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Recorrido de la voz "folklore" en el español


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El arqueólogo británico William John Thoms (1803-1885) fue un gran anticuario que, desde muy joven, se interesó por estudiar la vida de la antigüedad y se dedicó desde temprano a las publicaciones, ya como escritor, como compilador de diferentes materiales, como editor. En varios de sus escritos utilizó el seudónimo de “Ambrose Merton”, con el cual fue muy conocido en su época.

En cierto momento, el 12 de agosto de 1846, escribió una carta a la entonces prestigiosa revista londinense The Athenaeum (El Ateneo) en la cual utilizó por vez primera el vocablo folklore, el cual construyó con el étimo inglés folk, que significa ‘pueblo, nación, raza, gente’, y un vocablo inglés anticuado, lore, el cual quiere decir ‘doctrina, sabiduría, saber’. La carta fue publicada por The Athenaeum el día 22 del mismo mes y año. En ese momento apareció por primera vez el vocablo para conocimiento del gran público, y se le concedió la acepción de: ‘Tradiciones, creencias, costumbres, manifestaciones artísticas, etcétera, de los pueblos como entidades o agrupaciones étnicas’.

Aunque en los primeros tiempos el folklore (al cual antes se le denominaba “antigüedades”) estuvo limitado al estudio de las supersticiones de las gentes incultas de los países civilizados, así como también a sus tradiciones y costumbres, más adelante fue desarrollando otros estudios más amplios, al comprender, además, las artes y los oficios populares.

No fue hasta 1878 que el término tuvo un reconocimiento oficial, cuando se fundó The Folklore Society, que esta definió al folklore, también, como la ‘ciencia de las tradiciones’.

Actualmente y desde hace años, el folklore ha tenido un importante desarrollo en el mundo por las diferentes modalidades que estudia y por la importancia que ha venido adquiriendo para la explicación de la diversidad de manifestaciones artísticas, de la cultura, de la ideología, de las creencias, y de la psicología de los pueblos.

En Europa, por tal razón, desde hace varios años se han venido abriendo museos folklóricos, como los de Estocolmo, Helsinki, Berlín, Viena... Además, han sido inauguradas —después de The Folklore Society, de Londres, en 1878— otras sociedades para los estudios folklóricos, como las de Alemania, la de Basilea —en Suiza—, y las de Austria, Francia, Finlandia... Publicaciones dedicadas a temas folklóricos existen también desde hace varios años en Gran Bretaña, Alemania, Francia, Austria, Italia, Finlandia...

La palabra folklore ha sido aceptada universalmente. En nuestro idioma español se estrenó de manera oficial en el Diccionario de la Lengua Española, en su XV edición, de 1925.

En 2001, en su XXII edición, el diccionario académico definió la voz inglesa folklore como: ‘Conjunto de creencias, costumbres, etcétera; tradiciones de un pueblo’ y también es ‘ciencia que estudia estas materias’.

El término folklore entró a formar parte del vocabulario español, de manera oficial, cuando en la décimo quinta edición, de 1925, del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) fue incluido, así con la letra ka, al igual que los términos folklórico, ca y folklorista, ambos con ka.

Veamos cómo aparecieron entonces estas definiciones: folklore: Sustantivo masculino. ‘Ciencia que estudia las manifestaciones colectivas producidas entre el pueblo en la esfera de las artes, costumbres, creencias, etc.’; folklórico, ca: Adjetivo. ‘Perteneciente al folklore’; folklorista: Sustantivo masculino y femenino. ‘Persona versada en el folklore’.

Ya en la edición XIX del diccionario académico, de 1956, aparecen en el registro de folklore dos acepciones, pues se le dio entrada al conjunto de estas manifestaciones, por una parte, y, por otra, a lo que propiamente es el estudio versado en ellas. Así: 1. ‘Conjunto de las tradiciones, creencias y costumbres de las clases populares’. 2. ‘Ciencia que estudia estas materias’.

En la edición XX del DRAE, de 1970, se incluyen los vocablos folclore, folclórico y folclorista con ce, junto a sus iguales escritos con ka; además, fue en esa misma edición de 1970 del DRAE cuando se le dio entrada a folclor y folklor, con ce y con ka, pero con esta grafía (eliminada la e final), que se ajusta más a la forma en que la mayoría hispanohablante pronuncia esta palabra, a semejanza de la pronunciación inglesa, aunque, como ya vimos, se mantenían las formas terminadas con e y escritas, indistintamente, con ce y con ka: folclore, folklore.

Fue en la edición XXI del DRAE, de 1984, que se eliminaron de la lista oficial de voces españolas todas las formas antes dichas escritas con ka. Tampoco en la edición de 1992 del DRAE aparecen consignadas estas palabras con la grafía con ka, lo cual se ha mantenido de igual forma en la edición del 2001. De ahí que entonces, escribir cualquiera de ellas con ka, era una obsolescencia.

Mas, en las ediciones de 1984, 1992 y 2001 del DRAE fueron mantenidos en ellas los términos folclor y folclore, ya dije que solo escritos con ce, el uno sin la e final, y el otro, con ella. Pero, en la edición del DRAE de 1992, se prefirió la primera, folclor, voz terminada en erre, y creo que esa preferencia fue muy atinada; sin embargo, para la penúltima edición del DRAE (2001), la docta corporación matritense cambió de parecer, y entonces le dio preferencia a la forma terminada con e: folclore. En mi modesta opinión, esto fue un paso atrás.

Ahora bien, el Diccionario panhispánico de dudas, editado por la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua, en 2005, echó abajo todo lo que se había dicho hasta ese momento, pues expresa: “Son también válidas las formas que conservan la k etimológica [...]”, y después agrega: “[...] folklor, folklore, folklórico y folklorista”.

En 1995, cuando se publicó el libro de Argelio Santiesteban Uno y el mismo, que realmente es un magnífico diccionario folklórico cubano, en un suelto aparecido en él, en la página 324, que tituló “Folklore se escribe con k”, dice: “[...] permítaseme a mí abogar por la grafía que para folklore se ha observado en las páginas precedentes [...]”, como Santiesteban mantuvo en todo el libro, “[...] salvo citas de autores cuya soberanísima voluntad respetamos”.

Más adelante expresa el autor de Uno y el mismo:

Desde hace un tiempo algunos votan por las variantes folclor y folclore. Su derecho tienen. Pero si son consecuentes con las formas castellanizadas, ¿por qué escriben ballet y no balé?

Todo se explica porque, tras un académico bostezo, la institución matritense tuvo a bien pronunciarse en un caso, mas calló amodorrada en el otro.

Razón tenía Santiesteban, quien avizoró desde su libro de 1995, que diez años más tarde se echaría abajo el dictamen académico de 1984.

En la última edición, la XXIII, del diccionario académico, de 2014, ya aparecen de nuevo las voces folklore y folklorista, que remiten a folclor y folclorista, y en folklor aparece una remisión a folklore, donde está definida la voz (que continúa con dos acepciones), y tienen estos significados con una muy ligera variación: 1. ‘Conjunto de costumbres, creencias, artesanías, canciones, y otras cosas semejantes de carácter tradicional y popular’. 2. ‘Estudio del folklore’.

En 1928 se celebró en Praga, entonces capital de la República de Checoslovaquia, el primer Congreso Internacional de Folkloristas.

Más adelante, en 1960 y desde entonces, el día 22 de agosto de cada año ha sido declarado como “Día Mundial del Folklore”, en honor al día en que se publicó por primera vez la palabra folklore, creada por William John Thoms (Ambrose Merton).


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