El más rico de los cines pobres


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Cartel del evento./Foto tomada de Internet

El reciente XI Festival de Cine Medioambiental de Gibara, Jibarama 2021, desarrollado de manera online, es uno de los grandes eventos cubanos que Cuba apenas conoce. La Covid-19 impuso plataformas digitales y medios de comunicación, dedicado este año al entorno natural de Gibara, corredor migratorio de aves más importante y mayor del país; los 80 años del natalicio del cineasta habanero Humberto Solás (1941–2008), su creador como Cine Pobre; los 50 del Cine Jibá; y los 45 de la Agencia de Comunicación Publicitur S.A, que trae su campaña Respira, del destino turístico Cuba.

Ya relacionado con el Festival Internacional de Cine de Lebu (Cavernas, Chile), hubo visitas virtuales al sistema cavernario Polija de Cementerio, las fotografías del proyecto comunitario Cámara Chica-Voces del Audiovisual de Gibara (niños, adolescentes y jóvenes) y la exposición Persiguiendo la luz, (fotógrafo autodidacta Joel David Pupo), del telecentro Gibaravisión, que trasmitió su gala clausura y una revista cultural informativa; entrevistaron líderes de las instituciones locales vinculadas; hubo ferias del libro en el cine, recogieron materias primas, limpiaron la playa, conferencias, proyectos en maqueta, muestras de cine experimental, videoarte y nuevas tecnologías, con el grupo LiangWare; el concurso de dibujo Yo pinto la naturaleza (niños y adolescentes de 5 a 15 años); y el de fotografía Mi mascota y yo, donde ganó Wency Rosales Rojas, al salvar un gavilán de monte; y emanó Cámara Azul, evento audiovisual en la XXVIII Romerías de Mayo en plataformas digitales, dedicado a Humberto Solás.

Solás ideó este Festival filmando allí su Miel para Oshún con Jorge Perugorría, estrenada en 2001 (marzo 24) en el cine Chaplin: Premio Ariel a película extranjera iberoamericana (México), Gran Premio Cine Independiente de Washington (Estados Unidos), Premio actor de reparto (Mario Limonta) del XII Festival de Cine Viña del Mar; Chile; en Canadá integró la selección oficial de la muestra de Toronto, y la sección oficial de largometrajes a concurso del Festival de las Américas (Montreal); España: nominada al Premio Goya película extranjera de habla hispana, y premio del público del Festival de Cine de Sevilla. En Cuba, Premio Especial del XXIII Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, e inició al cine cubano en la tecnología digital con todas sus implicaciones; rodado solo en seis semanas en diversas comunidades del país, con bajo presupuesto y mínimo equipo, solucionaba la carestía del cine y motivó a Solás a fundar y presidir estos Festivales de Cine Pobre.

En emblemáticos sitios de la encantadora villa costera de Gibara (llamada Villa Blanca), a 800 kilómetros de La Habana, Solás había filmado una de las partes de Lucía (1966). Sin hotel y pocas habitaciones privadas, al norte de la provincia Holguín, aeropuerto internacional a 45 minutos para cada filmación, cerca de la hermosa playa Guardalavaca, Solás inició del 21 al 26 de abril de 2003 el Festival de Cine Pobre, cuyo manifiesto aclara que su pobreza no es de talento ni de espíritu; admite de cualquier sociedad incluso opulenta pero los de menos recursos. Han venido de Estados Unidos, India, Alemania, Francia, Italia, Inglaterra, México, República Checa, Malasia, Brasil, España, Bolivia, Chad, Ecuador, Líbano, Macedonia del Norte, Mauritania… y temas muy variados: amor, migración, compromiso, enajenación, temas sociales o humorísticos, con tanta calidad como diversidad. El premió máximo era de 15 000 euros, en metálico o en material cinematográfico.

En 2003 sorprendió elegir esta sede; hoy sorprendería cambiarla, por la pertenencia ganada entre su pueblo y el Festival. Con tantos visitantes extranjeros conviviendo con los gibareños, Perugorría lo llama “la alfombra roja más democrática”: tradicional, apacible y cosmopolita con estos eventos, iniciaron sus “paladares” y hostales, se declaró destino turístico con alojamientos en su arquitectura colonial, nuevos hoteles y planes. Acoge obras rechazadas en otros festivales por ser polémicas, pero buenas, con el ICAIC y el Ministerio de Cultura.

