Mario Carreño: precursor del arte concreto en Cuba (I)


mario-carreno-precursor-del-arte-concreto-en-cuba-i

En las palabras al catálogo de la exposición efectuada en París (1939) por el pintor cubano Mario Carreño (La Habana, 1913-Santiago de Chile, 1999), el reconocido crítico galo de arte Andre Laprade expresó: “No es un imitador que medra con las ganancias ajenas, sino un auténtico  temperamento de artista”. Tal sentencia define toda la creación pictórica de este maestro, quien igualmente fue uno de los precursores del arte concreto en la isla.

Para comprender claramente dicha corriente, debemos de remontarnos al manifiesto que sobre el arte concreto legó Theo Van Doesburg (Utrecht, 30 de agosto de 1883-Davos, 7 de marzo de 1931), que lo definió como el interés por la visualidad más que por el discurso sustentado en significados, formas y figuraciones. El pintor, teórico y arquitecto neerlandés, lo llamó  “pintura concreta y no abstracta porque –según él– no hay nada más concreto, más real, que una línea, un color, una superficie: la pintura es un medio de realizar ópticamente el pensamiento”. Y sobre esa sentencia nuestro Carreño, atento a las novedosas corrientes del arte de su tiempo, incursionó en el arte concreto, esencialmente sustentado en dos elementos: la horizontalidad de las líneas y las franjas de color.

Hombre culto y conocedor de los movimientos artísticos de su tiempo, Carreño dominaba lo concreto dentro de otras tendencias del arte a mediados de la pasada centuria, corriente que  igualmente trascendió en la estética arquitectónica de Bauhaus, así como en las composiciones musicales de John Cage y en la lírica de los poetas concretos de Brasil, entre ellos Haroldo y Augusto de Campos, y Pignantari. 

Aunque el arte concreto llegó a Cuba a través de la obra del pintor Sandú Darie (Román, Rumania, 1908-La Habana, 1991), no puede hablarse del inicio del arte concreto en la isla sin tener en cuenta el rol desempeñado por el propio Darié en la motivación de otros grandes artistas de la vanguardia por el abstraccionismo, entre ellos Mario Carreño, uno de los principales promotores de esta idea estética junto con Luis Martínez Pedro, Wifredo Arcay y Rafael Soriano, este último con algunos cuadros representativos.

Sin embargo Carreño no integró el afamado grupo denominado Diez pintores concretos (1958 hasta 1961), cuyos miembros originales fueron Pedro Carmelo Álvarez López, Wifredo Arcay Ochandarena, Salvador Zacarías Corratgé Ferrera, Sandú Darié Laver, Luis Darío Martínez Pedro, José María Mijares Fernández, Pedro de Oráa Carratalá, Dolores Soldevilla Nieto, Rafael Soriano López y José Ángel Rosabal Fajardo. 

A propósito de su exposición en el Lyceum de La Habana (1950) titulada Estructuras transformables, Darié subrayó: “Llevar más lejos el sentido de la plasticidad en su más estricto y específico significado, queriendo sugerir la belleza como filosofía, desarrollando una nueva sensibilidad, la fresca emoción del sentimiento temporo-espacial del hombre”.

El crítico Gerardo Muñoz asegura que el nuevo grupo concreto cubano no solo tuvo un gran éxito en su proyecto de renovación visual, sino que consiguió –como los concretistas brasileños– forjar colaboraciones con poetas y otros artistas de la esfera artística del momento. Según un artículo sobre Sandu Darié, fue Lezama Lima quien abrió la exposición de 1957 en la Galería Luz de La Habana.

Entretanto, en esa misma década surgía el Grupo de los Once pintores abstractos, el cual puso su mirada hacia las novedosas tendencias del arte, sobre todo en Europa, con Francia a la cabeza, y Estados Unidos, aunque centraron su preferencia hacia lo que se estaba gestando en este último, particularmente en Nueva York y Chicago, donde bebieron de las fuentes de los más conocidos artífices de esa época.

Durante los años 50 en Estados Unidos se produce una fuerte eclosión en casi todos los órdenes de la sociedad, el arte y la cultura, principalmente motivada por los adelantos tecnológicos de la época. En tal sentido, junto a los cambios experimentados en una nueva arquitectura que transformó sorpresivamente el paisaje urbano, las experimentaciones en las artes plásticas igualmente propiciaron significativas transmutaciones que posteriormente dieron paso a diversas corrientes. Vale recordar que en 1952 surge el proyecto de varios artífices con diferentes tendencias, titulado Black Mountain School, donde se incorporan figuras de la talla de Joseph Albers y John Cage, precursores de una nueva vanguardia artística en los Estados Unidos. Unos años después, en 1958, se dieron a conocer los primeros Happenings de Alan Kaprow, en tanto trascendían, entre galeristas y coleccionistas de todo el mundo los impresionantes cuadros realizados a partir de 1951 mediante el Action Painting, por Harold Rosenberg.

En esa misma década, cuando el expresionismo abstracto era ya una corriente definida y seguida por cientos de reconocidos creadores en Estados Unidos y Europa, también nació el Color Field Painting (1951), de Clement Greenberg, mientras que el afamado Robert Rauschenberg comenzaba su reacción en contra de esta idea estética con sus argumentadas defensas a favor del nuevo realismo, el cual tendría su esplendor en la siguiente década.

El propio Raúl Martínez, en una entrevista publicada en la revista Revolución y Cultura (Número 1/99, página 31), bajo el título de Los Once, apuntó: “El grupo Los Once trabajaba fundamentalmente en la búsqueda de valores expresivos iniciada ya por un grupo de pintores americanos. Considerábamos que aquel movimiento abstracto (conocido como informalista), en el que se destacaban Pollock, Kline, DeKooming y Tobey eran maestros a seguir y no aquellos del apagado continente europeo”.

Por su parte, en las nuevas experimentaciones del arte, Francia quiso igualmente asumir su propio rol, empresa en la que sobresalieron las pinturas de Mathieu, Bissiere o Soulages, así como el denominado arte bruto, que ganó muchos adeptos en todo el mundo, y sobre el cual se hizo público el célebre manifiesto de Michel Tapie, titulado Un Arte Otro.

Ante tales acontecimientos fundamentalmente ocurridos en las dos importantes mecas del arte internacional: Nueva York y París, los creadores cubanos establecieron su propia escuela, en la que Mario Carreño y Carmen Herrera, inician el arte concreto cubano, seguidos inicialmente por Sandú Darié, Luis Martínez Pedro, Salvador Corratgé y Loló Soldevilla, quien fue promotora del grupo Diez Pintores Concretos, dado a conocer, como ya apuntamos, a finales de los años 50 del pasado siglo.


0 comentarios

Deje un comentario



v5.1 ©2019
Desarrollado por Cubarte