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Pablo a la vanguardia de su tiempo


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Pablo de la Torriente Brau

En el pasado mes de diciembre se cumplieron ochenta años de la desaparición física de Pablo de la Torriente Brau. Ocurrió ese triste hecho, en 1936. Después, en 1937, le fue premiado post mortem, su artículo Guajiros en Nueva York, en el Justo de Lara, un concurso que él deseaba alcanzar y que Villena también había obtenido.

Muchos homenajes a Pablo, se han realizado en los últimos tiempos, incentivados por el Centro Cultural que lleva su nombre y que dirige, Víctor Cassaus.

Una tarde, tuve la oportunidad de hablar en casa de un amigo con varios estudiantes, condiscípulos de su nieto.

Algunos de ellos, creían que Pablo había nacido en Cuba. Les conté, que había nacido en Puerto Rico, allá por el año 1901, en la capital, en San Juan, pero vivió y creció en Cuba. Fue un buen periodista y un narrador muy original y se vinculó a la batalla que libró nuestro pueblo contra el régimen de Machado en aquellos años de la década del 30 del siglo pasado.

Por todo ello, Pablo nos pertenece, es un hombre imposible de olvidar y aunque pase el tiempo, seguirá latiendo en nuestra gloriosa historia.

Los luchadores de esta dramática época, fueron muy martianos. Algún día les comentaré, sobre Trejo, Guiteras, Julio Antonio Mella y Villena, que por cierto, fue buen amigo de Pablo. Tan martianos eran que se hicieron antimperialistas y se empeñaron en defender la causa de los más humildes, de los más maltratados, en fin, querían que “Cuba fuera libre”.

Por esa idea, entregaron sus vidas en plena juventud.

Según cuentan los que lo conocieron, era Pablo un hombre de fuerte complexión, de buena salud y gustaba de hacer ejercicios, a diferencia de Rubén Martínez Villena, su hermano de luchas, que padeció de una tuberculosis que minó su cuerpo, hasta los últimos tiempos de su vida revolucionaria.

Creí que era interesante que estos muchachos, supieran que el abuelo de Pablo de la Torriente, llamado Don Salvador Brau, era un distinguido sociólogo, periodista e historiador boricua, que al conocer que los padres de Pablo decidieron trasladarse a Cuba para asentarse en nuestra Isla, le entregó al nieto, el libro La Edad de Oro, con la dedicatoria: “Tú serás cubano, inspírate en la obra de Martí”.

Don Salvador, era el padre de Graciela, la madre de Pablo, que se había casado con el eminente profesor Don Félix de la Torriente, oriundo de Santander, España. De esta unión, nacieron cinco hijos: Pablo, el mayor y dos hermanas que vieron la luz en Puerto Rico y las otras dos, en Cuba.

Como ven, una vez más, Cuba y Puerto Rico, dos Islas unidas por el amor y la historia.

Pablo se inserta en Cuba de manera total, estudia, ejerce el periodismo, escribe incansablemente, se hace un buen narrador y no quedó como un simple testigo, fue un fiel protagonista de la época que le tocó vivir. Estuvo en la vanguardia de su tiempo.

Pensé que quizás los jóvenes estaban algo cansados de la plática, pero me equivoqué. Estaban tan interesados, que hasta un muchacho que quería ser escritor me preguntó si tenía algo de Pablo para poder leer y le prometí prestarle los Cuentos Completos, una valiosa Antología con la que comenzó el Centro Pablo a publicar ordenadamente la obra del llamado por muchos: “Cronista de su época”. Los especialistas consideran que fue Pablo, el creador en Cuba de lo que llamamos el género Testimonio.

Otro amigo de Pablo y que ha escrito y hablado mucho de él, fue Raúl Roa, quien a principios de la Revolución era nuestro Canciller de la Dignidad. De él también podríamos hablar, quizás más adelante.

Cuando la huelga de hambre de Mella, en presidio, hizo esfuerzos Pablo por la excarcelación del valiente revolucionario. Sufrió mucho cuando supo del asesinato de este en México. Tiempo después, Roa lo invitó a una manifestación estudiantil en la Universidad de La Habana, que terminó en fuerte refriega con la policía. Fue un 30 de septiembre del año 1930. Los jóvenes dispuestos a defender su derecho a expresarse sobre los abusos contra nuestro pueblo, fueron abatidos por los gendarmes al servicio del tirano. Ese día mataron a Trejo. A Pablo, lo hirieron. Pertenecía al Ala Izquierda Estudiantil.

