Dramático desenlace
El 8 de noviembre de 1958, sólo cinco días después de las cacareadas “elecciones generales”, se produjo en La Habana un cruento combate urbano del Movimiento 26 de Julio, en el que cuatro jóvenes se enfrentaron a un despliegue policial inaudito al mando del sicario teniente coronel Esteban Ventura Novo, jefe de la 5ta Estación del Distrito Central de la Policía Nacional, en un apartamento de las calles O’Farril y Goicuría, en el reparto Sevillano. Dirigió la acción, por los revolucionarios, el capitán de milicias Ángel Ameijeiras Delgado “Machaco”, (ascendido por Fidel Castro post mortem a Comandante muerto en campaña), y le acompañaban Rogelio Perea “Rogito”, Pedro Gutiérrez y Norma Porras, todos fueron masacrados excepto Norma que fue apresada.
El propio mes, se creaba en La Habana, una columna guerrillera en las elevaciones de Jaruco y Madruga con el nombre de “Machaco” y con ella, ya todas las provincias del país contaban con fuerzas guerrilleras.
El 20 de noviembre, por órdenes de Fidel, comienza la Operación Santiago, por fuerzas del primer, segundo y el tercer frentes, atacando el cuartel de Guisa e iniciando con ello, la rendición de las guarniciones ubicadas en la Carretera Central entre las importantes ciudades de Santiago de Cuba y Bayamo.
El día 23 de noviembre, comienza la Operación Flor Crombet, también por fuerzas del primer, segundo y tercer frentes, combatiéndose en Alto Songo, San Luis, Cueto, Las Guásimas y Sevilla. El 26, se tomó El Cristo. Al día siguiente, se rindió la guarnición de Alto Songo. El 7 de diciembre, se rendía La Maya; el 9, San Luis y Baire y el día 10, se atacaba a Maffo.
El 15, tropas del cuarto frente derribaban el puente de la Carretera Central sobre el río Jobabo, y en las Villas, la columna 8 derribaba el puente Falcón, sobre el río Sagua la Chica, con estas dos acciones, quedaban aisladas las tropas del ejército de la provincia de Oriente, con el resto del país por vía terrestre.
Ese mismo día caían en manos rebeldes Santa Rita, Contramaestre, el central América y Aguacate. El 16, la columna 12 del cuarto frente, ataca el poblado de Bartle donde encontró una enconada resistencia de su guarnición, que recibió refuerzos de Las Tunas, pero definitivamente el poblado fue tomado. El 17, se rendían las tropas de la tiranía a las fuerzas conjuntas del primer, segundo y tercer frentes en El Cobre y Melgarejo y el 19, caían Jiguaní y Caimanera.
El propio 19, Fidel se reúne con los comandantes Raúl y Almeida en la Rinconada de Baire para ultimar la toma de Santiago de Cuba y la Comandancia General del Ejército Rebelde, se ubica en el central América.
El 23 de diciembre, los rebeldes toman Cueto y comenzó el combate de Palma Soriano; el día 24 liberan a Sagua de Tánamo, el 27 era liberado Palma Soriano y el puesto de comunicaciones del ejército en Puerto Boniato. Ya toda la Carretera Central estaba en manos rebeldes hasta las cercanías de Santiago, estando éstos a las puertas de esa ciudad.
Mientras, al norte de la provincia oriental, el día 25, el cuarto frente Simón Bolívar, iniciaba el ataque a Puerto Padre por la columna 32 José Antonio Echeverría, tras 18 horas de combate, se liberaba la ciudad.
El 28 de diciembre, se produce una entrevista en el central Oriente entre Fidel y el Jefe de Operaciones del ejército, general Eulogio Cantillo, quien reconoció la derrota del Ejército de Cuba ante el Ejército Rebelde. Fidel le propone sublevar la guarnición del regimiento No. 1 Maceo, con sede en el cuartel Moncada, y se sumaran al Ejército Rebelde a partir de las 3 de la tarde del día 31 y que él (Cantillo) se quedara en Oriente formando parte de ese movimiento. El general batistiano, insiste en regresar a La Habana, lo que el Comandante en Jefe rebelde aceptó finalmente, aunque con tres condiciones: que no se produjera un golpe de estado en la capital, que no se dejara escapar a Batista y que no se negociara con la embajada norteamericana, Cantillo acepta bajo palabra.
