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Cine Cubano, o la certeza de encontrar el latido de una época


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El número 195 de la Revista Cine Cubano fue presentado por la profesora e investigadora Astrid Santana. Foto: Susana Méndez.

El número 195 de la revista Cine Cubano del ICAIC fue presentado por la profesora e investigadora Astrid Santana, en el lobby de la sala Chaplin de esta capital.

Mercy Ruiz, subdirectora de la publicación, recordó al dar la bienvenida que con este número 195 la revista Cine Cubano cumple 55 años, “lo cual la ratifica como la publicación sobre cine más antigua de Cuba y de América Latina, y la primera publicación cultural aparecida después del triunfo de la Revolución”, apuntó.

Comentó además que esta revista —espacio paradigmático de reflexión y promoción de las cinematografías internacionales, fundamentalmente de las latinoamericanas—, sin perder la continuidad de lo conquistado hasta hoy, se ha propuesto en la actual etapa de trabajo una renovación paulatina del diseño, la estructura y de algunos aspectos del contenido que los lectores podrán apreciar cuando sea presentada a finales del mes de agosto o principios de septiembre.

También informó que se está conformando un Consejo técnico asesor editorial para todas las publicaciones del sello Ediciones ICAIC y se proyecta, con el objetivo de revitalizar el pensamiento crítico acerca del cine, la realización este año del concurso La joven crítica, que convocará a las generaciones más jóvenes a competir con trabajos sobre el audiovisual en general.

A continuación Ruiz confirmó oficialmente que la publicación ya cuenta con un nuevo director: el reconocido cineasta y escritor Arturo Sotto, “que ha sido un premio para la revista y para la editorial en general”, aseguró.

La profesora Astrid Santana inició su intervención con una reflexión acerca del deber ser de una publicación periódica cultural, y significó que Cine Cubano cuenta con 55 años de sistemática representación del cauce de nuestra cultura, y que no solo ha divulgado artículos sobre cine sino también sobre momentos nodales en la historia del país.

Al adentrarse en lo que resultó un sagaz inventario y evaluación de las esencias conceptuales de cada trabajo de esta nueva entrega de Cine Cubano, caracterizada por voces jóvenes y temas de suma actualidad, describió los dos textos que abren la publicación asociados a la realizadora argentina Lucrecia Martel, quien apuesta por un cine honesto y por realizadores que hablen de lo que conocen para que no irrespeten aquello que les queda lejano; resaltó la coincidencia de este último criterio con lo expresado por Luciano Castillo quien, acerca del nuevo cine joven latinoamericano, establece en su artículo una especie de decálogo de elementos que caracterizan a producciones llamadas desdramatizadas, y catalogadas por él como “tediometrajes”, y recalca que hay cineastas jóvenes que se niegan a cultivarse en el propio arte que producen.

Señaló la presentadora que Alberto Ramos a continuación revisa esta narrativa anticonvencional  desde la obra de Michelangelo Antonioni, hasta el llamado cine contemplativo; “y he aquí uno de los mayores aciertos de la revista: la inclusión de textos que dialogan entre sí, la legitimidad dada a la producción plural de apreciación crítica desde diferentes posiciones, y los debates explícitos o tácitos que desde ella se generan”, subrayó.

De excelente consideró el análisis que realiza Hamlet Fernández del documental Taller de Línea y 18 (1971), de Nicolás Guillén Landrián, al cual llama Fernández “caso paradigmático de invención estética.

Explicó también que Joel del Río en su trabajo “Intermedialidad posmoderna y teatralización de la nostalgia”, combina un recorrido por las pautas históricas de la relación teatro-cine y lo observa en el caso cubano.

Santana abordó entonces el análisis de Marianela González acerca de “La Ley de Cine, demanda pública de los intelectuales cubanos” y que es considerada por la periodista como necesaria para que respalde, diversifique, articule y permita una más provechosa gestión de la cinematografía nacional.

Tal reflexión motivó a la profesora a afirmar que “no basta cambiar los modos tradicionales de gestión económica, si no observamos los imperativos de la nueva realidad, también dentro de una dimensión cívica que permita la administración legal de la diversidad”, acentuó.

Expresó Santana que un lugar singular lo ocupa en la revista el acceso a las nuevas tecnologías  que en el texto “El consumo de contenidos en la era digital: una aproximación desde La Habana”, de Álvaro Pérez Abrahantes, se destaca “el brutal cambio de filosofía” entre la época de la familia reunida frente al televisor esperando el programa que “vendría” hasta el individuo actual conectado indefinidamente al espacio donde escoge entre mucho qué consumir.

Destacó cómo el autor se refiere al “paquete semanal” y cómo este ha convenido a los fines propagandísticos del sector privado en Cuba; “la banda ancha y la alta conectividad rebajarían la importancia que el paquete tiene hoy, con la ventaja de que ahora alguien decide por mí mientras que frente a la conectividad abierta cada individuo puede agenciar su propio consumo”, dijo la investigadora.

Dean Luis Reyes, agregó, explora con exhaustividad el fenómeno de las series de televisión estadounidenses y va desde los vínculos de la serialidad televisiva con el folletín, el comic, la radionovela, hasta los modos de producción y recepción de los casos de mayor independencia creativa.

Expuso asimismo las sesiones “Otra cinefilia” y “De película”, las cuales contienen textos de  Alberto Ramos, Reynaldo Lastre Labrada, Jacqueline Venet y Joaquín García Orbea sobre cine producido en lo que va del presente siglo.

Mención aparte merecieron los escritos “Para llegar a Venecia”, de Arturo Arango; “Golpeando la pared de las verdades”, de Norge Espinosa Mendoza; y “Vestir de novia a un cuerpo diferente”, de Lázaro J. González, referidos respectivamente a las recientes cintas cubanas Venecia, de Kiki Alvarez, La pared de las palabras, de Fernando Pérez, Premio Nacional de Cine, y Vestido de Novia, de Marilyn Solaya.

Completan el número 195 de Cine Cubano los artículos “Feijóo y el cine”, de Raydel Araoz; “Bailando con Margot o el último danzón en La Habana”, de Antonio E. González Rojas y  “Notas a propósito de la tarde en que vi al Tigre de Bengala”, de Ahmel Echevarría, así como  “Yo me considero un hombre de cine”, entrevista a Sergio Vitier realizada por Frank Padrón.

Hacia el final de su intervención, Santana declaró: “Una revista debe construir la posibilidad del agenciamiento de la cultura desde sus textos; creo que es este un número que reporta muy bien la manera en que hoy pensamos la crítica, la teoría, la realización y la industria cinematográficas, y al que volverán los investigadores con la certeza de obtener el latido de una época”.


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