Jazz Plaza: la ventaja de la desventaja


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Si un acontecimiento cultural tiene la buena vibra de levantar pasiones y convocar a medio mundo es el Festival Jazz Plaza de La Habana. Su fama y prestigio han sido ganados a fuerza de perseverancia, no hacer concesiones artísticas, apostar por unir a músicos de todas las tendencias, promover sin prejuicios ni privilegios tanto a músicos consagrados como a estudiantes y nuevos talentos.

La edición 37 del Festival no deja a un lado sus parabienes y sigue el mismo camino iniciado hace tantos años en el patio de la Casa de la Cultura de Plaza de la Revolución, en la esquina de  Calzada y 8, de El Vedado. La diferencia de entonces a hoy es que lo que comenzó como un gran encuentro de amigos, amantes y devotos del género, ha logrado dinamizarse de tal manera que hoy tiene espacio hasta en Santiago de Cuba, convoca a investigadores, estudiosos, simples melómanos y coleccionistas de aquí y allá.

En todos estos años el Jazz Plaza ha tenido que sortear altas y bajas, cambios de dirección artística, concepciones atinadas y también desafortunadas, pero el género y la impronta que supone en él lo cubano, han sido más fuertes que las mareas. También -y hay que ser justos en ello-, la presencia constante desde hace más de 20 años de espacios de radio y televisión dedicados al jazz han contribuido a un conocimiento más desprejuiciado del público nacional, que por tradición apuesta más por otros géneros.

Cuando revisas el programa del encuentro de 2022, te das cuenta de lo ganado en buena lid por sus promotores, del nada despreciable aporte realizado por los músicos cubanos durante décadas para favorecer un ambiente sincero, donde intercambian, muestran sus obras y cual cofradía o hermandad se entregan a un ritual fraterno, místico, auténtico. Esta edición tiene, además, la particularidad de celebrarse contra todos los pronósticos en medio de la pandemia de la Covid-19 que tensa la vida humana. El reto de aglutinar en Cuba a importantes músicos, compositores, promotores y estudiosos supone un extra lleno de incertidumbres para sus organizadores que han visto en riesgo la celebración. Haber apostado por el sí hay festival establece un compromiso con sus públicos que pone a prueba otra vez la fuerza de su convocatoria.

El gran mérito de esta edición es lograr conjugar lo presencial con lo virtual, una tendencia que trajo esta etapa de encierros y limitaciones pandémicas, pero que definitivamente llegó para quedarse en la organización de eventos de tamaña envergadura. Si hace unos años las redes sociales y el internet eran una suerte de agregado para aderezar la ensalada musical, hoy es una manera de acercarse al público real sin importar las distancias. Es, sin dudas, un ejercicio donde deben estar armonizados hasta el detalle las propuestas musicales y teóricas con la comunicación interactiva y multimedial, lo cual supone la utilización de lenguajes nuevos, de formas y estilos de mostrar lo que sucede en los días del festival para acercarse a nuevos receptores, esos que permanecen horas frente a la pantalla de un dispositivo móvil o una tableta y aquellos que siguen apostando por la butaca frente al escenario, la acústica del teatro, el desafuero de una jam session en un espacio reducido y efervescente o la transmisión de la televisión.

Esta manera de asumir la realización del Jazz Plaza es una fortaleza que tiene que engranar muchos detalles, pero que a la corta o la larga se revierte en una mayor presencia internacional de los músicos cubanos, de los buenos jazzistas que tiene esta nación afincados aquí o en otras tierras y que pueden converger sin tantos intermediarios en un mismo espacio durante días, actualizar sus conocimientos sobre el otro, abrir muros a favor de la cultura cubana.

Saber aprovechar la ventaja de la desventaja de la inmovilidad actual en el mundo utilizando las nuevas tecnologías y sus mejores recursos, ya no es una cuestión de opción: es un estilo de gestión, promoción y organización artística afincado. El Jazz Plaza 2022 en su edición 37 marca una ruta para los eventos de su tipo en Cuba que desde la institucionalidad y la creación de los protagonistas cambia paradigmas, pero rejuvenece el empeño. Si logramos no solo entenderlo, también asumirlo con naturalidad y realismo, ganamos todos.


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