El cine independiente volvió a encontrar en Gibara su casa. La vigésima edición del Festival Internacional de Cine Pobre cerró con la entrega de los Premios Lucía, en una jornada que reafirmó la vitalidad creativa del audiovisual contemporáneo y la vocación inclusiva del evento.
El máximo galardón en ficción recayó en el largometraje Arcoíris (Ranginkaman), de la realizadora Saleh Alavizadeh (Irán–República Checa–Alemania / 2025), una coproducción que destacó por su solidez estética y profundidad narrativa. En el formato breve, el premio al mejor cortometraje de ficción fue para El último juego, del cubano Daniel Chile (Cuba / 2025), evidencia del talento emergente dentro del panorama nacional.
El documental también ocupó un lugar relevante en el palmarés. El Premio Lucía al mejor largometraje fue para Lorca en La Habana, de los españoles José Antonio Torres y Antonio Manuel (España / 2025), mientras que en el apartado de cortometrajes fue distinguido Sunday, del italiano Giuliani Tonicelli (Italia / 2025). En animación, el reconocimiento recayó en Sana, del peruano Manu Larios (Perú / 2025), obra valorada por su sensibilidad y propuesta visual.
Uno de los momentos significativos de la premiación fue la entrega del Premio Humberto Solás de Cine en Construcción, destinado a proyectos en desarrollo, que recayó en En medio de la tormenta, de la colombiana Edna Sierra (Colombia / 2025), reflejo del dinamismo creativo que distingue al cine latinoamericano actual.
El jurado otorgó además menciones especiales a diversas producciones. En ficción fueron reconocidas Neurótica anónima, de Jorge Perugorría (Cuba / 2025), y Primera enseñanza, de Aria Sánchez y Marina Meira (Cuba–España / 2025). En documental, destacó Lo más maravilloso, de Mauricio Centurión (Cuba–Argentina / 2024). En animación, recibieron menciones El monstruo del miedo (Medo Monstro), de Eduardo Padrão y Andrew Gledson (Brasil / 2025), y La niña y el mar, de Ray Ortega Moreno (Cuba / 2025).
De igual modo, el Jurado Joven concedió su premio colateral a la mejor obra de ficción a Neurótica anónima, subrayando el impacto de esta propuesta dentro del certamen.
Una vez más, Gibara se consolida como punto de encuentro para realizadores de diversas latitudes, donde convergen miradas, estilos y discursos que apuestan por un cine auténtico, comprometido y profundamente humano.

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