Jorge Fernández: “Los museos tienen que tener un pensamiento creativo”


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Desde hace más de treinta años, cuando sirvió de sede principal a las dos primeras ediciones de la Bienal de La Habana, el Museo Nacional de Bellas Artes no se insertaba en esta cita con un proyecto de la magnitud del que ahora presentan para la que habrá de desarrollarse del 12 de abril al 12 de mayo próximos.

La posibilidad infinita. Pensar la nación se titula esta propuesta que estará conformada por cinco exposiciones instaladas en las salas transitorias y el patio del Edificio de Arte Cubano; en tanto que una sexta, con obras del reconocido artista mexicano Gabriel Orozco, podrá ser apreciada en el inmueble destinado al Arte Universal.

A la construcción de una narrativa del proceso de formación de la cubanidad, a partir del diálogo que, en lo fundamental, se establecerá entre piezas pertenecientes a los fondos del MNBA, apunta esta mega exposición; la cual no es de extrañar se conciba en momentos en que la dirección de dicha institución esté en manos de Jorge Fernández Torres, quien estuvo al frente de la organización de las dos últimas Bienales, en su condición de director del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, principal auspiciador del evento.

Con él hablamos acerca de la que, sin dudas, será una de las más interesantes propuestas colaterales de la XIII Bienal de La Habana.

¿En qué medida se inserta este proyecto dentro del tema “La construcción de lo posible”, eje de la ya muy próxima edición de la Bienal?

“Realmente, la idea no fue insertarlo dentro del tema de la Bienal. Un museo no se puede forzar, tiene que generar un proyecto que esté acorde con sus funciones, con su mirada. Que nunca es exactamente la mirada de una Bienal, pues la Bienal abarca muchas más cosas.

Podía hacerse dentro o fuera de la Bienal. La Bienal también puede ser un pretexto para todo esto. Es mirarse un poco hacia adentro. Cómo un museo puede mirar sus colecciones, su trabajo y, partiendo de esas miradas, cómo un museo piensa un país, piensa una nación. Cómo el museo crea una historia, crea un relato de historia”.

¿Qué los motivó a un proyecto de esta naturaleza?

“Este es un momento interesante que está viviendo Cuba. Un momento en el que se están definiendo muchas cosas. En el que se está generando también un pensamiento. Un pensamiento que tiene que enriquecerse y mirar también hacia la historia. Lo que se ha hecho, lo que se ha creado.

Creo que ese es también el rol del museo: cómo plantear nuevas formas, nuevos derroteros, nuevas interpretaciones. Cómo mostrar un tipo de relato siendo coherente y siendo consecuente con todo lo que se ha atesorado durante años, con el trabajo de tanta gente.

Hemos llegado aquí porque ha habido una historia anterior, porque ha habido gente que se ocupó de hacer estas colecciones.

Por lo general, las personas que han dirigido el Museo en diferentes épocas han tenido también un compromiso de país, un compromiso de nación, más allá de las estructuras de gobierno, de todas las cuestiones que han tenido que enfrentar. Y pienso que después del 59 la revolución ha dado un espaldarazo grande a todo lo que se ha hecho aquí. Si alguien apoyó extraordinariamente este Museo, fue Fidel.

Los museos, como las revoluciones, tienen que estarse mirando permanentemente y ver qué es lo que realmente se puede transformar, se puede cambiar. Tienen que tener un pensamiento creativo. Tienen que saber qué es lo que se puede hacer en un momento que responde a una coyuntura específica. Y, en esa coyuntura, ver qué es lo que tú puedes hacer que implique una interrogante hacia el futuro”.

Muy a tono con el carácter interdisciplinario que conceptualmente se plantea la XIII Bienal de La Habana, este proyecto del MNBA no se restringe a las artes visuales…

“También hay cosas de la literatura, de la ciencia, de la economía. Evidentemente, cuando te metes en un proyecto como este que pone a dialogar las obras, debes lograr que ellas respiren el contexto. En qué momento se desarrolla, cómo se hicieron esas obras, cómo se pensaron.

Con este tema, no se había materializado anteriormente una exposición de la magnitud de “La posibilidad infinita. Pensar la nación”.

“Lo más importante es que se está haciendo ahora. Como decía Mella: Todo tiempo futuro tiene que ser mejor y siempre el hecho de hacer una exposición desde el hoy te permite el privilegio que no tuvieron las anteriores.

Cualquier exposición que se haga en una actualidad específica va a tener un grupo de elementos que no tuvieron las anteriores. Pero sin las anteriores, no puedes hacer esta exposición. Eso es lo más importante”.

Ud. ha estado muy vinculado directamente a ediciones anteriores de la Bienal de La Habana. ¿Cuáles son sus expectativas en relación con la que se inaugurará el próximo 12 de abril?

“La Bienal es como un organismo que tiene que estarse enriqueciendo. Tiene que estar mutando, tiene que estar cambiando. Pienso que el mérito de cualquier Bienal es pulsar ese momento. Por dónde van las preocupaciones en el arte; cómo se están diseñando, cómo se están concibiendo. Eso es fundamental.

Ahora no te puedo dar una opinión específica, ni una evaluación inicial de lo que están haciendo, pues no he estado vinculado directamente al núcleo central de la Bienal. Pienso que hay un esfuerzo grande, que hay especialistas muy competentes que llevan años, junto a gente nueva que se incorpora ahora. Jóvenes que aportan una energía importante.

Confío. Confío en lo que pueda hacer ese equipo que tiene una profesionalidad y conocimientos suficientes para no dejar que muera la Bienal”.

 

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