El día 29, Cantillo comunica lo pactado sobre el alzamiento del regimiento No. 1 a su jefe, el coronel José M. Rego Rubido, quien acepta. El día 30, tras encarnizado combate de varios días, cae definitivamente Maffo, en manos rebeldes y está expedito el sitio de la capital provincial para un ataque. El propio día, Cantillo, le comunica a Rego, que deje sin efecto el alzamiento previsto para el 31 y comunica al mando rebelde que éste se efectuaría el 6 de enero por un cambio de circunstancias, lo cual no es admitido por Fidel, mientras Cantillo parte para La Habana.
El día 29, con la columna 12 y fuerzas del frente de Camagüey, se iniciaba el ataque a Jobabo, que fue tomado el día 30, y el 31, sitiaban la ciudad de Victoria de Las Tunas, distintas fuerzas del cuarto frente, pero el escuadrón se rindió sin presentar combate al amanecer del primero de enero de 1959. Al atardecer del propio día primero, se rendía el regimiento No. 7 Calixto García, de la ciudad de Holguín, que estaba sitiada desde hacía varios días, ante las fuerzas del segundo y cuarto frentes, al mando del capitán Abelardo Colomé Ibarra “El Furry”, ascendido a comandante ese día.
El primero de enero, el coronel Rego Rubido, inconforme con la traición de Cantillo, se entrevista en El Aceite, cerca del Caney, con el mando rebelde y rinde la plaza, siendo nombrado por Fidel, provisionalmente como Jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército de Cuba y acompañado por el comandante Raúl Castro, ambos entran en el Moncada. Raúl se reúne con la oficialidad y se dirige a las tropas, quedó consumada la rendición de la heroica Santiago de Cuba.
En la provincia de las Villas, simultáneamente, se había iniciado la Operación Santa Clara, por fuerzas del Frente de Las Villas, el Directorio Revolucionario y del Frente Norte de las Villas. El 16 de diciembre comenzó el ataque rebelde a Fomento, y el poblado de Báez fue tomado por fuerzas del Directorio. El 18, es destruido el puente sobre el río Camajuaní, en la carretera entre ese pueblo y la capital provincial. El 21, la columna 2 liberaba Zulueta y comenzaba la histórica batalla de Yaguajay que duró diez días, entre las fuerzas de Camilo Cienfuegos y la decidida resistencia del capitán del ejército Abon Lee. Las tropas de la columna 8 tomaron Guayos y Cabaiguán, el día 21; el 25, Placetas, junto a fuerzas del Directorio, que ese día tomaban también Manicaragua. Los días 25 y 26, se atacaban y tomaban Remedios y Caibarién y el 27, se tomaba Santo Domingo.
El día 28, se iniciaba la histórica batalla de Santa Clara. El Ché estableció su puesto de mando en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, en la carretera de Camajuaní.
Se combatió casa a casa, hubo combates en la loma del Capiro, la estación de policía, la planta eléctrica, la Audiencia, la cárcel, el puesto de vigilancia de carretera, el cuartel del escuadrón 31 Miguel Gerónimo Gutiérrez, el barrio del Condado, la zona de tolerancia La Majana, el edificio Raúl Sancho, el teatro Martí, el Gobierno Provincial, el Gran Hotel donde se hicieron fuertes los masferreristas, entre otros objetivos. El día 29, el capitán Ramón Pardo Guerra, dirigió exitosamente el descarrilamiento del tren blindado que, desde La Habana, transportaba tropas ingenieras, armas y pertrechos en veintidós vagones con más de 400 soldados y oficiales, con la finalidad de restablecer las comunicaciones terrestres en las regiones central y oriental.
El 31 de diciembre, se rendía ante Camilo el cuartel de Yaguajay y poco después del mediodía del día primero, el último reducto batistiano en Santa Clara, el regimiento No. 3 Leoncio Vidal, se rendía sin presentar combate, ante las tropas del Che, después de huir su jefe, el coronel Casillas Lumpuy, el asesino en 1948 del líder Jesús Menéndez, que fue capturado vestido de civil en las calles de la ciudad. El exjefe del ejército, el mayor general José Eleuterio Peraza, llamado nuevamente a filas después de su retiro de hacía muchos años, designado a Santa Clara para controlar la situación, nunca fue, al valorar la inminente pérdida de la plaza.
Las campañas de Las Villas y Oriente y en particular, las batallas de Yaguajay y Santa Clara y el sitio y rendición de Santiago de Cuba, determinaron los sucesivos acontecimientos de Cuba.
