DÁNDOLE A LA LENGUA (XXIX)


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Se califican de homógrafas las voces que se escriben de igual modo, pero tienen diferentes significados.  Lo cual sucede en todos los idiomas. Tome usted por caso la voz inglesa nail, que puede significar lo mismo “clavo” que “uña”.

 ¿Me pedía usted, amigo, un ejemplo al respecto, en el castellano? Pues a continuación lo tiene a mano.

 Ahí tenemos la voz “alumbrar”, para la cual se recogen unas ocho acepciones.

 Porque “alumbrar” consiste en dar luz o claridad.

 O dar a luz la gestante.

 O sacar a alguien de la ignorancia y el error.

 Y, hasta en algunos países hablantes del castellano, alumbrarse es lo mismo que entre nosotros chuparle el rabo a la jutía, o sea, embriagarse con alcohol. 

¿Qué cubano no ha recibido el servicio –y el maltrato corporal-- de una guagua? Ah, pero –y miren ustedes lo que son los homófonos-- en zonas de Sudamérica guagua designa al niño pequeñito, al bebé.

Y ahora trataré de no meterme en líos con la decencia periodística. Sólo terminaré recordando que, entre nosotros, hay una muy grosera voz, que comienza con p y nombra al órgano sexual masculino.  Bueno, pues así… ¡llaman los brasileños al aguardiente!

(1) Su libro El habla popular cubana de hoy recibió el Premio de la Crítica.

 


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