La marcha unitaria y liberadora desde el Partido Revolucionario Cubano


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Hace 130 años, el 6 de enero de 1892 José Martí, acompañado por una multitud de emigrados cubanos, abordaba una embarcación en el puerto de Cayo Hueso con destino a Tampa. Todos venían de participar en una fiesta patriótica de despedida al que ya reconocían como el líder del camino de unidad que se estaba forjando para alcanzar la independencia de la patria. Allí fueron leídas las Bases de lo que el día anterior se había acordado llamar Partido Revolucionario Cubano, en una amplia reunión con los presidentes de la mayoría de los clubes y las más significativas personalidades del Cayo más los delegados de Tampa.

Martí iba investido con el rango de presidente de la Comisión Recomendadora de las Bases y los Estatutos del futuro Partido, que sería la encargada de difundir ambos documentos por los demás centros de emigrados cubanos. Luego de cuatro días en Tampa, marchó de regreso a Nueva York.

Llama la atención el proceso de debate acordado en Cayo Hueso para aprobar en todas partes la nueva institución que se encargaría de impulsar la liberación nacional mediante la lucha armada. Se trataba de que esta no debía aparecer como el resultado de un grupo sino como obra colectiva de una comunidad, unida por el propósito de dar fin al colonialismo español y fundar una república soberana que abriría sus puertas a todos y para el bien de todos. El alto sentido martiano de una verdadera democracia de base popular, su sagaz y previsora comprensión del peligro que significaba la anexión a Estados Unidos, su criterio de promover una acción concertada de los pueblos latinoamericanos eran las bases del proyecto para la república por fundar, a la cual calificó como “nueva” más de una vez.

Con su habitual actividad y entusiasmo, el Maestro logró la adhesión de las principales agrupaciones de los emigrados de Tampa durante su estancia de tres días, y a pesar de enfermarse a su arribo a Nueva York, de viva voz y mediante numerosas cartas se encargó de difundir los documentos fundadores del Partido entre los diversos sectores de emigrados en la gran urbe y en otros puntos del país norteño. Cierto es que su verbo era convincente por la pasión, los sentimientos y las ideas que trasmitía, mas no puede desconocerse la novedad y elevado alcance de los documentos que dieron origen al Partido Revolucionario Cubano.

En pocas palabras, con solo nueve artículos, las Bases fijan los objetivos y el programa de la agrupación liberadora. La independencia de Cuba y el auxilio a la de Puerto Rico se fijan en el primero, mientras que el segundo establece que esta sería alcanzada mediante la lucha amada, que no sería “un movimiento mal dispuesto y discorde.” El tercero enfatiza el objetivo republicano, cuyo espíritu y métodos se harían sentir desde la contienda a fin “de asegurar la dicha durable de sus hijos” y de cumplir en el continente “los deberes difíciles que su situación geográfica le señala.” El cuarto artículo insiste en la originalidad y peculiaridad de la república, que no repetiría “el espíritu autoritario y la composición burocrática de la colonia”, sino que sería la fundación de “un pueblo nuevo y de sincera democracia”, que “por el orden del trabajo real y el equilibrio de las fuerzas sociales”, vencería “los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud.” El artículo quinto aclara que no se buscaba promover a un grupo sino negar la libertad para todos, mientras que el sexto hablaba de crear una patria “cordial y sagaz” que salvase al país de los peligros externos e internos y que abriese la vida económica a sus habitantes. El séptimo establece el cuidado de evitar “la malevolencia o suspicacia de los pueblos a los que la prudencia o el afecto aconseja o impone el mantenimiento de relaciones cordales.” El octavo resume las ideas anteriores en cinco puntos a los que llama los “propósitos concretos”, Y el final señala que el Partido se regiría por sus Estatutos secretos.

Un lenguaje rico y atractivo que entrega ideas complejas con claridad para todos hace de estas Bases el documento por el que Martí fue electo finalmente como el Delegado del Partido.


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