La otra cara de la moneda
Mientras todo eso ocurría en Las Villas y Oriente y se mantenían frentes y columnas guerrilleros en las restantes cuatro provincias más las milicias urbanas de la lucha clandestina, Batista se empeñaba en dar una imagen de tranquilidad a través de la prensa, los medios de comunicación y actividades públicas de su gobierno.
El 25 de diciembre de 1958, día de navidad, cuando todo su castillo de naipes estaba por derrumbarse y las maletas ya estaban hechas en Palacio, la primera dama Marta Fernández Miranda de Batista, inauguraba la escultura del Cristo de La Habana, en la loma de La Cabaña, obra majestuosa de la talentosa Gilma Madera.
Diario de la Marina, Prensa Libre, El Mundo, El Crisol, Información… y toda la prensa, no hablaban nada en lo absoluto de la guerra como si ésta no existiera. Tampoco lo hacían los noticieros de la radio y la televisión. Anuncios comerciales, crónicas sociales, notas necrológicas, anuncios clasificados, noticias artísticas y deportivas y otras intrascendentes eran lo común, aún en las ediciones del 31 de diciembre.
Ese día final del 58, los personajes más cercanos al presidente, como cada año, acudieron a Palacio a participar en la cena de fin de año, brindar por un “próspero año nuevo”, escuchar el tradicional discurso del mandatario con su conocida frase concluyente: ¡Salud, salud, salud!
Otros menos comprometidos o los jóvenes herederos de los más implicados, acudieron a los famosos cabarets Tropicana, Sans Souci, Montmartre, Parisién, Salón Rojo o Copa Room, o a los exclusivos clubes de Miramar, a despedir el año. Lo que nadie imaginó, es que, para casi todos, era su última cena de año nuevo en Cuba. Las próximas, hasta su muerte o envejecimiento, fueron en Miami, Florida, o en otros espacios geográficos, muy pocos quedarían en el país. Ese fue el día en que sus sueños se trastocaron en pesadillas y posteriormente en añoranza desde tierra extranjera.
Esta vez, en San Pedro del Mar, en Santiago de Cuba, no ocurrió lo mismo, pues allí, la realidad era otra.
En Columbia, la Ciudad Militar, el general Cantillo, hombre sin honor al traicionar la palabra empeñada, hizo exactamente lo contrario a las tres condiciones pactadas con Fidel Castro: protagonizó un intento de golpe de estado, dejó escapar a Batista y todo el tiempo informó –y, por supuesto, solicitó el debido permiso- a la embajada norteamericana.
En la madrugada del primero de enero, Batista citó para la Ciudad Militar a un selecto grupo de personas con su familia y se levantó el telón para la obra teatral. “Renunciaba” conminado por el mando militar, la iglesia y las clases vivas –dijo apegado al guión de la puesta en escena. A continuación, en aviones de su propia compañía Aerovías Q, una de sus más de 900 empresas con capital de dudosa procedencia, o más bien, de conocida procedencia: el asalto a los fondos públicos, partía como rata hacia Ciudad Trujillo –como había rebautizado a Santo Domingo, el tirano Rafael Leónidas Trujillo-, con sus más connotados colaboradores, y como nota pintoresca, el asesino Ventura, no citado para nada al convite, se asió al tren de rodaje de una de las aeronaves.
Cuando el rumor corrió en Palacio, los clubes y cabarets, donde “gozaban la papeleta”, la burguesía y los batistianos, comenzó la debacle: todos a correr, nerviosos por lo que podía suceder. Los más comprometidos, fueron directo a sus yates en Barlovento y se marcharon hacia La Florida lo más rápido posible, otros, a sus casas, a esperar, la marcha de los acontecimientos.
¡Huyó Batista! ¡Batista se fue! La noticia comenzó a correr. Ya sin miedo a la represión policial, la gente del pueblo, comenzó a sintonizar la Radio Rebelde. Paulatinamente, los dueños de emisoras se fueron persuadiendo y se encadenaban a la emisora de la Revolución. Al amanecer del día primero, ya casi toda la radio era una cadena nacional. La prensa plana echó atrás las ediciones preparadas anteriormente con censura e imprimieron otros titulares: Cayó Batista.
El pueblo se lanzó a la calle, las milicias urbanas del 26, tomaban las estaciones de policía, los sindicatos mujalistas, los ayuntamientos, los cuarteles de la Guardia Rural, los ministerios, los puestos de la Marina. Por doquier, los esbirros escabulléndose y el pueblo capturándolos y entregándolos a la justicia revolucionaria. Varios intentaron destruir las máquinas de juegos de los casinos y los “traga nickeles” de los parquímetros. Había una revolución. La huelga general fue decretada y el golpe militar frustrado.