Aquella manifestación, fue el primer bautizo de fuego para el joven revolucionario. Vinieron otras, después la cárcel y el exilio.

Es interesante que ustedes conozcan que, a través de sus escritos, tenemos una fuente histórica fidedigna de aquellos años de la seudo-República. Basta recordar lo escrito por él, cuando desde el Presidio Modelo, en la Isla de Pinos, describe en una suerte de diario, los 105 días que estuvo preso en aquella cárcel, donde también da fe de lo que se puede considerar las memorias de los 500 asesinatos. En el caso de “Realengo 18”, nos deja un magnífico testimonio, cuando enterado de la persecución de los campesinos y la amenaza de echarlos de sus tierras, llegó hasta allí a demostrarles su solidaridad y como buen periodista, denunciar en el periódico Ahora, tal ignominia.

Pero Pablo, no solo escribió estos testimonios, crónicas y cuentos, también escribió cartas, las llamadas Cartas Cruzadas, un ensayo y hasta una novela: Aventuras del Soldado desconocido cubano.

Siempre expresó la verdad de los hechos con una audacia revolucionaria impresionante. Denunciaba todas las injusticias que se cometían contra los estudiantes, obreros y campesinos. Muchas amenazas caían sobre su cabeza.

Creí fundamental explicarles a aquellos estudiantes, la importancia de la participación de los jóvenes en los hechos relevantes de nuestra historia.

Martí decía:

“La juventud ha de ir a lo que nace, a crear, a levantar a los pueblos vírgenes, y no estarce pegada a las faldas de la ciudad como niñotes que no quieren dejarle a la madre el seno”.

Con esa enseñanza se levantaban los patriotas martianos que, con la fuerza de las ideas, se hicieron revolucionarios.

No temían a nada, solo querían ver a la Patria soberana, absolutamente libre. Se había luchado mucho contra el coloniaje español y ahora no podíamos permitir que el vecino del Norte nos pusiera los grilletes. Martí había vivido en el monstruo y le conocía las entrañas.

La lucha fue muy difícil en aquellos años de grandes sacrificios. Muchos jóvenes revolucionarios fueron asesinados sin ver realizados sus sagrados anhelos.

Pablo, llevaba en sí, aquel precepto martiano de “Patria es Humanidad”, y un día, ya en el exilio, decidió ir a defender a los españoles que luchaban contra el fascismo, en su histórica Guerra Civil. Allí en 1936, ofrendó su vida en Majadahonda, por la defensa de Madrid. Había realizado en el campo de batalla faenas de periodista, maestro y soldado.

Como ustedes pueden observar, Pablo de la Torriente, murió a los 35 años de edad y en plena madurez intelectual.

Miguel Hernández, el poeta de Orihuela, que también sufrió y murió muy joven, conoció al cubano en la guerra. Conmovido por su muerte, escribe para él, una oda de la cual extraigo sus últimos versos:

Ante Pablo los días se abstienen ya y no andan

no temáis que se extinga su sangre sin objeto,

porque éste es de los muertos que crecen y se agrandan

aunque el tiempo desgaste su gigante esqueleto.

 

Todos aquellos estudiantes quisieron escuchar la oda completa y los vi conmoverse, sobre todo, cuando leía aquellos versos:

Pablo de la Torriente

has quedado en España

y en mi alma caído:

nunca se pondrá el sol sobre tu frente

heredará tu altura la montaña

y tu valor el toro del bramido.

 

De una forma vestida de preclara

has perdido las plumas y los besos,

con el sol español puesto en la cara

y el de Cuba en los huesos.

 

Yo creo, que todos pensamos en Fidel, que hizo verdadera justicia al hacer realidad los anhelos de Martí, esos sueños que animaron a aquellos patriotas de la República mediatizada y a todos los héroes y heroínas que, a lo largo de los tiempos, lucharon u ofrendaron sus vidas por la causa de la Libertad.

La historia, como ven, no se detuvo, porque cada muerto es una raíz y cada vivo un peleador, así nos enseñaron.

Uno de los estudiantes, exclamó: - Ahora entiendo con mayor claridad, esta otra idea de Martí: “El agradecimiento a los patricios virtuosos es la semilla más fecunda de la república”.


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