de la página en Facebook del Mincult, y de más de cien sitios enlazados, han asegurado esta intención.

Presentaciones de libros, tertulias, conferencias de reconocidos escritores y críticos, lectura de poemas y narraciones, promoción diaria de novedades de las editoriales cubanas, el excelente espacio Con Voz Propia, del sitio Cubaliteraria, paneles, una revista informativa, enlaces con el Canal Caribe de la televisión nacional, y la entrega de los premios nacionales de Literatura, Edición y Ciencias Sociales, fueron los más importantes momentos de esta campaña.

Como cada año, el festejo ha resultado también, un merecido homenaje a los hacedores de la literatura universal, pero en especial, a los de casa, los sacrificados escritores cubanos, y junto a ellos, los editores, correctores, traductores, promotores, y otros más anónimos aún, pero que forman parte de un regimiento indispensable que hace posible que millones de cubanos tengan la ventura y la aventura de leer un buen libro.

Fue este un designio fundacional de la etapa de la historia de Cuba, que inició en 1959 con el triunfo de una Revolución «democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes», por eso, solo a tres meses de esta victoria popular, el 31 de marzo, se creó la Imprenta Nacional de Cuba mediante la ley 187 del Gobierno Revolucionario, y nació liderada por el escritor y periodista  Alejo Carpentier, quien al paso de los años, sería el segundo escritor en Hispanoamérica en obtener el Premio Miguel de Cervantes en 1977, y el primer cubano, procedido por Dulce María Loynaz en 1992 y Guillermo Cabrera Infante, en 1997.

Prorrumpió la imprenta en Cuba, con el lema: «La Revolución no te dice cree, te dice lee», y nada menos que con el gran monumento de las letras españolas El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes y Saavedra, dividido en cuatro tomos y con ilustraciones de Gustavo Doré y Pablo Picasso, en una legendaria tirada de cien mil ejemplares, que se vendieron en centavos.

Luego de este suceso inédito, para los cubanos se abrió un portón enorme a la literatura universal, pues se inauguraba así, la colección Biblioteca del Pueblo, destinada a los grandes escritores clásicos que comenzaron a circular por toda Cuba: Rómulo Gallegos, Víctor Hugo, Honorato de Balzac, Benito Pérez Galdós, Truman Capote, Miguel de Unamuno, Gustave Flaubert, Marcel Proust, Ernest Hemingway, Federico García Lorca, Nicolás Guillén, César Vallejo, Pablo Neruda, Rubén Darío, y en lugar principal, José Martí.

Era la apertura de una estrategia editorial nacional que garantizaría la publicación intensiva y sistemática de libros, folletos y revistas en un país cuyo consumo per cápita de libros, hasta ese momento, era sólo de 0.2 por ciento.

Esta maniobra editorial fue perfeccionándose con el paso del tiempo, y el surgimiento del Instituto Cubano del Libro, en 1967 y luego su sistema de editoriales, en un ingente empeño por dar respuesta a las necesidades de lectura del pueblo y ala producción de los escritores.

En 1981 fue instituido, el 31 de marzo como el Día el Libro Cubano, como homenaje a la Imprenta Nacional que también en su surgimiento asumió la impresión de las cartillas y manuales («Lápiz, cartilla manual. Alfabetizar, alfabetizar. ¡Venceremos!»), utilizadas en el primer gran acontecimiento cultural de la naciente Revolución: la Campaña Nacional de Alfabetización, que se declaró victoriosa el 22 de diciembre de 1961, contra viento, marea, balas y horcas.

Las consignas a veces tienen muy mala fama, pero hay consignas y consignas, lemas y lemas; por ejemplo,«Cuba, territorio libre de analfabetismo», lema nacido  a raíz del triunfo de esta campaña,  que «llevó la luz de la enseñanza» a casi un millón de  cubanos, es una consigna rotunda e incuestionable, que encierra el significado de un hecho sociocultural y político de un conmovedor humanismo; históricamente tiene una consecuencia, a la par, axiomática, que es el lema de la campaña por el Día del Libro Cubano: «Cuba: un país que lee».

Aunque muchos piensan que se ha perdido en el país el hábito de la lectura, hay muchos cubanos para los que un libro es parte intrínseca de sus vidas; en cuanto a los jóvenes y los niños, estos leen bastante, quizás no todos leen lo mejor de la literatura, quizás algunos prestan atención a temas banales y vacuos que les llegan con más empaque promocional, pero muchos sí leen meritorios textos, en lo cual la familia y la escuela tienen una tarea ardua y perenne.

Primero, y ante todo, en ayudarlos a discernir entre lo válido y lo nimio, que es una resultante de la educación y la cultura que les están garantizando, y segundo enabrirles la mente a todo lo realmente extraordinario e inusitado que propone la literatura universal.

Muchos alegan que las nuevas tecnologías de la información, han conspirado contra la lectura; como nadie tiene ni en esto ni en nada, la patente de la verdad, puede ser cierto en un determinado por ciento, pero no se puede negar la maravilla de andar con una biblioteca de miles de ejemplares en el bolsillo gracias a una tableta o un teléfono.

Los jóvenes y los niños deben leer, por su formación, moral y disfrute, sobre todo en estos tiempos de pandemia, con tanto tiempo libre, pero harán lecturas digitales porque los dispositivos electrónicos son los libros de su tiempo, y negarlo sería una torpeza.

Es por esto que entre los planes del ICL y sus instituciones está el impulso de la producción de libros digitales, pero es una batalla de todos.

La campaña por el Día del Libro Cubano, también celebró el 60 aniversario del discurso de Fidel Castro Palabras a los intelectuales, de fecha junio de 1961, que tuvo lugar en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí en momentos en que en la isla se libraba la Campaña de Alfabetización, cuyos hacedores fueron, en su inmensa mayoría, jóvenes casi niños, que con admirable espíritu de generosidad y valentía compartieron sus saberes con los miles de analfabetos que había en la isla.

Hacia el final de la trascendental pieza oratoria, el líder histórico de la Revolución cubana, en una actitud visionaria, que  repetiría a lo largo de su vida, se refirió a los jóvenes del futuro,  que son también los de hoy, y advertía: «las generaciones futuras que serán, al fin y al cabo, las encargadas de decir la última palabra!»

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