Epílogo de una puesta en escena mal puesta
En el presidio de Isla de Pinos, los prisioneros obligaron al alcaide a ponerlos en libertad ante la noticia de la huida de Batista. Liberados de la prisión, el excapitán del Ejército de Cuba José Ramón Fernández Álvarez, se hizo cargo del presidio y la jefatura militar de la isla; el miembro del Movimiento 26 de Julio, Jesús Montané Oropesa, pinero de nacimiento, de la administración civil. Mientras, un avión enviado desde Columbia por Cantillo, tenía la misión de trasladar hacia la Ciudad Militar al excoronel Ramón Barquín López. Eran las 6:00 de la tarde del día primero de enero.
Cantillo, había asumido por su cuenta y riesgo, la jefatura del Estado Mayor Conjunto del Ejército, pero en Oriente, Fidel había nombrado en ese puesto a Rego Rubido. Cantillo, le propuso la presidencia de la república, como indicaba la Constitución, al magistrado más antiguo del Tribunal Supremo de Justicia, y ello recaía en el doctor Carlos M. Piedra Piedra quien fue denegado por el pleno del Tribunal Supremo de Justicia, que reconoció que había una situación revolucionaria y ratificó a Manuel Urrutia.
Fracasado en su intento, Cantillo se retiró a su casa en la propia Ciudad Militar y dejó la jefatura del Ejército en manos de Barquín quien intentó dar órdenes a los mandos, pero, al atardecer del día 2, llegó a Columbia el comandante Camilo Cienfuegos y asumió el cargo por orden de Fidel, que, a su vez, había sido nombrado por Urrutia, Jefe de las fuerzas de aire, mar y tierra de la república.
El Che tomaría posesión de la fortaleza de La Cabaña en la madrugada del día 3, sede del regimiento No. 7 de artillería Máximo Gómez. Ya Raúl había asumido la jefatura militar de Oriente en el cuartel Moncada. El comandante Almeida en el campamento militar Adolfo del Castillo, de Managua, sede del regimiento No. 8 de tanques y de un aeropuerto de la FAEC (Fuerza Aérea del Ejército de Cuba) que ahora se sustituía por la Fuerza Aérea Rebelde (FAR) que había sido creada en el Segundo Frente Oriental.
El Directorio Revolucionario 13 de marzo se posicionó en el Palacio Presidencial y lo entregó a Camilo el día 5, para el traslado hacia allí del Gobierno Revolucionario que había tomado posesión el día primero en la biblioteca de la Universidad de Oriente.
El comandante Efigenio Ameijeiras Delgado, jefe de la columna 6 del Segundo Frente Oriental, después de tomar el escuadrón 16 de Guantánamo el día 2, tras rendirse su jefe, el coronel Del Río Chaviano, -el jefe criminal del 26 de Julio de 1953 en el Moncada-, asumiría a partir del día 5, la jefatura de la nueva Policía Nacional Revolucionaria.
En Pinar del Río, el día 3, el comandante Derminio Escalona, ocupaba el regimiento No. 6 Rius Rivera. Camilo, el día 2, antes de llegar a Columbia, rinde al regimiento No. 4 Plácido, de Matanzas, que, desde enero de 1958 se había trasladado del cuartel Goicuría a la Ciudad Militar de Gelpi, y nombra al capitán del Ejército Rebelde William Gálvez, al frente de ese mando. En Camagüey, en el regimiento No. 2 Agramonte ocuparía la jefatura militar de la provincia, el comandante Hubert Matos, que posteriormente, en octubre, sería descubierto traidor.
El día primero, desde el balcón del ayuntamiento de Santiago de Cuba, Fidel le habló al pueblo de esa ciudad. Al día siguiente partiría la Caravana de la Libertad con él al frente, recorriendo el país y hablándole al pueblo en cada capital provincial y ciudad principal, incluyendo Cienfuegos, a donde se desvió de la Carretera Central para visitarla. El día 8, llegaba a La Habana, y en Columbia, que sería en lo adelante Ciudad Libertad, su discurso más largo, con palomas blancas en los hombros y la pregunta continuada al comandante de la alegre sonrisa: ¿Voy bien Camilo? Y su respuesta: ¡Vas bien, Fidel!
Ese día el pueblo de Cuba supo que “en lo adelante todo sería más difícil”. La tiranía estaba descabezada a los pies, comenzaba la verdadera revolución para acabar con cuatro siglos de coloniaje.

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