2019, el año del IX Congreso de la UNEAC


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Entramos en el año del IX Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Aunque el calendario de la reunión conclusiva marca las fechas del 28 al 30 de junio próximo, el Congreso se desplegará a lo largo de los próximos meses y semanas, como lo ha hecho ya desde que en junio pasado, justo en la conmemoración del aniversario 57 de las Palabras a los Intelectuales pronunciadas por Fidel, se libró la convocatoria.

Desde entonces han avanzado los preparativos con la constitución de la Comisión Organizadora nacional y en los territorios, la creación de los grupos de trabajo encargados de la elaboración de los documentos a partir de los aportes, debates y preocupaciones de los miembros, el perfilamiento de lo que debe ser el proceso eleccionario, y la definición del cronograma.

Tenemos la responsabilidad y el compromiso de hacer cumplir el mandato de la organización: propiciar en el camino hacia el IX Congreso un espacio de primerísimo orden para fortalecer el diálogo entre los creadores, las instituciones culturales y la sociedad, de manera que la política cultural de la Revolución ensanche sus cauces más fecundos en aras del fortalecimiento del tejido espiritual de la nación.

Abundan las motivaciones para ello. En los últimos meses conmemoramos el  sesquicentenario del inicio de nuestras gestas de independencia; del alzamiento de Demajagua, encabezado por Carlos Manuel de Céspedes, hasta nuestros días, la identidad entre las vanguardias política y artística e intelectuales ha sido clave en las aspiraciones populares de justicia   social.

Ahora, al inicio de 2019, arribamos a los 60 años del triunfo revolucionario de Enero. Para el nuevo liderazgo político estuvo claro siempre que las transformaciones radicales en la sociedad y la economía debían implicar inevitablemente también una revolución cultural en nuestro país. No fue fortuito que en los primeros meses de 1959, a la par de la Reforma Agraria y otras medidas imprescindibles de notable impacto en la vida de la nación, se emprendiera una obra de fundación en el campo de la cultura con la creación del Icaic, la Casa de las Américas, la Imprenta Nacional, el Teatro Nacional y la Orquesta Sinfónica.

De manera que recibimos un legado, amplificado y multiplicado en todo el país, el cual estamos en el deber de consolidar y perfeccionar en correspondencia con los tiempos actuales y las exigencias de una sociedad que no renunciará a los ideales del socialismo.

En medio del proceso hacia el IX Congreso, los escritores y artistas participaremos, junto al pueblo, en el referendo que someterá a aprobación el próximo 24 de febrero la nueva Constitución.

Cada una de las cinco asociaciones que conforman la Uneac y los Comités Provinciales trabajan arduamente para que las plenarias programadas sean un reflejo, por su poder de convocatoria, del interés de los miembros por hallar soluciones a viejos y nuevos problemas, y proyectar la  organización hacia objetivos renovados.

Al abordar la agenda que debe conducirnos a perspectivas superiores para el estímulo y la promoción de la creación artística y literaria, tendremos siempre presentes el concepto enunciado por Fidel cuando expresó: “La cultura es lo primero que hay que salvar”.


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