Concede Premio, Premio Especial, Gran Premio, Mejor largometraje de ficción y documental, mejor cortometraje de ficción y documental, mejor animación y videoarte, mejor guion de ficción inédito largometraje, Premio Telesur, mejor obra documental, y premios de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica y de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica de Cuba; homenajes entre otros, al italiano Cesare Zavattini (2003), Humberto Solás y Tomás Gutiérrez Alea (2009), a la villa de Gibara en sus 200 años (2017); el Premio Lucía de Honor (julio de 2019) a Fernando Pérez, Daisy Granados y al portorriqueño Benicio del Toro; así como a la obra de la francesa Agnès Varda, fallecida ese marzo. Desde 2009 al morir su fundador, se llamó Festival Internacional de Cine Pobre “Humberto Solás” (de Gibara), incluyendo las otras artes.

Desde su primera edición, se inaugura con todos los invitados desfilando con miles de gibareños por Independencia, la principal calle. En 2008 (noviembre 20-23) comenzó en Cienfuegos la Muestra temática del Cine Pobre de Humberto Solás (considerada extensión del de Gibara), cuya III Muestra (2010) fue en La Habana, en estrecha coordinación con su Oficina del Historiador.

Alguno no se realizó a inicios de la segunda década por restricciones económicas y falta de consenso con las autoridades locales; evento popular anual sin fines de lucro, en el circuito de cine alternativo, en 2015 se discontinuó: ya no sería solo de “cine pobre”, aunque continuaría como alternativa que estimula a los jóvenes sin recursos a hacer cine digital, que requería premio de posproducción.

Contra la globalización que homogeniza y el comercialismo, sacaba al cine de “la era de la barbarie” a un cine “legítimo, actuante y movilizador, altamente estético y ético, humilde en su elaboración, ajeno a todo proyecto de elitismo cultural y propiciador de una interacción con las diversas comunidades”; pero ampliando su espectro a “todas las voces, todas” del audiovisual, sin las etiquetas siempre discriminatorias de “cine independiente”, “industria”, “margen”, “centro”, “tercer” y “primer mundo”, según su director entonces (2020, su cuarta participación en este Festival) el mundialmente reconocido actor y director, y artista de la plástica, Perugorría, que los gibareños pidieron (2017) para que no dejara seguir perdiendo el atractivo logrado por Solás y su familia, en quienes Gibara había visto su Cristóbal Colón que al interactuar con las artes visuales, música, teatro y danza, llenó de vida esa ciudad olvidada, detenida en el tiempo, y ahora muchos jóvenes orientales se actualizaban en arte.

El XVI Festival, en julio de 2020, enfrentó la pandemia y las dificultades económicas con su experiencia inAcción!, Muestra online de Microcine en Aislamiento, y además de los premios Lucía a cada categoría y los reconocimientos que se estimaran, el Humberto Solás para el “cine en construcción”: el largometraje de ficción o documental que “más honre el Manifiesto del Cine Pobre …” de Solás, y un premio en metálico al mejor largometraje y al mejor guion inédito.

Al proclamarse medioambiental desde una edición anterior, enfatizó esta temática (y la de género) para concientizar a conservar la ciudad y su entorno, aunque el interés básico es el cine. Entre otras acciones se premió la obra teatral Diez millones (Carlos Celdrán), Rubén Darío Salazar y los 25 años del matancero Teatro de las Estaciones; el arte visual de Carlos Garaicoa, René Francisco y Wilfredo Prieto.

Desde 2002 se refería el Festival Internacional de Cine Pobre de la Asociación Internacional de Creadores Profesionales (IAPC); hay experiencias en México, desde 2014 el Panalandia (Panamá), pero Perugorría reconoce al de SXSW (Texas, Estados Unidos), “festival de tecnología, cine y música”, como el espíritu para Gibara.

Convocaron a la XIII Convención Internacional sobre Medio Ambiente y Desarrollo, del 5 al 9 de julio próximos en La Habana. Ya en 2021 había expertos en este Festival (Sergio Benvenuto Solás, programador y asesor, en el homenaje a Humberto en sus 80 años; Juan José Pérez Pérez, etc.) y al promoverse en Facebook Luisa María Güell canta Cuando el sol.

Al ser Jibá el único cine y funcionar solo durante el Festival sin población habituada, se dificultan más proyecciones para tantos visitantes, por lo que se busca reforzar el cineclub para programar todo el año y generar un público; se restaura un teatro, con planes de la Casa del Festival, e instalar pantallas inflables en el parque con programación para niños y una sala más pequeña para cortos y documentales.


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